lunes, 8 de marzo de 2010

La Música Interpretada por Trinitarios y la Actitud de los Pentecostales del Nombre de Jesús


Por Julio César Clavijo Sierra
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El mandamiento bíblico relacionado con nuestros cantos es: "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cual sea la voluntad del Señor, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5:17-19).

Un cántico espiritual es un canto que en verdad exalta la grandeza de Dios y conduce al creyente a la adoración a Dios. Lastimosamente hoy en día hay mucha música que se presenta como cristiana, pero esto es solo de nombre, ya que sus letras hablan de diversos temas, pero no  presentan un claro mensaje evangélico. 

Sin embargo, hay mucha música que aún sin ser compuesta por Pentecostales del Nombre de Jesucristo, especialmente alguna de la música compuesta por los trinitarios protestantes, en verdad transmite un mensaje que no atenta contra la verdad de la Palabra de Dios, y posee un contenido de verdadera alabanza al Creador. Incluso, algunas de sus letras han sido tomadas directamente de la Escritura. Por lo cual, utilizar algunas de estas canciones en nuestros cultos y oírlas en nuestras casas no es malo, debido a que nos conducen a la verdadera comunión con Dios. En ese caso es sabio aplicar aquel consejo apostólico que dice: "Examinadlo todo; retened lo bueno" (1 Tesalonicenses 5:21).

Es posible que muchas personas que no tienen un correcto entendimiento acerca de Dios, o incluso personas que no viven un testimonio fiel ante Dios, hayan grabado hermosas alabanzas cuyas letras sean fieles al mensaje bíblico. Lo importante es entender que aquellas alabanzas pueden sernos útiles, pero no los testimonios ni la totalidad de las creencias de aquellos artistas. Podemos utilizar aquellas alabanzas, pero no seguir la forma de vida de aquellas personas. El problema es que algunos hermanos (especialmente jóvenes) han caído en el error de querer imitar a aquellos artistas en todo (su forma de vestir, su forma de moverse por el escenario, su forma de vida religiosa y hasta sus creencias, aún cuando estas cosas se opongan a la Palabra de Dios). Cuando el Señor Jesucristo se refirió a las cosas buenas que predicaban los fariseos, le dijo a sus discípulos: "Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen" (Mateo 23:3).

Para finalizar, es muy importante hacer claridad sobre el concepto de música trinitaria. Yo pienso que sólo se podría catalogar como música trinitaria a la música que de una manera clara promueve la adoración al dios Trino, y que dice cosas como "bendita trinidad", "dios en tres personas", "dios es una trinidad", etc. En este sentido, la Iglesia del Nombre de Jesús debe oponerse por completo a la música trinitaria, ya que la Iglesia de Jesús no puede congraciarse con la herejía de la trinidad. Pero una cosa es la música trinitaria, y otra muy diferente la música interpretada por trinitarios que sí está de acuerdo con la Palabra de verdad. La gran mayoría de música compuesta por trinitarios, no menciona para nada al dios Trino, pero son hermosas alabanzas que nosotros podemos usar para alabar al único Dios. Llamativamente, algunas de esas canciones hablan claramente acerca de la Unicidad de Dios, mensaje que ellos a veces proclaman sin entenderlo [Para más información, vea mi artículo titulado: Canciones Interpretadas por Trinitarios, que Proclaman la Unicidad de Dios y Contradicen el Dogma de la Trinidad].



Ver también:

- Canciones Interpretadas por Trinitarios, que Proclaman la Unicidad de Dios y Contradicen el Dogma de la Trinidad
Música ¿Alabanza o Emociones?
- Nelson Ned - Unicitario - Unicista
- Los Hermanos Alvarado - Biografía y Discografía

sábado, 6 de marzo de 2010

Para Vosotros es la Promesa del Espíritu Santo

Por Edwing López
Presidente de la Iglesia Pentecostal La Senda Antigua

 

"Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:39).

Yo estoy de acuerdo en que la obra del Espíritu Santo comienza desde que el hombre perdido escucha la Palabra de Dios y va al bautismo en agua en obediencia, pero no podemos confundir esa obra con la llenura del Espíritu Santo como bautismo de poder y como parte de la salvación provista por Dios a la humanidad.  

Por otro lado, la Palabra de Dios nos enseña que los grandes avivamientos en la iglesia del Nombre de Jesús comenzaron precisamente desde el derramamiento del Espíritu Santo en Jerusalén. De esa gran experiencia es que muchos nos hemos dado a conocer con el nombre de Pentecostales; pero por lo que veo, muy pronto muchos tendrán que cambiar ese nombre de los permisos jurídicos de sus iglesias. No tiene sentido alguno llamarse Pentecostal si ya no se recibe dicha experiencia, y por el contrario ya no se pone énfasis en buscar la llenura del Espíritu Santo, predicando y enseñando que no es necesario recibir el Espíritu Santo, que no es necesaria la señal inicial de hablar en otras lenguas según el Espíritu de para que hablemos, y que tampoco es necesario recibir el Espíritu Santo como parte de la salvación.

¿Será esa la razón por la que muchos pastores no tienen unción cuando predican y enseñan? ¿Será esa la razón de los cultos relámpagos y monótonos de muchas congregaciones del nombre de Jesús? ¿Será esa la razón por la que muchos de los que empezaron por el Espíritu han terminado en  la carne? ¿Será esa la razón de la sequedad espiritual dentro de la adoración y la alabanza en la iglesia? ¿Será esa la razón de la poca asistencia a la iglesia? ¿Será esa la razón por la cual muchos cristianos solo asisten los domingos a la iglesia? ¿Será esa la razón de tanto cristianismo sin compromiso, apático y desleal? ¿Será esa la razón de tanta carnalidad en las iglesias de hoy? ¿Será esa la razón por la cual muchos pastores están más interesados en el dinero que en cumplir su llamado? ¿Se llegará a cambiar la palabra Pentecostal de los letreros de las iglesias por la palabra Carnicería?

Déjeme decirle, el Antiguo Testamento contiene la profecía más profunda acerca del derramamiento Pentecostal del Espíritu Santo sobre toda la humanidad. Varios versículos del profeta Joel contribuyeron poderosamente al mensaje del Nuevo Testamento (Joel 2:28-30) cuando dice: "Y después de esto derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días. Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo."  El comienzo del cumplimiento de esta profecía tuvo lugar el día de Pentecostés en el aposento alto. Y esto fue lo que el Apóstol Pedro dijo en su predicación en aquel día. Pedro citó este pasaje y explicó que el derramamiento del Espíritu Santo en aquel día era el comienzo del cumplimiento de la profecía de Joel (Hechos 2:14-21). Esta profecía es una promesa continua para todos los que acepten a Jesucristo como su Señor hasta el día de hoy, porque todos los que han creído pueden y deben ser llenos del Espíritu Santo. "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:39).

¿Cuál fue la promesa para los presentes de aquel día de Pentecostés y para todos los que el Señor nuestro Dios llamare? La promesa de Dios profetizada por Joel acerca del derramamiento de la llenura del Espíritu Santo sobre toda carne. Las palabras de nuestro Señor Jesucristo registradas en Hechos 1:4-5, fueron muy claras cuando le dijo a sus discípulos: "Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". La obra del Espíritu Santo ya había comenzado en el corazón de ellos y en la obediencia del bautismo en agua en el nombre de Jesús, pero todavía les faltaba algo muy importante para estar completos en Jesucristo, les faltaba la llenura del Espíritu Santo, les faltaba el cumplimiento de la promesa de Dios dada a través del profeta Joel. Una cosa es que Dios comience a tratar con nuestros corazones con su obra trayendo convicción y otra cosa es ser llenos del Espíritu Santo.

Sigo insistiendo en esto. Si estos discípulos de Jesús ya eran salvos y tenían el Espíritu Santo al recibir la Palabra y al ser bautizados en el nombre de Jesús, entonces ¿para qué fueron enviados a Jerusalén? ¿Por qué no fueran enviados a predicar directamente sin tener que ir a Jerusalén? ¿Acaso no estaban completos para  cumplir la gran comisión y sus responsabilidades de apóstoles? ¿Para qué estar encerrados por diez días en un aposento alto? ¿Qué estaban esperando? ¿Acaso necesitaban algo más que todavía no habían recibido? ¿Diría usted que después de su conversión genuina y del bautismo en el nombre de Jesús todavía estaban incompletos? ¿No tenían unción? ¿No tenían poder? ¿No podían ser testigos a otros? ¿Qué era lo que Jesús les dijo que les faltaba? No hay duda alguna, les faltaba la llenura del poder del Espíritu Santo en sus vidas. Si no fuera así, ¿para qué fueron enviados a Jerusalén?

Esto es una prueba contundente de que todavía no habían recibido el cumplimiento de la Promesa del Espíritu Santo, profetizada por Joel en el Antiguo Testamento. Ellos solamente habían creído y habían sido bautizados. Creer en Jesucristo por fe, y ser bautizados en el nombre de Jesucristo es parte de la salvación, pero estos pasos van acompañados de la llenura del Espíritu Santo. Esta experiencia de la salvación es inseparable cuando hablamos de la salvación del hombre. Creer en Jesucristo de todo corazón significa: Arrepentimiento, Bautismo en el nombre de Jesús y recibir la llenura del Espíritu Santo de acuerdo a la Palabra de Dios y no de acuerdo a nuestras convicciones o interpretaciones personales de cada versículo en la Biblia.


Note lo que dice la Palabra de Dios:

(1)               El profeta Joel profetizó la Palabra de Dios y su Promesa de derramar de su Espíritu sobre toda carne (Joel 2:28).

(2)               Jesús les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la Promesa del Padre (Hechos 1:4).

(3)               Jesús les dijo que Juan ciertamente bautizó con agua, más vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días (Hechos 1:5).

(4)               Jesús les dijo bien claro que era lo que recibirían en Jerusalén el día de Pentecostés; "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra" (Hechos 1:8).

(5)               "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen" (Hechos 2:1-4).

(6)               Creer y estar bautizado en el nombre de Jesús va acompañado de la llenura del Espíritu Santo. Esta es la obra completa de Dios en la salvación del hombre. Se proclama la obra salvadora de Cristo mediante la sangre, el agua, y la llenura del poder del Espíritu Santo.

(7)               Para llegar a ser llenos del Espíritu Santo, es porque primero estaban vacíos (sin poder), necesitaban recibir la Promesa dada por boca del profeta Joel (2:28); "derramaré de mi Espíritu sobre toda carne". El cumplimiento de esta Promesa se hace realidad cuando somos llenos del Espíritu Santo. Es un requisito recibir el Espíritu Santo.

(8)               Uno de los requisitos para los siete diáconos es que fueran llenos del Espíritu Santo (Hechos 6:3).

(9)               "Eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo". Tanto Esteban como los otros seis diáconos habían experimentado la llenura del Espíritu Santo. Sin esta experiencia estaríamos vacíos, sin poder, sin autoridad.

(10)           Decir que la llenura del Espíritu Santo se recibe mediante creer y ser bautizado en el nombre de Jesús solamente, es ignorar y violentar la Palabra de Dios como prueba bíblica la cual indica todo lo contrario. Vea los siguientes versículos: "Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo (Hechos 8:14-17).

(11)           Primero los samaritanos habían creído y habían recibido la palabra, también se habían bautizado en el nombre de Jesús, pero no habían recibido la llenura del Espíritu Santo. "Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres" (Hechos 8:12). Note como la enseñanza moderna de hoy, donde se dice que se recibe el Espíritu Santo cuando se cree y se es bautizado en el nombre de Jesús, se desploma por completo en estos versículos.  La Biblia nos enseña contundentemente que "Pedro y Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Eso dice la Biblia, solamente habían sido bautizados. No se recibe la llenura del Espíritu Santo con solo creer y ser bautizado. Cuando se pronuncia la palabra "solamente", indica que todavía les faltaba algo, todavía estaban incompletos. Por esa razón les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. No podemos ir por encima de lo que está establecido en la Palabra de Dios. El fundamento apostólico es sólido y nadie lo puede cambiar.

(12)           La experiencia de salvación de los gentiles en la casa de Cornelio nos indica que ellos recibieron el Espíritu Santo antes de ser bautizados en el nombre de Jesús. "Mientras aún hablaba Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso" (Hechos 10:44). Nuevamente la enseñanza moderna, que dice que se recibe el Espíritu Santo con solo ser bautizados en el nombre de Jesús se desploma por completo frente a la Palabra de Dios. Aquí dice que recibieron el Espíritu Santo antes de ser bautizados en el nombre de Jesús, y con la evidencia de hablar en otras lenguas. Pero ¿cómo sabían los judíos cristianos que vinieron con Pedro que los gentiles estaban recibiendo el Espíritu Santo? La palabra de Dios dice: "porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios" (Hechos 10:46).

(13)           Note como la prueba bíblica es contundente de que la señal inicial de que alguien recibe el Espíritu Santo es cuando habla en lenguas por el Espíritu. Por favor no reinterprete estos versículos. La Palabra de Dios es precisa y elimina toda clase de duda sobre este tema. Este es un fundamento bíblico que nadie puede quitar. "Entonces respondió Pedro: ¿Puede acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros? Y mando a bautizarles en el nombre del Señor Jesús" (Hechos 10:47-48). El Espíritu Santo se recibe y nuevamente vemos la señal inicial de hablar en otras lenguas. Otra cosa, aquí no estaban presentes judíos de todas las naciones como en el día de Pentecostés para recibir mensajes en diferentes idiomas, pero los judíos presentes si podían testificar como testigos del poder de Dios que había una prueba contundente; "los oían que hablaban en lenguas y magnificaban a Dios".

(14)           Pedro y los que estaban presentes con él consideraban el hablar en lenguas por el Espíritu como la señal convincente del bautismo en el Espíritu Santo. Es decir que, al igual que Dios certificó su acción el día de Pentecostés con la señal de las lenguas (2:4), hace que los gentiles de la casa de Cornelio hablen en lenguas como una señal convincente para Pedro y los otros judíos.  Esto es un fundamento bíblico, y nadie puede poner otro fundamento mediante su propia interpretación. Esta prueba se une a la del día de Pentecostés como cumplimiento de la Promesa de Dios en Joel 2:28. La señal inicial de hablar en otras lenguas está basada en la Palabra de Dios y no en opiniones, interpretaciones o definiciones personales.

(15)           Cuando el Apóstol Pablo le preguntó a los efesios; "¿Recibisteis el Espíritu Santo cuando creísteis?" Esta pregunta demuestra que aunque ellos habían creído en Jesucristo todavía no habían recibido la Promesa (llenura) del Espíritu Santo. Habían nacido de la Palabra al creer pero no habían sido llenos del Espíritu Santo. Pablo les preguntó también sobre el bautismo en agua y les explicó la diferencia entre el bautismo de Juan (arrepentimiento) antes del calvario y el bautismo para salvación en el nombre de Jesús después del calvario. La Biblia dice: "Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús" (19:5). Ahora, note muy bien que con solo haber sido bautizados en el nombre de Jesús no habían recibido la llenura del Espíritu Santo. Una vez mas la enseñanza de que se recibe el Espíritu Santo con solo creer y ser bautizados en el nombre de Jesús se desploma por completo.

(16)           El apóstol Pablo tuvo que imponerle las manos para que recibiesen el Espíritu Santo. "Y habiéndoles impuesto las manos, vino sobre ellos el Espíritu Santo" (19:6). Es imposible separar la experiencia de recibir el Espíritu Santo de los primeros pasos de creer y ser bautizado. Nuevamente la experiencia de recibir el Espíritu Santo se hace presente como en el día de Pentecostés y como sucedio en la casa de Cornelio. "Vino sobre ellos el Espíritu Santo; y hablaban en lenguas, y profetizaban" (19:6). Nuevamente aparece la señal inicial de hablar en lenguas cuando se recibe la Promesa del Espíritu Santo. Esta es otra prueba contundente del hablar en otras lenguas.  Este acontecimiento sucede 25 años después del día de Pentecostés (2:4); sin embargo, el modelo según el cual fueron llenos del Espíritu Santo esos doce hombres es compatible con el modelo normal que ya hemos visto en Hechos 2:1-4; Hechos 8:5-24; Hechos 10:44-48 y ahora aquí en Hechos 19:1-7).  

El fundamento bíblico es claro y preciso. Se necesita creer, ser bautizados en el Nombre de Jesús y recibir la llenura del Espíritu Santo. Esta es la salvación provista por nuestro Señor y que no debe ser alterada por nuestras convicciones personales, o interpretaciones que contradicen el fundamento apostólico. No hay otro fundamento y nadie puede poner otro fundamento que el que tenemos en la Palabra de Dios.


Con mucho respeto les digo mis hermanos en Cristo Jesús, que lo que he predicado y vivido hasta el día de hoy ha sido grandioso. Que soy testigo de cientos de almas que han recibido el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas desde que era un niño. Todos han hablado en lenguas según el Espíritu les de para que hablen. Recibir la llenura del Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas es lo que ha distinguido al movimiento Pentecostal desde el día de Pentecostés. El día que se elimine esa experiencia se apagará la llama del avivamiento que ha distinguido a las iglesias del nombre de Jesús. Ahora puedo ver que muchos líderes ya han entrado en ese proceso y la llama se ha apagado de sus vidas y ministerios. Hay mucho conocimiento pero poco poder de Dios para salvación y liberación de los que están perdidos. Muchos han convertido los altares en ministerios de teología, pero se ha perdido la llama, la llenura del Espíritu Santo. Solo se oyen los instrumentos y címbalos que retiñen, pero para tener un gran avivamiento se necesita la llenura del Espíritu Santo.

Les digo una vez más que cuando visiten el aposento alto, allí creyendo la Promesa de Dios dada en Joel 2:28, recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8). Esta es una promesa continua para todos los que acepten a Jesucristo como su Señor hasta el día de hoy, porque todos los que han creído pueden y deben ser llenos del Espíritu Santo. No hay otra ruta, Dios ya ha trazado el camino, y nadie lo puede cambiar. Estoy claro en lo que he creído y en lo que predico. Todos nuestros pastores estamos unidos y fundamentados en lo dice la Palabra de Dios. El avivamiento que tenemos es grande y seguirá, porque seguiremos invitando a todos los creyentes al altar, para que sean llenos del Espíritu Santo. Una vez son llenos del Espíritu Santo, podemos ser testigos del hablar en otras lenguas, así como en el día de Pentecostés, así como en la casa de Cornelio, así como los efesios en el capitulo 19 de Hechos. ¿Saben por qué? "Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare" (Hechos 2:39).

El Bautismo del Espíritu Santo Como Parte del Plan de Salvación Neotestamentario

Predicaciones por Eliseo Duarte

A continuación presentamos dos videos filmados en la Asamblea de Pastores de la Iglesia Pentecostal Unida de Colombia, realizada en febrero de 2010 en la ciudad de Medellín, en los cuales el pastor Eliseo Duarte explica que el bautismo del Espíritu Santo es parte integral del Plan de Salvación y no una bendición extra después de que se es salvo.

PRIMER VIDEO

Resalto estas palabras tomadas de ese video para análisis y reflexión.

"...eso es el evangelio, eso es lo que hay que predicar para que la gente reciba el Espíritu Santo. Y el bautismo del Espíritu Santo sí es parte del plan de salvación. No es lo mismo decir que el bautismo del Espíritu Santo es para los salvos, que decir que el Espíritu Santo no es parte de la salvación. Eso sería reducir la salvación al acto tradicional evangélico de que usted en un acto de fe acepta o recibe a Cristo y que ya usted es salvo. Eso es lo general en el mundo evangélico pero esa no es la verdad. Esa es una parte, eso no es el todo. La salvación es un paquete. La salvación no es una parte es un todo, y ese todo está ahí. Ahora, el hecho de que no diga que los 3.000 recibieron el Espíritu Santo, los 5.000; el hecho de que no lo diga, eso está implícito ¿Por qué? Porque Pedro fue comisionado para abrir la puerta con el sermón inaugural en el día de Pentecostés. Y ellos recibieron el Espíritu Santo y le dijo a los otros: "para vosotros es la promesa". En Samaria sucedió lo mismo...

...para que sepas la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido. Ahí hay una historia y hay que seguir esa historia. O sea que los que están diciendo eso [que el bautismo del Espíritu Santo no es parte del plan de salvación] realmente están fuera de órbita. Por eso ustedes necesitan oír de nuevo, y los que ya lo oyeron, a uno no le hace daño volverlo a oír, porque parece que a algunos viejos se les ha olvidado lo que ellos mismos enseñaron. Porque la obra del Espíritu Santo la han enseñado en todos los institutos, se ha enseñado en las iglesias; el plan de salvación también se ha enseñado. Pero hermanos, esas desviaciones que hay, sencillamente obedecen a que no hay conocimiento claro de lo que es el plan de salvación y de lo que es la obra del Espíritu, y por eso hay que insistir en esto porque de eso depende. ¡Vea! ¡Todas esas cosas molestas que están sucediendo, son consecuencia de eso".

SEGUNDO VIDEO


Al igual que con el video anterior, resalto estas palabras para reflexión y análisis.

"Entonces Jesucristo nos redimió del pecado, de la Ley, de la maldición de la Ley... no se puede ser esclavo y ser hijo. Jesucristo lo dijo (Juan 8:31). Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. Hay que ser libertado del pecado para ser hijo. El Hijo queda en casa, el hijo es heredero.

...Entonces en el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo nacido de mujer, súbdito de la Ley para que redimiese (redimir es libertar a alguien mediante el pago de un precio), a los que estábamos bajo la Ley, con la finalidad de que recibiésemos la adopción. Por eso el bautismo del Espíritu Santo no es para los inconversos. Algunos piensan que eso es posible, pero eso no. Jesús dijo quiénes recibirán el Espíritu Santo (San juan 14:15). Eso lo dijo el bautizador (no lo dijo Eliseo Duarte). "Si me amáis guardad... y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de verdad que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce, pero vosotros le conocéis porque está con vosotros y será en vosotros (un cambio de posición)". Estaba en ellos, pero estaría en ellos después de la resurrección y de la glorificación...

...Dios no mandó a nadie a predicar la Ley, sino el evangelio. El evangelio salva y da vida, la Ley mata y condena. Por eso no se pueden mezclar... Por eso mucha gente no puede recibir el Espíritu Santo porque seguramente no han entendido el evangelio. El bautismo del Espíritu Santo es la confirmación, es el testimonio de Dios de que somos sus hijos. O sea decir que el bautismo del Espíritu Santo no se necesita para salvación es realmente una cosa fuera de órbita (por no decir otra cosa más grave)...

...Todo el que cree en el evangelio es un candidato para recibir el bautismo del Espíritu Santo. El bautismo del Espíritu Santo es el testimonio de que somos sus hijos... vuelva a su congregación y pregunte cuántos no han recibido el Espíritu Santo y dese a la tarea de predicar y de orar para que entiendan la necesidad de recibir el Espíritu Santo. ¿Han leído los informes misioneros? ¿Qué en esos avances de la obra, Dios ha dado testimonio del Espíritu Santo bautizando a la gente? ¿Cómo es posible que se diga semejante cosa que el bautismo del Espíritu Santo no es necesario para la salvación?

Vea le digo nueve funciones para las cuales vino el Espíritu Santo, y no se las digo yo, se las dice Jesucristo y Pablo.

[Nota: Se listan las nueve funciones pero no se siguen las palabras textuales del hermano Eliseo Duarte:

Las primeras siete fueron dichas directamente por el Señor Jesús.

1. El vino a morar (no a visitar). Andaré en ellos y seré el Dios de ellos (Juan 14:15-18).
2. Os enseñará todas las cosas (Juan 14:26).
3. Os recordará todo lo que os he dicho (Juan 14:26).
4. Dará testimonio de mí,  vosotros daréis testimonio. Recibiréis poder y daréis testimonio (Juan 15:26-27).
5. Redargüirá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:8).
6. Cuando venga el Espíritu de verdad, os guiará a toda verdad (Juan 16:12-13).
7. Vino para enseñarnos a adorar (Él me glorificará a mí) (Juan 16:14-15)

Las demás las expuso el apóstol Pablo.

8. Vino para que en nosotros estuviera el fruto de Espíritu (Gálatas 5:22-26)
9. Para impartir los dones y operar los dones (1. Corintios 12:1-11)
]

Nueve funciones para las cuales viene el Espíritu Santo a la vida de un creyente ¿Será necesario o no? ¡Hombre, por Dios! Claro que no vayan a cometer esos errores de mandar p´al infierno al que no ha recibido el bautismo del Espíritu Santo ¡No! El Señor no vino a condenar, y nosotros somos discípulos de Él y mensajeros de Él ¿Por qué vamos a estar condenando? A la gente no hay que condenarla, sino darle lo que no tiene. Si usted va condenando por el mundo, no conoce al Señor, porque de la misericordia de Jehová está llena la tierra...

...Entonces están un poco crudos. No todos ustedes pero algunos. Muchos de ustedes están en lo cierto, pero algunos sí están crudos y necesitan ser cocinados ¡Aleluya! ¡Vaya a Barranquilla! ¡Vaya a Cali! ¡Vaya a Bogotá! ¡Vaya a donde quiera que se van a hacer los estudios! ¡A Valledupar! ¡A todas estas partes! Porque todo eso que ha sucedido en estos días o meses pasados, lo que está demostrando es la necesidad de profundizar en la salvación, en la obra del Espíritu, en la Unicidad y en todas las demás doctrinas de la salvación. ¡Qué Dios me los bendiga!"

Todo el Evangelio a Todo el Mundo

Por Julio César Clavijo Sierra

Nota: Este artículo, es la primera ponencia del debate titulado "Recibir el Espíritu Santo con la Evidencia de Hablar en Nuevas Lenguas. ¿Requisito Indispensable para ser Salvo?", que fue llevado a cabo en el mes de septiembre de 2009 en el foro Pentecostales Apostólicos del Nombre, y que puede ser leído en su totalidad, dando clic en este enlace:  




INTRODUCCIÓN

La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23) y “la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12). Así que la salvación ofrecida por Dios, puede definirse como el regalo que Dios ha provisto para los hombres con el propósito de librarlos del poder y de los efectos del pecado. La Escritura dice de aquellos quienes han aceptado el plan de Dios: “Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (Romanos 6:17-18).

Al hablar sobre el Plan de Salvación, es necesario declarar que el Dios de amor está interesado en la salvación de todos los hombres, pues Él “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1. Timoteo 2:4). Dios mismo ha declarado: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis” (Ezequiel 18:32). Y “no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva” (Ezequiel 33:11). La Biblia declara que es tanta su misericordia para con nosotros, que el misterio de la piedad [del amor, de la misericordia de Dios] se resume en que Dios fue manifestado en carne (1. Timoteo 3:16), con el fin de proveernos del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29), del hombre perfecto (Efesios 4:13), del Hijo de Dios (Lucas 1:32-35, Juan 3:16-17) que traería a muchos más hijos al Reino de Dios (Hebreos 2:10); los cuales al creer en Él serían salvos, pues “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:11-12). Jesús es Emanuel (Mateo 1:23) o Dios mismo con nosotros (manifestado en carne) proveyendo su salvación (Mateo 1:21), y cumpliendo las profecías antiguas de que Dios mismo se manifestaría en la carne para venir a salvar. “Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación” (Isaías 25:9).

La salvación es un regalo de Dios para el hombre, “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). “Justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Jesucristo, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre” (Romanos 3:24-25). “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia...” (Tito 3:5). Así que el hombre no puede alcanzar su propia salvación por algún método humano, sino sólo por obedecer el plan de Dios. Al hombre le corresponde aceptar o rechazar la obra que Dios quiere hacer a su favor para salvarle, y de ahí la importancia de que nosotros conozcamos claramente lo que Dios demanda de nosotros.

Ya que Dios está interesado en salvar, Él ha dado la capacidad a los seres humanos de aceptar o rechazar su salvación. Sin embargo, mucha gente se perderá, porque “no todos obedecieron al evangelio” (Romanos 10:16). El llamamiento se extiende a todos (Mateo 11:28; Apocalipsis 22:17), pero solo aquellos que responden positivamente serán salvos. “Y esta es la condenación: que la luz [Jesús] vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” (Juan 3:19:20). El hombre tiene la responsabilidad de aceptar la salvación, “de modo que no tienen excusa” (Romanos 1:20).


LOS REQUISITOS DE LA SALVACIÓN

Al hablar del plan de salvación para la Iglesia o del plan de salvación neotestamentario, debemos entender que éste entró en vigencia a partir del Día de Pentecostés cuando nació la iglesia (Hechos 2) y no antes. Los santos que vivieron en el tiempo del Antiguo Testamento no fueron salvos de la misma manera en que lo somos nosotros en este tiempo de la Gracia, pues Dios tenía preparado para su iglesia un mejor pacto establecido sobre mejores promesas (Hebreos 8:6, 11:40). Por eso es un anacronismo presentar casos de salvación en el Antiguo Testamento, para intentar negar los requisitos del plan de salvación neotestamentario, como por ejemplo, cuando se cita que el ladrón que estuvo crucificado al lado de Jesús fue salvo sin necesidad de haberse bautizado en el nombre de Jesús, trazando indoctamente la Palabra de Verdad (2. Timoteo 2:15), por no entender que el mandamiento del bautismo en el nombre fue dado luego de la resurrección de Cristo (Mateo 28:19, Marcos 16:16).

El Nuevo Testamento demanda que nosotros cumplamos con distintos requisitos si deseamos ser salvos. Ninguno de los requisitos de la salvación neotestamentaria atenta contra la gracia de Dios, pues sólo por su gracia somos salvos. Del mismo modo, ninguno de los requisitos de salvación consiste en una obra de justicia del hombre (Tito 3:5), pues el hombre lo único que hace es obrar por fe, para cumplir con cada uno de estos requisitos exigidos por Dios, pero Dios es el que hace la obra de salvación. Por tanto es por fe, para que sea por gracia (Romanos 4:16).

Todos estos requisitos se complementan de manera perfecta y nunca se contradicen. De tal forma que no debemos enfatizar tanto en un solo requisito, que pasemos por alto o ignoremos la importancia de los demás. Hoy en día, son muchos los que han cometido el error de utilizar textos bíblicos aislados (ignorando el contexto) para decir que la salvación se puede obtener con cumplir solamente con uno (o algunos) de estos requisitos, pero no enfatizan en la verdad completa.

Por ejemplo, algunos toman aisladamente algún texto bíblico que diga que uno es salvo por creer (por ejemplo Hebreos 4:3), y entonces concluyen arbitrariamente que uno es salvo sólo por creer, cambiando el significado bíblico de creer y definiéndolo como un simple asentimiento mental de que Jesús es el salvador del mundo, pero nunca enseñan la importancia del arrepentimiento y del andar en novedad de vida. Otros toman aisladamente textos que enseñan que uno es salvo por invocar el nombre de Jesús (como Hechos 2:21 y Romanos 10:13), y concluyen erróneamente que con sólo decir con nuestra boca: ¡Jesús! uno ya es salvo, así uno no crea que Jesús es el salvador, ni haya experimentado un verdadero arrepentimiento. De manera que debemos estar atentos para no dejarnos engañar por las falsas doctrinas, a fin de cumplir con todo lo que Dios demanda de nosotros.

Si deseamos ser salvos, debemos tener fe en que Dios está dispuesto a salvarnos, pues “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). Otros muchos textos de la Escritura mencionan la importancia de la fe y la establecen como un requisito necesario para ser salvos. Por ejemplo, Hechos 15:9, 26:18; Romanos 1:17, 3:28-30, 4:16, 5:1-2; Gálatas 2:16, 3:7; 3:11, 3:26; Efesios 2:8, 3:12; 2. Tesalonicenses 2:13; 2. Timoteo 3:15; Hebreos 10:38, 11:6; 1. Pedro 1:5-9; 1. Juan 5:4.

Si deseamos ser salvos debemos creer en Jesús como nuestro salvador, lo que significa llegar a tener una confianza absoluta en Él, al comprender que en ningún otro hay salvación (Hechos 4:12), ya que Él es el Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6). Los salvos hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo (Gálatas 2:16) y por lo tanto hemos entrado en el reposo (Hebreos 4:3). “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3:18). “Esta es la palabra de fe que predicamos: que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:8-10). De acuerdo con Deuteronomio 30:14, alguien demuestra que cree en la Palabra de Dios, cuando la cumple o la pone en práctica en su propia vida. 

Si deseamos ser salvos debemos invocar el nombre de Jesús, reconociendo que este es el nombre de Dios revelado para salvación en el Nuevo Testamento (Mateo 1:21, Hechos 4:12) y que es el nombre que está por encima de cualquier otro nombre (Filipenses 2:9-11). “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Hechos 2:21, Romanos 10:13). “Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan” (Romanos 10:11-12).

Si deseamos ser salvos debemos arrepentirnos de nuestros pecados. Dios no quiere “que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2. Pedro 3:9) y la benignidad de Dios es la que guía a los hombres al arrepentimiento (Romanos 2:4). Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan (Hechos 17:30), pero el hombre es quien decide voluntariamente si desea venir o no al arrepentimiento. Así, el arrepentimiento es una decisión personal de responder al llamado de Dios reconociendo el pecado, sintiendo remordimiento por el pecado, confesando el pecado a Dios y decidiéndose a dejar el pecado a fin de vivir bajo la voluntad de Dios. Un verdadero arrepentimiento se refleja en frutos u obras dignas de arrepentimiento (Mateo 3:8, Hechos 26:20). Los salvos hemos recibido arrepentimiento para vida (Hechos 11:18, 20:21), pero los que no se han arrepentido perecerán (Lucas 13:3).

Si deseamos ser salvos debemos ser bautizados en agua en el nombre de Jesús para el perdón de los pecados (Hechos 2:38, 8:16, 10:48, 19:5, 22:16). Jesucristo dijo que el que creyere y fuere bautizado será salvo (Marcos 16:16) y enseñó que si no se nace del agua no se puede entrar en el Reino de Dios (Juan 3:5). El apóstol Pedro dijo que el bautismo nos salva (1. Pedro 3:21). El apóstol Pablo también indicó que Dios “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración” (Tito 3:5), y dijo que la iglesia ha sido lavada, santificada y justificada en el nombre del Señor Jesús (1. Corintios 6:11). Jesús ha purificado a su iglesia por el lavamiento del agua por la Palabra (Efesios 5:26). Solo la fe en Dios, es la que nos permite obedecer el mandamiento divino de ser bautizados en agua en el nombre, para recibir el perdón de pecados.   

Si deseamos ser salvos debemos ser bautizados con el Espíritu Santo, pues “si alguno no tiene el Espíritu de Cristo no es de Él” (Romanos 8:9). “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2. Corintios 3:17). Jesús enseñó que el que no naciere del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios (Juan 3:5). Dios nos salvó por el Espíritu de nuestro Dios (Tito 3:5, 1. Corintios 6:11). El apóstol Pablo enseñó que los que son salvos han sido “marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido. Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:13-14). Cuando recibimos el Espíritu Santo recibimos el Espíritu que nos adopta haciéndonos hijos de Dios, por el cual podemos clamar ¡Abba Padre! (Romanos 8:15, Gálatas 4:5-6). Además, el Espíritu Santo nos bautiza (o nos incluye) en el cuerpo de Jesucristo (1 Corintios 12:13) que es la Iglesia (Efesios 1:22-23). La evidencia inmediata, exterior, notable y audible de ser bautizado con el Espíritu Santo es hablar en nuevas lenguas (idiomas) según como el Espíritu de que se hable (Hechos 2:4, 10:44-48, 19:6).

Si deseamos ser salvos debemos convertirnos en hijos de Dios, perseverando en el evangelio de salvación. El apóstol Pedro predicó “así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hechos 3:19). La Iglesia primitiva perseveraba en la doctrina de los Apóstoles (Hechos 2:42). Dios dijo: “Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma” (Hebreos 10:38). Por eso debemos ocuparnos en nuestra salvación con temor y temblor (Filipenses 2:12), porque sólo “el que persevere hasta el fin este será salvo” (Mateo 10:22).  La vida cristiana consiste en una vida de buenas obras (Santiago 2:14-26).


UN SOLO PLAN DE SALVACIÓN

La Santa Escritura presenta un solo Plan de Salvación para la iglesia del Nuevo Testamento (tanto para los judíos como para los gentiles) y es por obedecer el evangelio de Jesucristo con todos los requisitos de salvación que este exige. Los diferentes requisitos no hacen muchas salvaciones. El evangelio es “poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:16-17). Por lo tanto el evangelio o la buena noticia de salvación se debe predicar completa, sin mutilaciones (negando algún requisito de salvación) o añadiduras (exigiendo requisitos no bíblicos). A pesar de lo que cada requisito de salvación logra individualmente, el mensaje total del evangelio es la unión completa de todos estos requisitos. El evangelio completo es la fe de Jesús, es creer en Jesús, es reconocer la importancia de la invocación del nombre de Jesús, es el verdadero arrepentimiento, es el bautismo en agua en el nombre de Jesús, es el bautismo del Espíritu Santo, es la conversión en hijos de Dios y la perseverancia en el evangelio de salvación a fin de no caer de la gracia.    

Solo hay un Nuevo Nacimiento, y este consiste en nacer del agua y del Espíritu (Juan 3:3-8). Jesús habló de dos componentes del Nuevo Nacimiento, pero Él habló de un solo Nuevo Nacimiento, e indicó que si no se nace del agua y del Espíritu no se puede entrar en el Reino de Dios (Juan 3:5), ni tampoco se podrá ver este Reino (Juan 3:3). Por lo tanto se debe buscar el Nuevo Nacimiento completo, y no quedarse a la mitad del camino. 

Solo hay un bautismo (Efesios 4:5), y este consiste en ser bautizados en agua en el nombre de Jesús para el perdón de los pecados y en ser bautizados con el Espíritu Santo (Hebreos 6:2). Por lo tanto, el bautismo cristiano tiene dos componentes, pero hay un solo bautismo. Juan el Bautista profetizó sobre la llenura del Espíritu Santo, llamándolo bautismo del Espíritu Santo (Mateo 3:11). Jesucristo dijo a sus discípulos “vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo” (Hechos 1:5) y los gentiles de la casa de Cornelio fueron bautizados con el Espíritu Santo (Hechos 11:14-16). Todos los creyentes somos bautizados (sumergidos, introducidos) por el Espíritu Santo en el cuerpo de Cristo que es la iglesia (1. Corintios 12:13). La Biblia se refiere tanto al bautismo en agua como al bautismo del Espíritu Santo cuando dice: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16). Asimismo cuando dice “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos” (Gálatas 3:27), cuando habla del bautismo como la señal del nuevo pacto o circuncisión espiritual que hemos recibido los miembros de la iglesia (Colosenses 2:11-13), y cuando dice que el bautismo simboliza la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (Romanos 6:3-4).

Sólo hay una forma de ser hijos de Dios por creer en el nombre de Jesús (Juan 1:12, Juan 3:18), y esta consiste en arrepentirnos de nuestros pecados en el nombre de Jesús (Lucas 24:47), en ser bautizados en agua en el nombre de Jesús (Hechos 2:38), en recibir el Espíritu Santo en el nombre de Jesús (Juan 14:26, Marcos 16:17, Romanos 8:15, Gálatas 4:5-6) y en perseverar en la fe en el nombre de Jesús (Colosenses 3:17).  El título de hijos de Dios, indica creación espiritual, pues todos los hombres no son hijos de Dios, sino únicamente aquellos que creen en el nombre de Jesús, son lo que reciben el poder de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:12). Todos los que nacen de nuevo, del agua y del Espíritu (Juan 3.3-7), han nacido por la voluntad de Dios (Juan 1:13), tienen a Dios por Padre (Romanos 1:7, 1. Corintios 1:3) y llegan a ser hijos de Dios (Mateo 5:9, Lucas 20:36, Romanos 9:8, Gálatas 3:26, Filipenses 2:15, 1. Juan 3:2). El Padre ha demostrado su gran amor para que seamos llamados hijos de Dios (1. Juan 3:1), congregando en su iglesia a los hijos de Dios (Juan 11:52), y por eso todos los que son guiados por el Espíritu, estos son hijos de Dios (Romanos 8:14-21).

La Escritura también se refiere a la salvación como la entrada en el Reposo o Refrigerio que Dios da a los que le obedecen. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y Él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado” (Hechos 3:19-20). “Pero los que hemos creído entramos en el reposo” (Hebreos 4:3), “Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas” (Hebreos 4:10). Consecuentemente, el profeta Isaías profetizó acerca del bautismo del Espíritu Santo con la señal de las lenguas, como el reposo prometido para su futura iglesia, “porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio; mas no quisieron oír” (Isaías 28:11-12).