viernes, 4 de septiembre de 2009

El Uso de las Lenguas y de la Interpretación de Lenguas en la Iglesia del Señor


Por David K. Bernard.
Capítulo 12 del libro "Los Dones Espirituales"

Los tres dones del hablar son “profecía… diversos géneros de lenguas… [e] interpretación de lenguas” (1. Corintios 12:10). Por medio de estos dones, Dios unge a su pueblo para comunicar pensamientos de su mente a la Iglesia. Los que son usados en estos dones hablan a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1. Corintios 14:3).


Lenguas

La palabra griega para “lengua” en los capítulos 12 al 14 en 1. Corintios es glossa. Se refiere primeramente al órgano del cuerpo y después por extensión a alguna lengua hablada. Este pasaje usa claramente la palabra en el último sentido, como vemos en los siguientes ejemplos: “Pero el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios… el que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica” (1. Corintios 14:2, 4). El que habla no conoce la lengua que está hablando: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto” (1. Corintios 14:14). A menos que esté presente un extranjero o persona bilingüe, nadie entenderá el mensaje: “pues nadie le entiende” (1. Corintios 14:2).

Debemos notar que hay “diversos géneros de lenguas” (1. Corintios 12:10). Puede ser que una persona hable en un idioma mientras otra persona habla en un idioma diferente. La misma persona también puede hablar en más de un idioma. La lengua puede ser una que se habla en el mundo hoy o una que ya no existe. Presumiblemente, también puede ser una lengua única creada especialmente por Dios para un solo individuo. 1. Corintios 13:1 se refiere a “lenguas humanas y angélicas”, lo que implica que alguien podría hablar en una lengua angélica. Los ángeles son seres espirituales, y no sabemos como se comunican el uno con el otro, pero quizás hay una lengua celestial que podemos imitar o aproximar en el hablar humano.

He observado a gente hablar en lenguas en diversos lugares del mundo -en África, Asia, Australia, Europa y Latinoamérica, tanto como en los Estados Unidos de Norteamérica- y en todo género de lengua, y en toda cultura el fenómeno es lo mismo. He escuchado a gente cantar en lenguas y eso es invariablemente algo hermoso. A veces se presta una melodía; a veces se crea una nueva melodía. Quizá las lenguas más inusuales que yo he oído fueron en primer lugar una lengua melodiosa y tonal que parecía una lengua oriental y fue hablada por un varón en Jackson, Mississippi, y un lenguaje sibilante y gutural que parecía una lengua de los indios de Norteamérica y que fue hablada por un hombre en la ciudad de Houston, Texas.

En un campamento de oración cerca de Inchón, Corea, en el año 1972, escuché a un ministro metodista coreano quien estuvo sentado a mi lado, hablar en lenguas al recibir el Espíritu Santo. Él repitió rápidamente en el idioma inglés, con perfecta dicción y con ningún acento discernible, “Jesús viene muy pronto. Jesús viene muy pronto”. Después de esto le pregunté si él hablaba algo de inglés, pero no hablaba nada de inglés. No había entendido nada de lo que había dicho. Él estuvo hablando en lenguas en el idioma inglés.

Podemos definir el don de lenguas como el don sobrenatural de hablar en una o más lenguas desconocidas por la persona que habla. Podemos identificar tres usos de lenguas en la iglesia neotestamentaria: como la señal inicial del bautismo del Espíritu Santo, en devociones personales, y como algo dicho en público que debe ser interpretado. El proceso tanto físico como espiritual es el mismo en cada caso, pero el propósito y el efecto son diferentes, como la siguiente discusión bíblica lo mostrará.


Señal Inicial del Bautismo del Espíritu Santo

Primeramente, el hablar en lenguas es la señal inicial que acompaña al bautismo del Espíritu Santo. Unos ejemplos clásicos son los creyentes judíos en el día de Pentecostés, el hogar de Cornelio y los discípulos de Juan en Éfeso. (Véase Hechos 2:1-4; 10:44-48; 19:1-6).

El día de Pentecostés ilustra que mientras las lenguas son desconocidas al que habla, es posible que una persona presente tenga conocimiento natural humano de la lengua y así comprenda lo que se ha dicho. (Véase Hechos 2:5-11). Para ver más discusión acerca del primer uso de las lenguas, tanto como la naturaleza de las lenguas en general, véase el capítulo 9 de El Nuevo Nacimiento por David Bernard.

Hablando estrictamente, no debemos usar el término “don de lenguas” para ese primer uso; más bien es una señal que acompaña el “don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). El don del Espíritu Santo es para todos los que creen (Juan 7:38-39, Hechos 2:38-39, 11:15-17). Por contraste, no todos ejercerán el don de lenguas para la edificación del cuerpo (1. Corintios 12:4-10, 30).

Tal como Dios concede a los creyentes sabiduría, ciencia y fe, así el hablar en lenguas es para todos los creyentes. (Véase Marcos 16:17). Sin embargo, en cada caso hay un don espiritual que se extiende más allá de la experiencia diaria de todos los cristianos que es usado para los momentos especiales de necesidad o beneficio: la palabra de sabiduría, la palabra de ciencia, el don de fe y el don de lenguas.

Algunas personas niegan el rol comprobatorio de lenguas y también niegan que todos deban orar para recibir el bautismo del Espíritu Santo con esta señal acompañante. Generalmente ellos citan las declaraciones en los capítulos 12 al 14 de 1. Corintios, que indica que no todos hablan en lenguas o que el hablar en lenguas debe ser controlado de ciertas maneras. Sin embargo, una comparación entre los Hechos y 1. Corintios, rápidamente nos revela que aquellas personas están confundiendo los usos de las lenguas.

El libro de 1. Corintios fue escrito a creyentes llenos del Espíritu Santo; todos habían sido bautizados por el Espíritu Santo y todos habían hablado en lenguas por lo menos una vez. (Véase 1. Corintios 6:11, 19; 12:13). Obviamente ellos comprendieron esta carta de Pablo desde aquella perspectiva. Él no les enseñó que alguno de ellos nunca hablaría en lenguas, pero explicó que no todos ejercerían públicamente el don de lenguas en la vida de la congregación. También enseñó que cuando ejercieran públicamente el don de lenguas, deberían seguir ciertas pautas.

En el día de Pentecostés, ciento veinte creyentes hablaron en lenguas a la vez, cuando recibieron el bautismo del Espíritu Santo. (Véase Hechos 1:15; 2:1-4). También en el capítulo 10 de los Hechos, todos en la casa de Cornelio hablaron en lenguas juntamente, y en el capítulo 19 de los Hechos, doce discípulos en Éfeso hablaron en lenguas juntamente. Sin embargo, 1. Corintios 14:27 dice que en un culto público de adoración los creyentes deben de hablar en lenguas por turno a la congregación, y solamente dos o tres personas deberían dar tales mensajes. En los relatos de los Hechos, nadie interpretaba las lenguas ni trataban de hacerlo. Sin embargo, de acuerdo al libro de 1. Corintios, si alguien habla en lenguas en un culto, debe orar por la interpretación, y si no hay interpretación debe callarse (1. Corintios 14:13, 28).

Este contraste, nos obliga a llegar a una de dos conclusiones: o la iglesia apostólica no seguía las instrucciones inspiradas del apóstol Pablo en relación al uso de las lenguas, o el uso de lenguas en el libro de los Hechos es diferente al uso de las lenguas en el libro de 1. Corintios. La primera alternativa no es aceptable porque socavaría la unidad de la iglesia, y la inspiración y la autoridad de las Escrituras. Claramente entonces, el libro de los Hechos y el libro de 1. Corintios tratan de dos situaciones distintas. Los Hechos, registra el rol de las lenguas en la conversión de individuos, mientras 1. Corintios provee pautas para el uso continuo de las lenguas en reuniones públicas.


Devoción Personal

El segundo uso de las lenguas es en devoción personal para edificación privada. Varias veces en el capítulo 14 de 1. Corintios, se hace referencia a este uso de las lenguas y se anima a su uso:

· “El que habla en lengua extraña, a sí mismo se edifica… así que quisiera que todos vosotros hablaseis en lenguas” (1. Corintios 14:4-5). La Biblia anima a todos los creyentes a hablar en lenguas, declarando que esta práctica beneficia y bendice al individuo.

· “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto. ¿Qué pues? Oraré con el espíritu, pero oraré también con el entendimiento; cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento” (1. Corintios 14:4-5). Es bueno orar y cantar en lenguas y también es bueno orar y cantar en el idioma conocido.

· “Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros” (1. Corintios 14:18). Pablo creía que el uso devocional de las lenguas era de gran valor para él personalmente. Al inspirar esta evaluación como parte de las Escrituras, Dios ha animado que todos los cristianos deban hablar en lenguas en sus devociones.

Estas referencias indican que es deseable que cada persona que ha recibido el Espíritu Santo, continúe en el uso de las lenguas toda su vida. El significado de 1. Corintios 12:3 acerca de que no todos hablarán en lenguas, parece pertenecer al tercer uso de las lenguas del cual hablaremos próximamente, es decir el hablar los mensajes públicos que deben ser interpretados. En práctica, casi todos los que han recibido el Espíritu Santo con la señal inicial de hablar en lenguas siguen hablando en lenguas frecuentemente como parte de su oración, mientras otros solamente hablan en lenguas en ocasiones especiales de renovación y de gran unción.

Algunos no continúan hablando en lenguas, aunque sí continúan sirviendo a Dios. En muchos casos ellos recibieron el Espíritu Santo cuando eran niños, y aunque vivir en el Espíritu es una realidad diaria para ellos, la experiencia actual del hablar en lenguas ha llegado a ser algo remoto. Generalmente, si a una persona que ha recibido el Espíritu Santo se le anima a buscar el uso de las lenguas en su devoción diaria, a confiar y creer en recibir esta experiencia continua, aquella persona hablará en lenguas otra vez.

Yo recibí el Espíritu Santo cuando tenía siete años de edad, pero no volví a hablar en lenguas hasta que ya era un joven adulto. Como estudiante en la universidad, examiné mis creencias personales y mi experiencia con Dios, y comencé a buscar la voluntad de Dios en este asunto. Oraba a menudo que Dios me concediese la libertad de hablar en lenguas en devoción privada, porque creía que era su voluntad que todos los creyentes recibiesen esa bendición. Poco a poco comencé a romper las dudas, a desarrollar un mayor deseo y mayor fe, y a rendirme más completamente al Espíritu.

Un domingo en la noche, mientras estuve orando con varias personas en el altar, comencé a interceder por ellos con una carga pesada. De repente, sin pensarlo ni haberlo deseado conscientemente, comencé a hablar en lenguas. Durante varias semanas, yo hablaba en diversas lenguas en momentos de oración e intercesión. Hoy en día no hablo en lenguas cada vez que oro, tampoco intento hacerlo, pero sí hablo en lenguas a menudo, generalmente cuando estoy orando por alguien o cuando estoy en una actitud de adoración.

Aunque el hablar en lenguas es valioso en la salvación privada, no podemos juzgar nuestra salvación ni nuestra propia espiritualidad por cuan a menudo hablamos en lenguas. No hay requisito bíblico de que continuemos con el uso de hablar en lenguas después de recibir el Espíritu Santo, tampoco nos dice la Biblia cuan a menudo debemos hablar en lenguas. Si alguien no habla en lenguas a menudo, no debe sentirse culpable ni dudar de su salvación.

Si antes una persona hablaba a menudo en lenguas, o si aquella persona siente que debe hablar en lenguas más a menudo, debe examinarse a sí mismo. Si la falta del uso de hablar en lenguas se debe a una falta de dedicación u oración ferviente, entonces debe renovar su caminar con Dios, no simplemente con el fin de hablar en lenguas sino para acercarse más a Dios. Si se ha alejado de Dios debido a un estilo de vida pecaminoso, debe arrepentirse y ser renovado en el Espíritu. En este caso, el hablar en lenguas otra vez será algo muy deseable, como una confirmación de su fe renovada y su rendición al Espíritu de Dios, como en el tiempo pasado.

Al igual que con otros dones espirituales, bendiciones y manifestaciones, el hablar en lenguas no prueba que nuestra doctrina, nuestro estilo de vida, ni nuestra relación con Dios está bien. Simplemente demuestra que en un punto recibimos el Espíritu Santo y que en el momento presente hemos creído y nos hemos rendido a Dios para el ejercicio de esta manifestación en particular. En vez de simplemente buscar el uso de las lenguas, debemos enfatizar en la oración ferviente, el vivir por la fe, el obedecer la Palabra de Dios y la búsqueda de la santidad. Al hacer eso, el uso del hablar en lenguas típicamente tomará el lugar en nuestras vidas como medio de edificación personal, pero no llegará a ser una preocupación o panacea.

Enseñé en un seminario en Hungría en el año de 1997, lo que fue el primer seminario conducido por la Iglesia Pentecostal Unida en aquel país no mucho antes de la caída del comunismo allí. Uno de los temas fue acerca de los dones espirituales. Me pidieron ordenar a dos jóvenes gitanos quienes eran parte de la concurrencia. Durante mi enseñanza, uno de los jóvenes dijo que no había hablado en lenguas desde que recibió el Espíritu Santo y confesó que se sentía muy apesadumbrado a causa de eso. Respondí que no debería cuestionar su salvación ni su experiencia sino que el hablar en lenguas sería un gran beneficio a su vida espiritual y ministerio, y que Dios quería concederle aquella libertad. Cuando llegamos al momento de orar, le animé a tener fe y le impusimos nuestras manos con el fin de que hablara en lenguas. Pronto comenzó a hablar en lenguas por el poder de Dios.

Tan pronto que terminó el culto, el otro joven confesó que tenía el mismo problema. Le recordé de la experiencia del primer joven y entonces nos congregamos alrededor de él también. Mientras oramos por él con la imposición de manos, él también comenzó a hablar en lenguas.


Los Mensajes Públicos en Lenguas Deben ser Interpretados

El tercer uso de lenguas es para dar mensajes públicos que deben ser interpretados para la edificación general. A veces Dios habla a la Iglesia por medio de la combinación de los dones de lenguas y de interpretación. El primer don, el de lenguas, capta la atención y revela que Dios está tratando de comunicarse con la concurrencia. Debido a que es tan milagroso y espectacular, muchas veces es muy eficaz en alcanzar a los incrédulos que están presentes. El segundo don, la interpretación, hace conocer el mensaje actual que Dios quiere transmitir. A continuación dos referencias bíblicas sobre este uso de lenguas:

· “Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la Iglesia. Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla” (1. Corintios 14:12-13). El propósito es bendecir a toda la congregación.

· “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no hay intérprete, calle en la Iglesia, y hable para sí mismo y para Dios (1. Corintios 14:27-28). Estas pautas se aplican cuando alguien habla a la Iglesia en lenguas. Si nadie interpreta, el que habla no debe seguir más y más. En cambio, debe hablarse a sí mismo y a Dios. Puede ser que el propósito del mensaje sea para su propio beneficio, o es que Dios quiere usar a alguien para la interpretación pero este aún no se ha rendido totalmente a Dios. En cualquiera de los casos, el insistir en hablar en lenguas en público no logrará el propósito de Dios. En pocas palabras, cuando la persona que habla en lenguas tiene la atención de la Iglesia, debe seguir hablando en lenguas solamente cuando se haya dado una interpretación.

En base a este pasaje, algunos argumentan que nadie debe hablar en lenguas en ningún momento en un culto público sin que haya interpretación, ni aún cuando todos están alabando a Dios u orando juntos. Pero en aquellos momentos, cada persona habla para su propio beneficio, tal como si estuviera a solas. Nadie trata de captar la atención de la congregación entera, pero cada uno busca edificación personal, y entonces en estos casos el hablar en lenguas sin interpretación es apropiado. El versículo 28 implica que aún en el culto es apropiado hablar en lenguas sin interpretación como un medio de comunicación individual con Dios.

Cuando no ha habido una interpretación, podemos pensar que la Iglesia ha fallado, pero puede ser que Dios siempre ha logrado su propósito por hablar a un individuo o por ayudar a alguien a desarrollar mayor sensibilidad hacia Él. En una ocasión inusual en la ciudad de Baton Rouge, Louisiana, yo escuché un poderoso mensaje en lenguas, pero no hubo interpretación. Sin embargo, aquel mensaje tocó a dos personas en una manera muy eficaz.

En primer lugar, a una tía mía que estuvo en el culto, se le había contado acerca de la experiencia pentecostal, pero ella nunca había oído a alguien hablar en lenguas. Muchas veces se había preguntado si el hablar en lenguas era algo verídico. Aquella noche ella se convenció de que sí era algo verídico, y ella dijo que Dios había hecho aquel milagro para el beneficio de ella.

En segundo lugar, un estudiante libanés quien estuvo estudiando en la Universidad Estatal de Lousisana, dijo que el idioma del mensaje era su idioma nativo, el arábigo. En un principio estuvo enojado con la persona que le había invitado al culto, y le preguntó, “¿Cómo es que tú arreglaste para que alguien me hablase en público reprendiéndome por mis pecados?” Por supuesto ni el amigo que le llevó al culto, ni la persona que le dio el mensaje podía hablar arábigo ni tenía ninguna idea del significado del mensaje. Dios usó ese milagro para hablarle directamente a él.

En el transcurso de un culto, la iglesia muchas veces puede sentir que Dios está a punto de hablar por medio del don de lenguas. A veces hay una interpretación notable, un silencio santo. A veces el director del culto se dará cuenta de lo que va a acontecer. En un culto, un domingo por la noche en Austin, llegamos al momento para la predicación; sin embargo, yo sentí que Dios iba a hablar por medio de los dones de lenguas e interpretación, entonces seguí guiando a la congregación en adoración. Pronto mi esposa dio un mensaje en lenguas, y alguien más dio la interpretación. Otra vez antes del comienzo de un culto el domingo por la noche en Austin, mientras oraba yo en el cuarto de oración, sentí que el Señor hablaría a la congregación por medio de los dones del espíritu. Cerca del final del culto, hubo una manifestación de lenguas, interpretación y profecía.

Cuando Dios se mueve sobre alguien para hablar a la Iglesia en lenguas, aquella persona siente una unción fuerte que puede distinguir claramente del uso devocional de lenguas. Podrá hablar con seguridad y autoridad. En la misma manera, la iglesia reconoce el mensaje como un mensaje público y no simplemente el uso devocional de lenguas.


Interpretación de Lenguas

La palabra griega que se traduce "interpretación" es ermeneia, de la cual sale la palabra hermenéutica que significa principios de interpretación. Interpretar significa "explicar el significado de" o "traducir oralmente". Significa dar el sentido de algo, pero no necesariamente significa traducir palabra por palabra.

Cuando alguien habla a la congregación en lenguas, el don de interpretación de lenguas capacita a aquella persona a proclamar el significado del mensaje. "Por lo cual, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla... si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos o a lo más tres y por turno y uno interprete" (1. Corintios 14:13, 27). Podemos definir la interpretación de lenguas como el don de una capacidad sobrenatural para traducir o explicar el significado de un mensaje público en lenguas.

En muchos casos, es imposible traducir una palabra de un idioma a otro idioma usando una sola palabra, especialmente si los idiomas no son íntimamente relacionados. Para algunas palabras no hay equivalente exacto, y algunas palabras tienen unos matices o connotaciones que requieren una explicación en otro idioma.

Por ejemplo, el idioma griego tiene varias palabras que se traducen amor: ágape (el amor desinteresado), fileo (un amor fraternal), y eros (amor erótico). La palabra coreana kibun se refiere a las actitudes, sentimientos, disposición, o dignidad de uno; no hay palabra española para traducirla. Para describir a una mujer hermosa, el español tiene "bonita, guapa, preciosa, linda, agraciada, elegante," etcétera, todos ellos con diferentes grados de sentido, pero el coreano generalmente usa una sola palabra, yehpun o ipun. En cada caso, para hacer justicia completa a la lengua original pueden requerirse varias palabras o varias oraciones en la segunda lengua.

Debido a estas diferencias, un corto mensaje en lenguas puede tener una interpretación larga o viceversa. La traducción literal de "¡Gloria a Dios!" en el idioma coreano es "hananim-keh, chanyang-ul, turimnida". Una razón del porque la frase coreana es más larga es que cada oración coreana tiene una terminación que no se puede traducir, lo que es equivalente a un punto hablado o un signo de interrogación y lo cual indica el estado relativo del que habla y el que oye. La invitación sencilla "venga" se traduce al coreano de varias maneras dependiendo de si la persona que habla está hablando a un animal, a un niño, o a un amigo cercano (wa); un igual social (osehyo), a un huésped o un superior (oshipsheo); o a un rey o a Dios (osheosupso). En los últimos dos casos "venga por favor" es osheherul paramnida y osheherul paranahida.

Además, una interpretación a veces consiste en una exposición o ampliación del mensaje original. Por ejemplo, Daniel le dio a Belsasar la interpretación de las palabras que Dios escribió en una pared. Las palabras eran "MENE, MENE, TEKEL, UPARSÍN." La traducción literal es "contado, contado, pesado, roto". Pero Daniel dio la siguiente interpretación: "Esta es la interpretación del asunto: MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas" (Daniel 5:26-28).

Dios da las interpretaciones de acuerdo a la capacidad mental, el conocimiento y la expectativa de la persona que habla. Él usará el vocabulario, el acento y la gramática de la persona que habla para trasmitir su mensaje.

No debemos descontar un mensaje a causa del acento de cierta región, una gramática no adecuada, una palabra no pronunciada bien, ni una expresión anticuada, pero debemos reconocer que Dios ha trasmitido su mensaje por medio de un instrumento humano. Como una analogía, Dios ha inspirado todos los libros de la Biblia y cada palabra refleja exactamente su mensaje, más el estilo, el vocabulario y la gramática de los libros reflejan las personalidades, los trasfondos y las culturas de los diversos autores humanos.

Diferentes personas reciben interpretaciones en diferentes maneras. Algunos inicialmente reciben una idea, palabra, frase o aún una imagen visual. Al comenzar a hablar en fe, Dios sigue impartiendo su mensaje y las palabras fluyen. Otros explican que una interpretación viene en una manera muy parecida al hablar en lenguas—con la cooperación de su lengua pero sin el entendimiento anticipado de sus mentes. Ellos oyen y comprenden el mensaje juntamente con los demás.

El capítulo 14 de 1. Corintios provee pautas para el uso correcto de los dones de lenguas, de interpretación y de profecía en el culto público. (Véase capítulo 14 de este libro). Aunque el ejercicio verdadero de estos dones es de Dios, no debemos decir que todo el ejercicio es infalible. Cada oyente debe juzgar si el mensaje es verdaderamente de Dios, en parte o completamente, y debe juzgar como le corresponde a él personalmente. (Véase 1. Corintios 14:29 y nuestra discusión en el capítulo 13 de este libro). Es posible que el mensaje básico sea de Dios pero que el mensajero humano añada sus propios pensamientos falibles debido a la ignorancia, celo excesivo u orgullo. Algunas personas se hacen tan orgullosas de un mensaje que han dado, que presumen o aceptan como hecho que todos sus pensamientos y sentimientos en el momento deben ser del Señor. Es posible que un mensaje sea completamente carnal o aún demoníaco.

Tal como con las lenguas, he visto muchos ejemplos de la interpretación de lenguas en muchos lugares alrededor del mundo. Es particularmente interesante ver la operación de lenguas e interpretación en un idioma que no sea el del oyente. En Corea escuché unos mensajes en lenguas, seguidos por las interpretaciones en el idioma coreano, lo que yo comprendí. En Italia, escuché un mensaje en lenguas seguido de una interpretación en italiano, lo que no comprendí; un varón que hablaba tanto italiano como inglés interpretó el mensaje para mí.

En el año 1986, cuando sentí que era el momento de dejar Jackson, Mississippi, una de mis mayores preocupaciones era de cómo respondería mi esposa. Ella estaba muy ocupada en la iglesia y en el Instituto, tenía muchos amigos, y estaba muy contenta... Yo quería que ella sintiese la misma dirección que yo sentía. Orábamos juntos para la voluntad de Dios.

Un día ella estuvo conversando por teléfono con una hermana de la iglesia, y ellas comenzaron a orar. Esa hermana no tenía ningún conocimiento de lo que yo y mi esposa estábamos contemplando, pero ella habló a mi esposa en lenguas e interpretación. En esencia, ella dijo, "Dios está a punto de cambiar la dirección de tu vida. Tú no entiendes ahora pero no te preocupes. Todo estará bien".

Para mi asombro, mi esposa se volvió tan ansiosa como yo de salir, aunque no sabíamos a donde íbamos. El Señor hizo una obra simultáneamente en nuestros corazones, y Él usó la profecía para darle una confirmación a mi esposa.

En una conferencia femenina, mi esposa sintió una fuerte carga para orar por una amiga. Mientras oraba, Dios habló por medio de ella en lenguas e interpretación, dando un mensaje de ánimo para un momento de prueba.

Aunque mi esposa no sabía nada acerca de las circunstancias, más luego la hermana confirmó que las palabras ministraban a sus necesidades y le daban fuerza en un momento crucial.

En el otoño del año 1995, nuestra joven iglesia en Austin enfrentó una situación difícil. Habíamos llenado completamente nuestro edificio alquilado y teníamos necesidad de construir nuestro propio local si es que deseábamos seguir creciendo. Sobre un período de dos años, habíamos comprado una propiedad, desarrollado los planos arquitectónicos, conseguido el terreno y los permisos pertinentes y conseguido el financiamiento. Sin embargo, cuando llegamos al punto de comenzar la construcción, nos dimos con la sorpresa de que necesitábamos otros cien mil dólares debido a ciertos requerimientos especiales y el auge en el número de construcciones en ese momento. La situación parecía sin esperanza.

El día Jueves 19 de octubre, hicimos un culto de oración en la iglesia. Mientras terminaba el culto, de repente un joven comenzó a hablar en lenguas, dando también la interpretación. El Señor nos dijo: "Ustedes no pueden ver sanidad, pero yo veo sanidad. Ustedes no pueden ver un milagro pero yo puedo ver un milagro. Ustedes no pueden ver un edificio nuevo, pero yo veo un edificio nuevo".

Instantáneamente sentimos una fuerte confirmación del Espíritu. Mi suegra fue sanada esa misma noche de una herida en la columna vertebral. El martes siguiente, durante un culto, el abuelo de mi esposa murió de un aparente derrame cerebral y fue resucitado. El próximo jueves, un banco principal en Austin aprobó nuestra solicitud para un préstamo de construcción por el monto total que necesitábamos, con una taza de interés que hizo que la letra de pago de la hipoteca fuera más o menos la misma que habíamos presupuestado. Entonces, dentro de una semana después de la palabra inicial del Señor, vimos una sanidad, un milagro y la aprobación para nuestro nuevo edificio.