lunes, 23 de abril de 2012

David y Jonatán No Eran Homosexuales

Por Julio César Clavijo Sierra


Recientemente, los activistas homosexuales han tomado ciertos pasajes de la Escritura para intentar demostrar que David y Jonatán eran amantes, sugiriendo que la Biblia justifica la homosexualidad. De igual manera, “En respuesta a la creciente aceptación cultural de la homosexualidad, unos pocos líderes religiosos ahora están releyendo la Escritura y generando el apoyo para la hipótesis de que David y Jonatán eran realmente amantes homosexuales”. [1] Algunos han sostenido que David tuvo una inclinación homosexual solo durante una etapa pasajera de su adolescencia, y que esa inclinación homosexual fue desapareciendo cuando Jonatán murió y David tomó esposas y tuvo hijos.

Cuando los activistas homosexuales citan los textos bíblicos que hablan de la relación entre David y Jonatán para justificar su homosexualismo, están cometiendo dos errores. En primera instancia están tergiversando la Escritura al desligar a los textos de su respectivo contexto, y en segunda instancia están citando al Texto Sagrado que se vuelve contra ellos, pues existen porciones de la Escritura que son bastante claras contra la práctica homosexual.

Ninguna parte de la Escritura declara o insinúa que David y Jonatán fueran amantes homosexuales. Lo que estos textos están demostrando es que David amó a Jonatán como uno amaría a un hermano, incluso con una lealtad que superó a la de una relación puramente erótica. Analicemos de manera integral aquellas porciones de la Escritura.

Jonatán y el Pueblo de Israel Amaron a David, Pues David Demostró Ser el Hombre a Quien Dios Escogió Para Liberarlos del Yugo Filisteo

“Aconteció que cuando él [David] hubo acabado de hablar con Saúl, el alma de Jonatán quedó ligada con la de David, y lo amó Jonatán como a sí mismo” (1. Samuel 18:1).

Lo narrado en 1. Samuel 18:1, acontece inmediatamente después de que David venció al gigante Goliat. Jonatán había quedado impresionado de que David derrotara al que estaba asediando a Israel, por lo tanto su actitud fue de mucha admiración y respeto por David, y su amor fue motivado por el sentimiento que uno podría sentir hacia alguien que sea capaz de exponer su vida por la de uno mismo y por la de todo nuestro pueblo. Este es un tipo de adhesión que no está ligada a la demanda de sexo o a la unión carnal. El vocablo hebreo que aquí se ha traducido como amor es ahab, que en otras porciones de la Escritura implica un amor filial o una relación entre amigos, como por ejemplo cuando se dice que Jacob amaba a José más que a todos sus hijos (Génesis 37:3).

Este hecho es mucho más evidente cuando un poco más adelante leemos: “Mas todo Israel y Judá amaba a David, porque él salía y entraba delante de ellos” (1. Samuel 18:16). Todo Israel y Judá amaban a David, pero es totalmente absurdo concluir que todo el pueblo de Israel y de Judá tenía inclinaciones homosexuales o que todo el pueblo tenía deseos sexuales por David. Simplemente ellos estaban confiados de que un líder como David fuera el que los guiara, porque se habían dado cuenta que Jehová el Señor estaba con David (1. Samuel 18:14), y por eso las mujeres cantaban y danzaban diciendo: “Saúl hirió a sus miles, y David a sus diez miles” (1. Samuel 18:7). Esta es la razón por la cual 1. Samuel 18:5, dice: “Y salía David a dondequiera que Saúl le enviaba, y se portaba prudentemente. Y lo puso Saúl sobre gente de guerra, y era acepto a los ojos de todo el pueblo, y a los ojos de los siervos de Saúl”. Esa es también la razón por la cual ese capítulo 18 concluye diciendo: “Y salieron a campaña los príncipes de los filisteos; y cada vez que salían, David tenía más éxito que todos los siervos de Saúl, por lo cual se hizo de mucha estima su nombre” (1. Samuel 18:30).

Jonatán Homenajeó Públicamente a David, Luego de que David Derrotó al Gigante Goliat

“E hicieron pacto Jonatán y David, porque él le amaba como a sí mismo. Y Jonatán se quitó el manto que llevaba, y se lo dio a David, y otras ropas suyas, hasta su espada, su arco y su talabarte” (1. Samuel 18:3-4).

Esta porción está inmersa dentro del mismo capítulo que acabamos de analizar, es decir 1. Samuel 18, y que como lo vimos habla de la admiración de Jonatán (y de todo el pueblo de Israel) por David, pues David demostró ser el hombre a quien Dios escogió para liberarlos del yugo filisteo. Ciertos activistas homosexuales insisten en que estos textos sugieren que Jonatán se desnudó delante de David estimulándolo sexualmente e incluso teniendo relaciones homosexuales con él. [2] Pero aquella porción no dice que Jonatán se haya desnudado por completo delante de David, o que la entrega de aquellas prendas haya sido hecha en la intimidad que requieren dos amantes para la actividad sexual.

Al estudiar las costumbres antiguas, nos damos cuenta que el comportamiento de Jonatán no implicaba ningún significado sexual. “Los regalos de ropajes, o ricas túnicas, como señal de respeto y amistad, es algo frecuente en el Oriente. Y puede verse en Homero y los escritores de la antigüedad, con cuánta frecuencia eran presentadas las armas y prendas de vestir del uno al otro entre los guerreros, como una muestra de amistad”. [3] “El recibir cualquier parte de la vestimenta que hubiera sido usada por un soberano, o hijo mayor y heredero [como es el caso de Jonatán], es considerado en el Oriente como el más alto honor que pueda ser conferido a un sujeto. El cinturón, al estar conectado con la espada y el arco, puede ser considerado como parte de la vestimenta militar, y se le confiere un gran valor en el Oriente”. [4] De manera que con su acción, Jonatán estaba rindiendo un tributo al hombre que había acabado de matar a Goliat y por supuesto este fue un acto público y no íntimo.

Jonatán Protegió la Vida de David, Evitando que Saúl lo Asesinara

“Habló Saúl a Jonatán su hijo, y a todos sus siervos, para que matasen a David; pero Jonatán hijo de Saúl amaba a David en gran manera” (1. Samuel 19:1).

La Historia bíblica nos enseña claramente que el éxito de David desagradó al rey Saúl (padre de Jonatán), pues desde el día que las mujeres cantaron: “Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles”, Saúl se enojó en gran manera, no miró con buenos ojos a David, y vio a David como alguien que le iba a usurpar el reino (1. Samuel 18: 7-9). Además, “Saúl estaba temeroso de David, por cuanto Jehová estaba con él, y se había apartado de Saúl” (1. Samuel 18:12).

Saúl intentó asesinar a David atacándolo con una lanza, pero David lo evadió dos veces (1. Samuel 18:12). Luego lo puso por jefe de mil y lo animó a combatir pensando así que los filisteos lo asesinarían, pero David ganaba todas las guerras (1. Samuel 18:13-17). Después lo desposó con Merab su hija mayor, pero cuando llegó el momento en que debía entregársela, faltó a su pacto y se la entregó a otro hombre llamado Adriel (1. Samuel 18:17-19). [5] Es evidente que Saúl estaba provocando la ira de David, pero David actuó sabiamente tomando las cosas con calma. Posteriormente le prometió que le entregaría a su otra hija llamada Mical, si le traía los prepucios de cien filisteos. Saúl pensó que esta vez los filisteos matarían a David, pero nuevamente David obtuvo la victoria (1. Samuel 18:20-27). De otro lado, la estima de David se acrecentaba dentro del pueblo y dentro de la propia familia de Saúl  (1. Samuel 18:28, 19:1). Por todo esto, Saúl tuvo aún más temor de David y fue su enemigo todos los días (1. Samuel 18:29). (La promesa de Saúl de dar por mujer a David, primero a su hija Merab y luego a su hija Mical, demuestra que Saúl no consideraba a David un homosexual).

1. Samuel 19, dice que Saúl ordenó a todos sus siervos e incluso a Jonatán que asesinaran a David. Debido a que Jonatán amaba a David, le dio aviso para que se refugiara y además intercedió ante Saúl para que retirara esta orden y le recibiera nuevamente en su palacio (1. Samuel 19:1-7). Este es un gran ejemplo de amistad y amor filial que es común entre los hombres heterosexuales que harían lo posible para proteger la vida de un ser querido de su mismo sexo. De manera que no hay que añadirle al Texto Sagrado una supuesta relación homosexual para poder explicar el comportamiento de Jonatán.

Pero los perversos deseos de asesinar a David no se alejaron de Saúl, y muy pronto trató nuevamente de atravesar a David con una lanza, pero David huyó (1. Samuel 19:10). Luego Saúl envió hombres para que lo asesinaran en su casa, pero Mical lo descolgó por una ventana ayudándolo a escapar (1. Samuel 19:11-18).

En 1. Samuel 20, David buscó a Jonatán para tratar de entender la razón por la cual Saúl deseaba darle muerte. Jonatán le dice que por ahora no conoce de ningún nuevo plan de parte de Saúl para asesinarlo, pero David le dice: -Tu padre sabe bien que tú me estimas y por eso no te contará nada al respecto- (1. Samuel 20:1-3). Jonatán le promete que en caso de que llegue a saber de algo malo, se lo hará saber inmediatamente (1. Samuel 20:9). Pero más interesante aún, Jonatán demuestra que ha entendido que la voluntad de Dios es que David reine sobre Israel, y eso nos lleva a entender mucho mejor el comportamiento de Jonatán respecto a David. Por eso Jonatán confesó: “esté Jehová contigo, como estuvo con mi padre” (1. Samuel 20:13), deseando que el Espíritu de Dios estuviera con David tal como estuvo con Saúl mientras que éste permaneció fiel a Dios durante su reinado. Jonatán también le hizo prometer a David que cuando alcanzara el reino, tuviera misericordia de él y de su descendencia (1. Samuel 20:14-17). Si Jonatán hubiera pensado con un corazón carnal no hubiera hecho esto, pues nominalmente él era el heredero al trono de Saúl su padre. Pero Jonatán sabía que Dios había ungido a David por rey sobre Israel por medio del profeta Samuel (1. Samuel 16:1-13). Esta es la razón por la cual encontramos las siguientes palabras.

“Así hizo Jonatán pacto con la casa de David, diciendo: Requiéralo Jehová de la mano de los enemigos de David. Y Jonatán hizo jurar a David otra vez, porque le amaba, pues le amaba como a sí mismo” (1 Samuel 20:16-17).

Jesucristo dijo: “El primer mandamiento de todos es: Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12:29-31). Jonatán supo renunciar a su propio orgullo para aceptar la voluntad de Dios con respecto a que David tomara el trono de Israel, y esto no le fue difícil porque amaba a su prójimo David como a sí mismo.  “…amar al prójimo como a uno mismo, es más que todos los holocaustos y sacrificios” (Marcos 12:33). Jonatán estaba acatando el mandamiento de Levítico 19:18, y estaba cumpliendo la Ley, “porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Gálatas 5:14). El apóstol Jacobo también escribió que la Ley real conforme a la Escritura se cumple al amar al prójimo como a uno mismo (Santiago 2:8).

Uno no tiene por qué convertirse en un homosexual para obedecer el segundo más grande de todos los mandamientos, y por eso es un error craso sostener que Jonatán era homosexual por el simple hecho de haber amado a David como a sí mismo, obedeciendo la Ley de Dios.

“Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre? Ahora pues, manda a traérmelo, porque ciertamente ha de morir.” (1. Samuel 20:30-31).

1. Samuel 20:30-31, simplemente testifica que Jonatán se puso del lado de David y no del lado de Saúl (quien era su padre), y por eso Saúl maldijo a Jonatán. En esta porción de la Escritura no se dice que Jonatán escogió a David como pareja homosexual o alguna cosa por el estilo, así que añadir aquellas cosas al Texto Sagrado es hacer violencia contra su contenido.

“Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado del sur, y cayendo rostro en tierra, se postró tres veces. Y se besaron el uno al otro y lloraron juntos, pero David lloró más.” (1 Samuel 20:41).

1. Samuel 20:41 está mostrando la huída de David hacia tierras lejanas, y por ende muestra también la despedida de dos grandes amigos que sabían que era muy difícil que volvieran a verse otra vez y por esa razón lloraron. No hay que ser homosexual para conmoverse y llorar al despedir a un gran amigo. Además, el hecho de que David y Jonatán se hayan besado no los convierte en homosexuales, porque aquí no se está hablando de besos de erotismo. Actualmente es muy común que los hombres del Medio Oriente se besen en las mejillas para saludarse y despedirse. En los tiempos bíblicos la costumbre era similar. La palabra hebrea usada aquí para besarse es nashaq, a la cual la Biblia usa en otras ocasiones para describir el saludo cultural de aquellas tierras. Por ejemplo Labán abrazó, besó y trajo a su casa a su sobrino Jacob (Génesis 29:13); Esaú abrazó y besó a su hermano Jacob y ambos lloraron (Génesis 33:4); Samuel besó a David y lo ungió por rey (1. Samuel 10:1); y David besó a Barzilai y lo bendijo (2. Samuel 19:39).

La Endecha de David en Honor a Jonatán

“Angustia tengo por ti, hermano mío Jonatán, que me fuiste muy dulce.  Más maravilloso me fue tu amor que el amor de las mujeres” (2. Samuel 1:26).

Una endecha es una canción triste o de lamento. En este caso la endecha fue compuesta por David en honor a Jonatán y a Saúl, tras haberse enterado de que los filisteos les habían dado muerte. Si uno lee toda la endecha podrá percibir que se trata de un lamento por la pérdida de dos grandes, de dos valientes. Lo que David quiere transmitir, es que él amó a Jonatán con un sentimiento que supera a una relación basada puramente en el erotismo, pues estos dos hombres ciertamente estaban unidos como hermanos. “Es importante notar que no fue una carta de amor lo que David le escribió a Jonatán. Fue una endecha poética ante el dolor, y no fue hecha para uno sino para dos personajes que para David eran amados. ¡Note el verso 23: A ambos endechó David! En una composición poética caben exageraciones verbales o escritas como las que David expresó en el verso 26”. [6]

Conclusión

Cuando los homosexuales citan la Escritura, especialmente los textos que hablan de la entrañable amistad entre David y Jonatán para intentar justificar la práctica abominable de la homosexualidad, se están metiendo en un gran problema, pues al citar una porción de la Biblia, entonces se están comprometiendo a citarla toda. Cuando se tiene una visión integral sobre la relación entre David y Jonatán, se hace evidente que ellos no eran homosexuales. Además, la Biblia se vuelve contra los homosexuales y condena su práctica homosexual, pues existen porciones bastante claras que solo necesitan de una simple lectura para entenderlo. Por ejemplo Levítico 18:22, 20:13, Romanos 1:26-27, 1. Corintios 6:9-10, 1. Timoteo 1:9-10, Judas 1:6-7 y 2. Pedro 2:6-10.


Referencias

[1] Anónimo. ¿Eran David y Jonatán Amantes Homosexuales?
http://obrerofiel.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads//2010/10/Eran-David-y-Jonatan-Amantes-Homosexuales.pdf
[2] Por ejemplo en el sitio Opción Gay®, aparece un artículo titulado: “David y Jonatán”, donde un autor anónimo hace las siguientes tergiversaciones una vez que ha desligado a 1. Samuel 18:1:4 de su contexto. Dice: “Es evidente que se quitó la ropa para hacer el amor con David, y así sellar su pacto de amor; no hay duda de esta relación entre dos hombres que se aman "como a sí mismo," se amaban fuertemente; incluso, vivieron los dos, es indudable que Jonatán antes de partir a la guerra se casó con David, recibió la aprobación y bendición por parte de su padre Saúl, antes de morir pasó un momento de intimidad con David; luego, hicieron algo parecido como a un intercambio de ropa”.
http://opciongay.blogspot.com/2011/01/david-y-jonatan.html?zx=316e68e01dab05d
[3] Adam Clarke. Comentario de la Santa Biblia. Citado en:
http://obrerofiel.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads//2010/10/Eran-David-y-Jonatan-Amantes-Homosexuales.pdf
[4] Jamieson, Fausset y Brown. Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia. Citado en:
http://obrerofiel.s3.amazonaws.com/wp-content/uploads//2010/10/Eran-David-y-Jonatan-Amantes-Homosexuales.pdf
[5] En las costumbres hebreas había una marcada diferencia entre el desposorio y el matrimonio mismo. Había por lo menos un periodo de un año entre el uno y el otro evento. Para el desposorio, se reunían las familias del novio y de la novia los cuales servían como testigos, mientras que el joven daba a la joven ya sea un anillo de oro o algún otro artículo de valor, o simplemente un documento en que prometía casarse con ella. Desde el momento en que una mujer se desposaba con un hombre, ya se consideraba como casada con él, a pesar de que el matrimonio todavía no se hubiera consumado. Por esa razón, si durante el tiempo del desposorio una mujer tenía intimidad con otro hombre diferente a su desposado, era considerada una adúltera. La Ley hacía diferencia entre los dos eventos, al decir: "¿Y quién se ha desposado con mujer y no la ha tomado?" (Deuteronomio 20:7).
[6] David Zúñiga. Aporte en el sitio de facebook Pentecostales Apostólicos del Nombre de Jesucristo, el 5 de abril de 2012
http://www.facebook.com/groups/119852081377402/


Ver También:

¿Homofobia? ¡De Ningún Modo!
Reflexión Bíblica Sobre el Homosexualismo
La Homosexualidad y La Biblia
David y Jonatán No Eran  Homosexuales
Razones Sociales y Científicas para Oponerse al "Matrimonio" Homosexual
Consecuencias Imprevistas del "Matrimonio" Homosexual
Lesbiana Embarazada fue Presentada como el Primer "Hombre" Embarazado (No Hay un Tercer Sexo)

jueves, 19 de abril de 2012

La Religión de Israel

Por Samuel J. Shultz. © Todos los derechos reservados.
Capítulo 4 del Libro: Habla El Antiguo Testamento


El campamento en el monte tuvo un propósito. En menos de un año, el pueblo de la alianza con Dios se convirtió en una nación. La alianza estableció con el Decálogo las leyes para una vida santificada, la construcción del Tabernáculo, la organización del Sacerdocio, la institución de las ofrendas y las observancias de las fiestas y estaciones del año, todo lo cual capacitaba a Israel para servir a Dios de una forma efectiva (Ex. 19:1 y Nums. 10:10).

La religión de Israel fue una religión revelada. Durante siglos, los israelitas habían sabido que Dios hizo un pacto con Abraham, Isaac y Jacob, si bien experimentalmente no habían sido conscientes de su poder y manifestaciones hechas en su nombre. Dios realizó un propósito deliberado con esta alianza al liberar a Israel del cautiverio egipcio y de la esclavitud (Ex. 6:2-9). Y fue en el monte Sinaí, donde el propio Dios se reveló así mismo al pueblo de Israel.

La experiencia de Israel y la revelación de Dios en aquel campamento está registrada en Éxodo 19 y hasta Levítico 27. Las siguientes subdivisiones pueden servir como una guía para ulteriores consideraciones:

I. Pacto de Dios con Israel - Éxodo 19:3 - 24:8.

Preparación para el encuentro con Dios - 19:3-25.
El Decálogo - 20:1-17.
Ordenanzas para Israel - 20:18 - 23:33.
Ratificación del pacto - 24:1-8.

II. El lugar para la adoración - Levítico 4:9 - 40:38.

Preparación para su construcción - 24:10 - 31:18.
Idolatría y juicio - 32:1 - 34:35.
Construcción del Tabernáculo - 35:1 - 40:38.

III. Instrucciones para un santo vivir - Levítico 1:1 - 27:34.

Las ofrendas - 1:1 - 27:34.
El sacerdocio - 8:1 - 10:20.
Leyes de purificación - 11:1 - 15:33
El día de la expiación - 16:1 - 34
Prohibición de costumbres paganas - 17:1 - 18:30
Leyes de la santidad - 19:1-22:33
Fiestas y estaciones - 23:1 - 25:55
Condiciones para las bendiciones - 26:1 - 27:34

El Pacto

Habiendo estado en cautiverio y en un entorno idolátrico, Israel a partir de entonces iba a ser un pueblo totalmente devoto de Dios. Por un acto sin precedentes en la historia, ni repetido desde entonces, quedó repentinamente cambiado desde una situación de esclavitud a la de una nación libre e independiente. Allí, en el Sinaí, sobre la base de su liberación, Dios hizo un pacto por el que sería su nación sagrada.

Israel fue instruido para prepararse por tres días para el establecimiento de esta alianza. A través de Moisés, Dios reveló el Decálogo, otras leyes e instrucciones para la observación de fiestas sagradas. Bajo el liderazgo de Aarón, dos de sus hijos y setenta ancianos, el pueblo adoró a Dios con ofrendas de fuego y de paz. Tras de que Moisés hubo leído el libro de la alianza, ellos respondieron aceptando sus términos. La aspersión de la sangre sobre el altar y sobre el pueblo selló el acuerdo. Israel tuvo la seguridad de que sería llevado a la tierra de Canaán a su debido tiempo. La condición del pacto era la obediencia. Los miembros individuales de la nación podían perder sus derechos a la alianza por la desobediencia. Sobre las llanuras de Moab, Moisés condujo a los israelitas a un público acto de renovación de todo aquello antes de su muerte (Deuteronomio. 29:1).

El Decálogo


Las diez palabras o diez mandamientos constituyen la introducción al pacto. Las enumeraciones más comunes del Decálogo, como se consideran en el presente son:

La mayor parte de los protestantes y la Iglesia Católica Griega Luteranos e Iglesia Católica Romana
(Orden de Josefo) (Orden de Agustín)
1. Dioses extraños, Ex. 20:2-3 1. Dioses extraños e imágenes, Ex. 20:2-6
2. Imágenes, 20:4-6 2. Nombre de Dios
3. Nombre de Dios 3. Sábado
4. Sábado 4. Padres
5. Padres 5. Matar
6. Matar 6. Adulterio
7. Adulterio 7. Robar
8. Robar 8. Falso testimonio
9. Falso testimonio 9. Desear la casa del prójimo
10. Ambicionar 10. Ambicionar la casa, la propiedad o la mujer del prójimo

Los judíos difieren de Josefo al utilizar Ex. 20:2 como el primer mandamiento y los versículos 3-6 como el segundo. La división usada por los judíos desde los primeros siglos del Cristianismo, coloca el versículo 2 aparte como el primer mandamiento y combina los versículos 3-6 como el segundo. La enumeración agustina difería ligeramente de la lista citada anteriormente en que el noveno mandamiento se refiere a la avaricia y el deseo hacia la esposa del prójimo, mientras que la propiedad estaba agrupada bajo el décimo mandamiento, siguiendo el orden establecido en el Deuteronomio.

Distribuyendo los diez mandamientos en dos tablas, los judíos desde Filón hasta el presente, las dividen en dos grupos de cinco cada una. Puesto que la primera pentada es cuatro veces tan larga como la segunda, esta división puede estar sujeta a discusión. Agustín asignó tres a la primera tabla y siete a la segunda, comenzando la última con el mandamiento de honrar padre y madre. Calvino y muchos otros, que siguieron la enumeración de Josefo, utilizan la misma división en dos partes, con cuatro en la primera tabla y seis en la segunda. Esta división en dos partes por Agustín y Calvino, asigna todos los deberes hacia Dios en la primera tabla. Los deberes hacia los hombres quedan consignados en la segunda. Cuando Jesús redujo los diez mandamientos en dos en Mateo 22:34-40, pudo haber aludido a tal división.

La característica distintiva del decálogo es evidente en los primeros dos mandamientos. En Egipto eran adorados muchos dioses. Las plagas habían sido dirigidas contra los dioses egipcios. Los habitantes de Canaán también eran politeístas. Israel iba a ser distinto y único como el propio pueblo de Dios, caracterizado por una singular devoción a Dios y solo a Dios. Consecuentemente, la idolatría era una de las peores ofensas en la religión de Israel.

Dios entregó a Moisés la primera copia del decálogo en el monte Sinaí. Moisés rompió aquellas tablas de piedra sobre las cuales fueron escritos los diez mandamientos por el dedo de Dios, cuando comprobó que su pueblo estaba rindiendo culto al becerro de oro fundido. Tras de que Israel fuese debidamente castigado, pero salvado de la aniquilación mediante la plegaria intercesora de Moisés, Dios le ordenó que le proporcionase dos tablas de piedra (Deut. 10:2, 4). Sobre tales tablas, Dios escribió una vez más el Decálogo. Aquellas tablas fueron más tarde colocadas en el Arca del Pacto.

Las Leyes Para un Vivir Santo


La expansión de las leyes morales y sus regulaciones adicionales para un vivir santo, fueron instituidas para guiar a los israelitas en su conducta como pueblo santificado por Dios (Ex. 20-24; Lev. 11-26). La simple obediencia a esas leyes morales, civiles y ceremoniales, les distinguirían de todas las naciones que les circundaban.

Esas leyes para Israel pueden ser entendidas mejor a la luz de las culturas contemporáneas de Egipto y Canaán. El matrimonio entre hermano y hermana, que era cosa común en Egipto, quedaba prohibido. Las regulaciones concernientes a la maternidad y al nacimiento de los hijos, no solamente les recordaban que el hombre es una criatura pecadora, sino que se erigía contra la perversión sexual como contraste contra la prostitución y el sacrificio de los niños asociado con sus ritos religiosos y con las ceremonias de los cananeos. Las leyes del alimento purificado y las restricciones concernientes al sacrificio de animales, tenían como fin evitar que los israelitas se conformaran con las costumbres egipcias, asociadas con rituales idolátricos. Los israelitas, habiendo vivido y conservado frescas las memorias y recuerdos de la esclavitud, debían ser instruidos en dejar algo para los pobres en el tiempo de las cosechas, proveer para los sin ayuda, honrar a los ancianos, y rendir un constante ejemplo de justicia en todas sus relaciones humanas. Conforme como se disponga de un mayor conocimiento relativo al medio religioso contemporáneo de Egipto y Canaán, es verosímil que muchas de las restricciones para los israelitas parezcan más razonables a la mente moderna.
Las leyes morales eran permanentes, pero muchas de las civiles y ceremoniales, eran temporales en naturaleza. La ley que limitaba el sacrificio de animales para alimento destinado al santuario central, fue abrogada cuando Israel entró en Canaán (comparar Lev. 17 y Deut. 12:20-24).

El Santuario


Hasta aquel tiempo, el altar había sido el lugar del sacrificio y del culto. Una de las costumbres de los patriarcas era que deberían erigir un altar allí donde fuesen. Allá en el monte Sinaí, Moisés construyó un altar, con doce pilares representando las doce tribus, sobre el cual los jóvenes de Israel ofrecían sacrificios para la ratificación del pacto (Ex. 24:4 ss.). Un "Tabernáculo de Reunión" que se menciona en Ex. 33, fue erigido "fuera del campamento". Aquello servía temporalmente solo como el lugar de reunión para todo Israel, pero también como el lugar de la divina revelación. Puesto que ningún sacerdocio había sido organizado, Josué fue el único ministro. Siguiendo inmediatamente la ratificación del Pacto, Israel recibió la orden de construir un tabernáculo de tal forma que Dios pudiese "habitar en medio de él" (Ex. 25:8). En contraste con la proliferación de templos en Egipto, Israel tenía un solo santuario. Los detalles se dan explícitamente en Ex. 25-40.

Bezaleel de la tribu de Judá, fue nombrado jefe responsable de la construcción. Trabajando junto a él, estaba Aholiab de la tribu de Dan. Estos hombres estaban especialmente insuflados con el "Espíritu de Dios" y "capacidad e inteligencia" para supervisar el edificio del lugar del culto (Ex. 31,35-36). Asistiéndoles, se encontraban muchos otros hombres que se hallaban divinamente motivados y dotados con capacidad para llevar a cabo sus tareas particulares. Los ofrecimientos por la libre voluntad del pueblo suministraban material más que suficiente para el logro propuesto.


El espacio cerrado destinado al tabernáculo era comúnmente conocido y llamado el atrio (Ex. 27:9-18; 38:9-20). Con un perímetro de 300 codos (142 metros) aquel receptáculo estaba marcado por una cortina de fino lienzo retorcido colgado sobre pilares de bronce con ganchos de plata. Aquellos pilares eran de dos metros de altura y espaciados dos metros uno de otro. La única entrada (de nueve metros de anchura) se encontraba al final de la cara oriental.

La mitad oriental de este atrio constituía el cuadrado de los adoradores. Allí, el israelita hizo sus ofrendas en el altar del sacrificio (Ex. 27:1-8; 38:1-7). Este altar de bronce (tres metros cuadrados y casi dos de altura) con cuernos en cada esquina, fue construido con acacia recubierta de bronce. El altar era portátil equipado con escalones y anillas. Más allá del altar surgía la fuente (Ex. 30:17-21; 38:8, 40:30) que también fue construido en bronce. Allí los sacerdotes se lavaban los pies en preparación para su oficio en el altar de los sacrificios o en el tabernáculo.

En la mitad occidental del atrio, aparecía el tabernáculo propiamente dicho. Con una longitud de 13'50 mts. y una anchura de 4'80 mts., estaba dividido en dos partes. La única entrada abierta hacia el oriente, daba acceso al lugar sagrado de nueve mts. de largura, accesible a los sacerdotes. Más allá del velo estaba el Lugar Santísimo (4'5 x 4'5 mts.) donde el Sumo Sacerdote tenía permiso para entrar en el Día de la Expiación.

El tabernáculo en sí mismo estaba hecho de 48 tablas de 4'5 mts. de altura y casi 70 cms. de ancho, con 20 a cada lado y ocho en el extremo occidental. Hecho todo ello con madera de acacia sobrecubierta de oro (Ex. 26:1-37; 36:20-38), las planchas quedaban sujetas por medio de barras y encastres de plata. El techo consistía en una cortina de fino lienzo retorcido en colores azul, púrpura y carmesí con figuras de querubines. La cubierta externa principal estaba fabricada con pelo fino de cabra, que servía como protección para el lienzo. Dos cubiertas más, una hecha con pieles de carnero y otra de pieles de tejones, tenían como finalidad proteger las dos primeras. Dos velos del mismo material de la primera cubierta eran usados para los lados oriental y occidental del tabernáculo y también para la entrada del lugar santo. Sin embargo, la exacta construcción del tabernáculo no puede ser determinada, puesto que no se suministran detalles en el relato escritural.

En el lugar santo había colocadas tres piezas del mobiliario: la mesa de los panes de la proposición al norte, el candelero de oro hacia el sur y el altar del incienso ante el velo separando el lugar santo del lugar santísimo (Ex. 40:22-28).

La mesa de los panes de la proposición estaba hecha de acacia, recubierta de oro puro teniendo alrededor una cornisa también de oro, rodeada con un reborde de un palmo coronado todo ello de oro. Se hicieron cuatro anillas de oro para los cuatro pies en sus ángulos. Los anillos estaban por debajo de la cornisa para pasar por ellos las barras con que tenía que ser llevada (Ex. 25:23-30; 37:10-16). Además, platos, cucharas, copas y tazas para las libaciones, todo de oro puro. Sobre la mesa se ponían cada sábado doce panes para la proposición, que eran comidos por los sacerdotes (Lev. 24:5-9).

El candelabro de oro puro, todo él en su base y en su tallo era trabajado a cincel (Ex. 25:31-39; 37:17-24). La forma y medidas del pedestal aparecen inciertas. De sus lados salían seis brazos, tres de un lado y tres del otro. Tres copas en forma de flor de almendro con un capullo y una flor en un brazo y otras tres copas de la misma forma en el otro. El tallo del candelabro tenía también cuatro copas en forma de almendro en flor con sus capullos y sus flores. Un capullo bajo los dos primeros brazos que salen del candelabro, otro bajo los otros dos y un tercero bajo los dos últimos que arrancaban también del candelabro. El conjunto de capullos y brazos formaba una sola pieza con el candelabro. Todo en oro puro trabajado a cincel. Cada tarde los sacerdotes llenaban las lámparas con aceite de oliva suministrado por los israelitas, para proveer de luz durante toda la noche (Ex. 27: 20-21; 30:7-8).

El altar dorado, primeramente usado para la quema del incienso, quedaba en el lugar santo ante la entrada en el lugar santísimo. Hecho de acacia recubierta de oro, este altar tenía casi un metro de altura y 46 cms. cuadrados. Tenía un reborde de oro alrededor de la parte superior y un cuerno y un anillo sobre cada esquina, de forma que pudiera ser convenientemente transportado con varas (Ex. 30:1-10, 28, 34-37). Cada mañana y cada tarde al llegar los sacerdotes al candelabro, quemaban incienso utilizando fuego procedente del altar de bronce.

El arca del pacto o del testimonio, era el objeto más sagrado en la religión de Israel. Esta, y solamente esta, tenía su sitio especial en el lugar santísimo. Hecha de madera de acacia recubierta de oro puro por dentro y por fuera, este cofre tenía 1'15 mts. de largo con una profundidad y anchura de setenta centímetros (Ex. 25:10-22; 37:1-9). Con anillos de oro y varas en cada lado, los sacerdotes podían fácilmente transportarla. La cubierta del arca era llamada el propiciatorio. Dos querubines de oro permanecían sobre la tapa, de frente uno respecto del otro con sus alas cubriendo el centro del propiciatorio. Este lugar representaba la presencia de Dios. A diferencia de los paganos, no existía ningún objeto material para representar al Dios de Israel en el espacio que mediaba entre los querubines. El Decálogo claramente prohibía alguna imagen o semejanza de Dios. No obstante, este propiciatorio era el lugar donde Dios y el hombre se encontraban (Ex. 30:6), donde Dios hablaba al hombre (Ex. 25:22; Núm. 7:89), y donde el sumo sacerdote aparecía en el día de la expiación para rociar la sangre para la nación de Israel (Lev. 16:14). Dentro del arca propiamente dicha, estaba depositado el Decálogo (Ex. 25:21; 31:18; Deut. 10:3-5), un frasco de maná (Ex. 16:32-34), y la vara de Aarón que floreció (Núm. 17:10). Antes de que Israel entrase en Canaán, el libro de la Ley fue colocado cerca del Arca (Deut. 31:26).

El Sacerdocio

Anterior a los tiempos de Moisés las ofrendas eran usualmente hechas por el jefe de una familia, que oficialmente representaba a su familia en el reconocimiento y la adoración de Dios. Excepto por la referencia de Melquisedec como sacerdote de Dios en Gen. 14:18, no se menciona oficialmente el oficio o cargo de sacerdote. Pero ya que Israel había sido redimido de Egipto, el oficio del sacerdote se hizo de una significante importancia.

Dios deseó que Israel fuese una nación santa (Ex. 19:6). Para una ministración adecuada y una adoración y culto efectivos, Dios designó a Aarón para servir como sumo sacerdote durante la permanencia de Israel en el desierto. Asistiéndole, estaban sus cuatro hijos: Nadab, Abiú, Eleazar e Itamar. Los dos primeros fueron más tarde castigados en juicio por llevar fuego no sagrado al interior del tabernáculo (Lev. 8:10; Núm. 10:2-4). En virtud de haber escapado a la muerte en Egipto, el primogénito de cada familia pertenecía a Dios. Elegidos como sustitutos por cada hijo mayor de cada familia, los levitas auxiliaban a los sacerdotes en su ministerio (Núm. 3:5-13; 8:17). En esta forma, la totalidad de la nación estaba representada en el ministerio sacerdotal.

Las funciones de los sacerdotes eran varias. Su primera responsabilidad era mediar entre Dios y el hombre. Oficiando en las ofrendas prescritas, ellos conducían al pueblo asegurándoles la expiación por el pecado (Ex. 28:1-43; Lev. 16:1-34). El discernimiento de la voluntad de Dios para el pueblo era la más solemne obligación (Núm. 27:21; Deut. 33:8). Siendo custodios de la ley, también estaban comisionados para instruir al laicado. El cuidado y la administración del tabernáculo también estaba bajo su jurisdicción. Consecuentemente, los levitas estaban asignados para asistir a los sacerdotes en la ejecución de las muchas responsabilidades asignadas a ellos.

La santidad de los sacerdotes es aparente en los requerimientos para un vivir santo, al igual que en los prerrequisitos para el servicio (Lev. 21:1-22:10). La ejemplaridad en la conducta era especialmente aplicada por los sacerdotes como obligación de tener un especial cuidado en cuestiones de matrimonio y de disciplina de la familia. Mientras que las taras físicas les excluían permanentemente del servicio sacerdotal, la falta de limpieza ceremonial resultante de la lepra, o de contactos prohibidos, les descalificaba temporalmente del ministerio. Las costumbres paganas, la profanación de las cosas sagradas, y la contaminación, eran cosas que tenían que ser evitadas por los sacerdotes en todas las ocasiones. Para el sumo sacerdote las restricciones eran todavía mucho más exigentes (Lev. 21:1-15).

La santidad peculiar para los sacerdotes también estaba indicada por los ornamentos que tenían instrucciones de vestir. Hechos de materiales escogidos y de la mejor labor artesana, tales vestiduras adornaban a los sacerdotes en belleza y en dignidad. El sacerdote vestía una túnica, un cinturón, una tiara y unos calzoncillos, todo ello fabricado con lino fino (Ex. 28:40-43; 39:27-29). La túnica era larga, sin costuras y con mangas de lino fino, que le llegaban casi hasta los pies. El cinturón, aunque no está descrito en particular, se ponía por encima de la túnica. De acuerdo con Ex. 39:29, el azul, el púrpura y el escarlata, eran trabajados en el hilo blanco del cinturón con aguja, correspondiendo a los materiales y colores utilizados en el velo y ornamentos del tabernáculo. El manto del sacerdote terminaba con un casquete plano, en forma de bonete. Bajo la túnica tenía que usar calzoncillos de hilo fino cuando entraba en el santuario (Ex. 28:42).

El sumo sacerdote se distinguía por ornamentos adicionales que consistían en una túnica bordada, un efod, un pectoral y una mitra para la cabeza (Ex. 28:4-39). El vestido, que se extendía desde el cuello hasta por debajo de las rodillas, era azul y muy liso, excepto por unas granadas y campanillas adheridas al fondo. El primero, de color azul, púrpura o escarlata, tenía un propósito ornamental. Las campanillas, hechas en oro, estaban diseñadas para conducir a la congregación que esperaba en cualquier momento, la entrada del sumo sacerdote en el lugar santísimo, en el día de la expiación.

El efod consistía en dos piezas de hilo hecho de oro, azul, púrpura y escarlata, unidas entre sí con tiras en los hombros. En las caderas, una pieza extendida en forma de banda en la cintura, sostenía a ambas en su lugar. Sobre cada pieza de los hombros del efod, el sumo sacerdote vestía una piedra preciosa con los nombres de seis tribus grabadas por el orden de su nacimiento. Para hacer la cuenta igual, los levitas eran omitidos, puesto que ellos asistían a los sacerdotes, o posiblemente José contaba por Efraín y Manases. En esta forma, el sumo sacerdote representaba la totalidad de la nación de Israel en su ministerio de mediación. Adornando el efod, llevaba dos bordes dorados y dos pequeñas cadenas de oro puro.

En el pectoral, una especie de bolsa cuadrada, de 25 cms., se hallaba el más lujoso, magnífico y misterioso complemento del vestido del sumo sacerdote. Cadenas de oro puro lo eslabonaban a la tira del hombro del efod. El fondo estaba atado con encaje azul a la banda de la cintura. Todo de piedras grabadas con los nombres tribales, estaban montadas en oro sobre la plancha pectoral, sirviendo como un visible recordatorio de que el sacerdote representaba a la nación ante Dios. El Urim y el Tumim, que significaban "luces" y "perfección" estaban situados en el pliegue de la citada plancha del pecho (Ex. 28:30, Lev. 8:8). Se conoce poco respecto a su función o del procedimiento prescrito del sacerdote oficiante; pero el hecho importante permanece, aquello proveía un medio de discernir la voluntad de Dios.

Igualmente significativo era la vestidura de la cabeza o turbante del sumo sacerdote. Extendido por toda la frente y adherido al turbante, llevaba una lámina de oro puro sobre la cual se hallaba escrito "Santidad al Señor". Ello constituía un permanente recordatorio de que la santidad es la esencia de la naturaleza de Dios. Mediante un precepto expiatorio, el sumo sacerdote presentaba a su pueblo como santo ante Dios. Por medio de los sagrados ornamentos el sumo sacerdote, lo mismo que los sacerdotes ordinarios, manifestaba, no solamente la gloria de este ministerio de mediación entre Dios e Israel, sino también la belleza en el culto por la mezcla del colorido de la ornamentación corporal con el santuario.

En una elaborada ceremonia de consagración, los sacerdotes estaban colocados aparte para su ministerio (Ex. 29:1-37; 40:12-15; Lev. 8:1-36). Tras un lavatorio con agua, Aarón y sus hijos eran vestidos con los ornamentos sacerdotales y ungidos con aceite. Con Moisés oficiando como mediador, se ofrecía un buey joven como ofrenda por el pecado, no solamente para Aarón y sus. hijos, sino para la purificación del altar de los pecados asociados con su servicio. Esto solía ir seguido por un holocausto en donde se sacrificaba un morueco de acuerdo con el ritual usual. Otros de estos animales eran entonces presentados como ofrenda de paz en una ceremonia especial. Moisés aplicó la sangre al dedo pulgar derecho, a la oreja derecha y al dedo gordo del pie derecho de cada sacerdote. Después tomó la grasa, la pierna derecha y tres trozos de repostería, que eran normalmente distribuidos al sacerdote oficiante y los presentaba a Aarón y a sus hijos, quienes hacían con ellos ciertos signos y movimientos antes de ser consumidos sobre el altar. Tras ser presentada como ofrenda, la pechuga era hervida y comida por Moisés y los sacerdotes. Precediendo a esta comida sacrificial, Moisés rociaba el aceite de los ungüentos y la sangre sobre los sacerdotes y sus vestiduras. Esta impresionante ceremonia de ordenación era repetida cada uno de siete días sucesivos, santificando a los sacerdotes para su ministerio en el tabernáculo. En esta forma la totalidad de la congregación se hacía consciente de la santidad de Dios cuando el pueblo llegaba hasta los sacerdotes con sus ofrendas.

Las Ofrendas


Las leyes sacrifíciales e instrucciones dadas en el Monte Sinaí, no implicaban la ausencia de las ofrendas anteriormente a este tiempo. Si puede o no ser discutida la cuestión de las varias clases de ofrendas en el sentido que fuesen claramente distinguidas y conocidas por los israelitas, la práctica de hacer sacrificios era indudablemente familiar, de cuanto se deduce de lo registrado acerca de Caín, Abel, Noé y los patriarcas. Cuando Moisés apeló al Faraón para dejar en libertad al pueblo de Israel, ya había anticipado las ofrendas y sacrificios haciéndolo así antes de su partida de Egipto (Ex. 5:1-3; 18:12, y 24:5).

Ahora que Israel era una nación libre y en relación de alianza con Dios, se dieron instrucciones específicas que concernían a las varias clases de ofrendas. Llevándolas como estaban prescritas, los israelitas tenían la oportunidad de servir a Dios de manera aceptable (Lev. 1-7).

Cuatro clases de ofrendas implicaban el esparcir de la sangre: la ofrenda que tenía que ser quemada, la ofrenda de la paz, la ofrenda del pecado y la ofrenda de culpa. Los animales estimados como aceptables para el sacrificio eran animales limpios de manchas cuya carne podía ser comida, tales como corderos, cabras, bueyes o vacas, viejos o jóvenes. En caso de extrema pobreza estaba permitida la ofrenda de una paloma o un pichón.

Las reglas generales para hacer el sacrificio eran como sigue:

1. Presentación del animal en el altar
2. La mano del oferente se colocaba sobre la víctima
3. La muerte del animal
4. El rociado de la sangre sobre el altar
5. Quemar el sacrificio

Cuando un sacrificio era ofrecido por la nación, oficiaba el sacerdote. Cuando un individuo sacrificaba por sí mismo, llevaba al animal, colocaba su mano sobre él y lo mataba. El sacerdote, entonces, rociaba la sangre y quemaba el sacrificio. El que ofrecía, no podía comer la carne del sacrifio, excepto en el caso de una ofrenda de paz. Cuando se producían varios sacrificios al mismo tiempo, la ofrenda por el pecado precedía al holocausto y a la ofrenda de paz.

Holocausto

La característica distintiva respecto al holocausto, era el hecho de que la totalidad del sacrificio era consumido sobre el altar (Lev. 1:5-17; 6:8-13). No estaba excluida la expiación, puesto que ésta era parte de todo sacrificio de sangre. La completa consagración del oferante a Dios quedaba significada por la consunción de la totalidad del sacrificio. Tal vez Pablo hacía referencia a esta ofrenda en su llamamiento para la completa consagración (Rom. 12:1). Israel tenía ordenado el mantener una continua ofrenda de fuego día y noche, por medio de ese fuego sobre el altar de bronce. Se ofrecía un cordero cada mañana y cada tarde, y de ahí el recordatorio de Israel de su devoción hacia Dios (Ex. 29:38-42; Núm. 28:3-8).

La Ofrenda de Paz

La ofrenda de paz era totalmente voluntaria. Aunque la representación y la expiación estaban incluidas, la característica primaria de esta ofrenda era la comida sacrificial (Lev. 3:1-17; 7:11-34; 19:5-8; 22:21-25). Esto representaba una comunicación viviente y una camaradería y amistad entre el hombre y Dios. Se permitía a la familia y a los amigos unirse al oferente en esta comida sacrificial (Deut. 12:6-7, 17-18). Puesto que era un sacrificio voluntario, cualquier animal, excepto un ave, resultaba aceptable, sin tener en cuenta la edad o el sexo. Tras la muerte de la víctima y el rociado de sangre para hacer expiación por el pecado, la grasa del animal era quemada sobre el altar. A través de los ritos de los movimientos de las manos del oferente, que sostenía el muslo y el pecho, el sacerdote oficiante dedicaba estas porciones del animal a Dios. El resto de la ofrenda servía como fiesta para el oferente y sus huéspedes invitados. Esta alegre camaradería significaba el lazo de amistad entre Dios y el hombre.

Existían tres clases de ofrendas de paz. Aquellas variaban con la motivación del oferente. Cuando el sacrificio se hacía en reconocimiento de una bendición inesperada o inmerecida, se llamaba ofrenda de acción de gracias. Si la ofrenda se hacía en pago de un voto o promesa, se le llamaba ofrenda votiva. Si la ofrenda tenía como motivo una expresión de amor a Dios, se le daba el nombre de ofrenda voluntaria. Cada una de tales ofrendas era acompañada por una comida de ofrenda prescrita. La ofrenda de gracias duraba un día, mientras que las otras dos se extendían a dos, con la condición de que cualquier cosa que quedase tenía que ser consumida por el fuego al tercer día. En esta forma, el israelita gozaba del privilegio de entrar en el gozo práctico de su relación de alianza con Dios.

La Ofrenda por el Pecado

Los pecados de ignorancia cometidos inadvertidamente, requerían una ofrenda (Lev. 4:1-35; 6:24-30). La violación de la negativa de órdenes punibles por excisión, podía ser rectificada por un sacrificio prescrito. Aunque Dios tenía solo una pauta de moralidad, la ofrenda variaba con la responsabilidad del individuo. Ningún caudillo religioso o civil era tan prominente que su pecado no fuese condenado, ni ningún hombre tan insignificante que su pecado pudiera ser ignorado. Existía una gradación en las ofrendas requeridas: un becerro para el sumo sacerdote o para la congregación, un macho cabrío para un gobernante, una cabra para un ciudadano privado. El ritual variaba también. Para el sacerdote o la congregación, la sangre era rociada siete veces ante la entrada del lugar santísimo. Para el gobernante y el laico, la sangre era aplicada a los cuernos del altar. Puesto que era una ofrenda de expiación, la parte culpable carecía del derecho de comer la carne del animal en alguna de sus partes. Consecuentemente, este sacrificio o bien era consumido sobre el altar o quemado al exterior, en el campo, con una excepción: el sacerdote recibía una porción cuando oficiaba en nombre de un gobernante o seglar.

La ofrenda por el pecado era requerida también para pecados específicos, tales como rehusar el testificar, la profanación del ceremonial o un juramento en falso (Lev. 5:1-13). Incluso aunque esta clase de pecados podían ser considerados como intencionales, no representaban un desafío calculado a Dios castigado por la muerte (Núm. 15:27-31). La expiación alcanzaba a cualquier pecador arrepentido, sin tener en cuenta su situación económica. Si no podía ofrecer una oveja o una cabra, podía sustituirlas por una tórtola o una paloma. En casos de extrema pobreza, incluso una pequeña porción de harina de flor fina —el equivalente de una ración diaria de alimento— aseguraba a la parte culpable la aceptación por parte de Dios. (Para otras ocasiones que requerían de una ofrenda por el pecado, ver Lev. 12:6-8; 14:19-31; 15: 25-30; y Núm. 6:10-14).

La Ofrenda de Expiación

Los derechos legales de una persona y de su propiedad, en situación que implicase a Dios al igual que a un amigo, estaban claramente establecidos en los requerimientos por las ofrendas de la trasgresión (Lev. 5:14-6:7; 7:1-7). El fallo en el reconocimiento de Dios al descuidar el llevarle los primeros frutos, el diezmo, u otras ofrendas requeridas, necesitaba no solamente la restitución, sino también un sacrificio. Además, era preciso pagar seis quintos de las deudas requeridas, y el ofensor también sacrificaba un carnero con objeto de obtener con ello el perdón. Este costoso sacrificio le recordaba el precio del pecado. Cuando la mala acción era cometida contra un amigo, el quinto era también preciso para hacer la pertinente enmienda. Si la restitución no podía ser hecha para el ofendido o un pariente cercano, estas reparaciones eran pagadas al sacerdote (Núm. 5:5-10). El infringir de los derechos de otras personas, también representaba una ofensa contra Dios. Por tanto, era necesario un sacrificio.

La Ofrenda del Grano

Esta es la única ofrenda que no implicaba la vida de un animal, sino que consistía primariamente en los productos de la tierra, que representaban los frutos del trabajo del hombre (Lev. 2:1-16; 6:14-23). Esta ofrenda podía ser presentada en tres diferentes formas, siempre mezcladas con aceite, incienso y sal, pero sin levadura ni miel. Si una ofrenda consistía en los primeros frutos, las espigas del nuevo grano eran quemadas en el fuego. Tras de moler el grano, podía presentarse al sacerdote como harina fina o pan sin levadura, tartas o bien en forma de obleas preparadas en el horno.

Parece que una parte de estas ofrendas eran acompañadas de una proporcionada cantidad de vino para sus libaciones (Ex. 29:40; Lev. 23:13; Núm. 15:5,10). Una justificable inferencia es que la ofrenda del grano, no era nunca llevada sola. Primeramente existía el acompañamiento de las ofrendas de paz y del fuego. Para estas dos parecía ser el necesario y adecuado suplemento (Núm. 15:1-13). Tal era el caso de la ofrenda diaria del fuego (Lev. 6:14-23; Núm. 4:16). La totalidad de la ofrenda era consumida cuando era ofrecida por el sacerdote para la congregación. En el caso de una ofrenda individual, el sacerdote oficiante presentaba sólo un puñado ante el altar del holocausto y retenía el resto para el tabernáculo. Ni en la ofrenda misma ni en el ritual, hay alguna sugerencia de que proveía expiación por el pecado. Por medio de estas ofrendas, los israelitas presentaban los frutos de su trabajo, significando así la dedicación de sus regalos a Dios.

Las Fiestas y Estaciones


Por medio de las fiestas y estaciones designadas, los israelitas recordaban constantemente que ellos eran el pueblo de Dios. En el pacto con Israel, que este ratificó en el Monte Sinaí, la fiel observancia de los períodos establecidos era una parte del compromiso adquirido (Ex. 20-24).

El Sabbath

Lo primero, y muy principalmente, era la observancia del Sabbath. Aunque el período de siete días queda referido en el Génesis, el sábado (día de reposo) está primeramente mencionado en Ex. 16:23-30. En el Decálogo (Ex. 20:8-11), los israelitas tienen que "acordarse del día de reposo" indicando que este era el principio de su observancia. Para descansar o cesar de sus trabajos, los israelitas recordaban que Dios descansó de su obra creativa en el séptimo día. La observancia del sábado era un recordatorio de que Dios había redimido a Israel del cautiverio egipcio y santificado como su pueblo santo (Ex. 31:13; Deut. 5:12-15). Habiendo sido liberado del cautiverio y la servidumbre, Israel disponía de un día de cada semana para dedicarlo a Dios, que indudablemente no hubiera sido posible mientras que el pueblo había servido a sus amos egipcios. Incluso sus sirvientes estaban incluidos en la observancia del día de reposo. Se prescribía un castigo extremo para cualquiera que deliberadamente despreciara el sábado (Ex. 35:3; Núm. 15:32-36). Mientras que el sacrificio diario para Israel era un cordero, en el sábado se ofrecían dos (Núm. 28:9,19). Este era también el día en que doce tortas de pan eran colocadas sobre la mesa en el lugar santo (Lev. 24:5-8).

La luna nueva y la fiesta de las trompetas

El sonido de las trompetas proclamaban oficialmente el comienzo de un nuevo mes (Núm. 10:10). Se observaba también la luna nueva sacrificando ofrendas al pecado y al fuego, con provisiones apropiadas de carne y bebida (Núm. 28:11-15). El mes séptimo, con el día de la expiación y la fiesta de los tabernáculos, marcaba el clímax del año religioso, o el fin del año religioso (Ex. 34:22). En el primer día de este mes de la luna nueva, era designado como el de la fiesta de las trompetas y se presentaban ofrendas adicionales (Lev. 23:23-25; Núm. 29:1-6). Este también era el comienzo del año civil.

El año sabático

Íntimamente relacionado con el sábado, estaba el año sabático, aplicable a los israelitas cuando entraron en Canaán (Ex. 23:10-11; Lev. 25:1-7). Observándolo como un año festivo para la tierra, dejaban los campos sin cultivar, el grano sin sembrar y las viñas sin cuidados cada siete años. Cualquier cosa que recogiesen en dicho año tenía que ser compartido por los propietarios, los sirvientes y los extraños, al igual que las bestias. Los que tenían créditos a su favor, tenían instrucciones de cancelar las deudas en que hubiesen incurrido los pobres durante los seis años precedentes (Deut. 15:1-11). Puesto que los esclavos eran liberados cada seis años, probablemente tal año era también el año de su emancipación (Ex. 21:2-6; Deut. 15:12-18). De esta forma, los israelitas recordaban su liberación del cautiverio egipcio.

Las instrucciones mosaicas también preveían para la lectura pública de la ley (Deut. 31:10-31). En esta forma, el año sabático tuvo su específica significación para jóvenes y viejos, para los amos y sus sirvientes.

Año de jubileo

Después de la observancia del año sabático, llegaba el año del jubileo. Se anunciaba por el clamor de las trompetas en el décimo día de Tishri, el mes séptimo. De acuerdo con las instrucciones dadas en Lev. 25:8-55, este marcaba un año de libertad en el cual la herencia de la familia era restaurada a aquellos que habían tenido la desgracia de perderla, los esclavos hebreos eran puestos en libertad y la tierra era dejada sin cultivar.

En la posesión de la tierra, el israelita reconocía a Dios como el verdadero propietario de ella. Consecuentemente tenía que ser guardada por la familia y pasaba como si fuese una herencia. En caso de necesidad, podían venderse sólo el derecho a los productos de la tierra. Puesto que cada cincuenta años esta tierra revertía a su propietario original, el precio estaba directamente relacionado con el número de año que se mantenía antes del año del jubileo. En cualquier momento, durante este período, la tierra estaba sujeta a rendición, por el propietario o un pariente próximo. Las casas existentes en las ciudades amuralladas, excepto en las ciudades levíticas, no estaban incluidas bajo tales principios del año del jubileo.

Los esclavos eran dejados en libertad durante este año, sin tener en cuenta la duración de su servicio. Seis años era el período máximo de servidumbre para cualquier esclavo hebreo sin la opción de la libertad (Ex. 21:1). En consecuencia, no podía quedar reducido a la condición de perpetuo estado de esclavitud, aunque pudiese considerarlo necesario el venderlo a otro como sirviente alquilado, cuando financieramente fuese preciso. Incluso los esclavos no hebreos no podían ser considerados como de propiedad absoluta. La muerte como resultado de la crueldad por parte de su amo, estaba sujeta a castigo (Ex. 21:20-21). En caso de evidentes malos tratos personales, un esclavo podía reclamar su libertad (Ex. 21:26-27). Por el periódico sistema de dejar en libertad a los hebreos esclavos y la demostración de amor y amabilidad a los extranjeros en la tierra (Lev. 19:33-34), los israelitas recordaban que ellos también habían sido esclavos en la tierra de Egipto.

Incluso cuando el año del jubileo era seguido por el año sabático, los israelitas no tenían permiso para cultivar el suelo durante este período. Dios les había prometido que recibirían tal abundante cosecha en el sexto año que tendrían suficiente para el séptimo y el octavo años siguientes, que eran tiempo para el descanso de la tierra. De este modo, los israelitas recordaban también que la tierra que poseían al igual que las cosechas que de ellas recibían, era un regalo de Dios.

Fiestas anuales

Las tres observaciones anuales celebradas como fiestas, eran: (1) La pascua y fiesta de los panes sin levadura, (2) la fiesta de las semanas, primicias o siega, y (3) la fiesta de los tabernáculos o cosecha. Tenían tal significación estas fiestas que todos los israelitas varones eran requeridos para su debida atención y celebración (Ex. 23:14-17).


La Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura

Históricamente, la pascua fue primeramente observada en Egipto cuando las familias de Israel fueron excluidas de la muerte del primogénito, matando el cordero pascual (Ex. 12:1-13:10). El cordero era escogido en el décimo día del mes de Abib y matado en el décimo cuarto. Durante los siete días siguientes solo podían comerse los panes sin levadura. Este mes de Abib, más tarde conocido por Nisán, era designado como "el principio de los meses" o el principio del año religioso (Ex. 12:2). La segunda pascua fue observada en el décimo cuarto día de Abib un año después de que los israelitas abandonasen Egipto (Núm. 9:1-5). Ya que ninguna persona incircuncisa podía compartir la pascua (Ex. 12:48), Israel no observó este festival durante el tiempo de su peregrinación por el desierto (Jos. 5:6). No fue sino hasta que el pueblo entró en Canaán, cuarenta años después de dejar la tierra de Egipto en que se observó la tercera pascua.

El propósito de la observancia de la pascua, era el recordar a los israelitas anualmente la milagrosa intervención de Dios en su favor (Ex. 13: 3-4; 34:18; Deut. 16:1). Ello marcaba la inauguración del año religioso.

El ritual de la pascua sufrió indudablemente algunos cambios de su primitiva observancia, cuando Israel no tenía sacerdotes ni tabernáculo. Los ritos de carácter temporal eran: el sacrificio de un cordero por el cabeza de cada familia, el rociado de la sangre en las puertas y dinteles y posiblemente también, la forma en que compartían el cordero. Con el establecimiento del tabernáculo, Israel disponía de un santuario central en donde los hombres tenían que congregarse tres veces al año comenzando con la estación de la pascua (Ex. 23:17; Deut. 16:13). Los días quince y veinticinco eran días de sagrada convocación. En toda la semana, sólo podía comerse por los israelitas el pan sin levadura. Puesto que la pascua era el principal acontecimiento de la semana, a los peregrinos se les permitía volver a casa a la mañana siguiente de esta fiesta (Deut. 16:7).

Mientras tanto, durante toda la semana se hacían ofrendas adicionales diarias para la nación, consistentes en dos becerros, un carnero y siete corderos machos para una ofrenda de fuego, con la comida de ofrenda prescrita y un macho cabrío para una ofrenda de pecado (Núm. 28:19-23; Lev. 23:8). Acompañando el ritual en el cual el sacerdote movía la gavilla ante el Señor, estaba la presentación de una ofrenda de fuego consistente en un cordero macho además de una comida de ofrenda de flor de harina mezclada con aceite y una ofrenda de vino. Ningún grano tenía que ser usado de la nueva cosecha hasta el público reconocimiento que tenía que ser hecho como materiales de bendición que procedían de Dios. Por consiguiente, en la observancia de la semana de la pascua, los israelitas eran no solamente conscientes de su histórica liberación de Egipto, sino también reconocían la bendición de Dios que era continuamente evidente en provisiones materiales.

Tan significante era la celebración de la pascua, que su especial provisión era hecha para aquellos que estaban incapacitados para participar en el tiempo señalado y observarla un mes más tarde (Núm. 9:9-12). Cualquiera que rehusara observar la pascua quedaba reducido al ostracismo en Israel. Incluso el extranjero era bienvenido para participar en aquella celebración anual (Núm. 9:13-14).

Así, la pascua era la más significativa de todas las fiestas y observaciones en Israel. Conmemoraba el más grande de todos los milagros que el Señor había puesto en evidencia en favor del pueblo de Israel. Esto se halla indicado por muchas referencias en los Salmos y en los libros profeticos. Aunque la pascua era observada en el tabernáculo, cada familia tenía un vivísimo recuerdo de su significación, comiendo los panes sin levadura. No había ningún israelita exceptuado de su participación en ella. Esto servía como un recordatorio anual de que Israel era la nación elegida de Dios.

Fiesta de las Semanas o Pentecostés

Mientras que la pascua y la fiesta del pan sin levadura era observada al comienzo de la cosecha de la cebada, la fiesta de las semanas tenía lugar cincuenta días más tarde, tras la cosecha del trigo (Deut. 16:9).  Aunque era una ocasión verdaderamente importante, la fiesta era observada solamente un día. En este día de descanso, se presentaba una comida especial y una ofrenda consistente en dos hogazas de pan con levadura que se presentaba al Señor para el tabernáculo, significando con ello que el pan de cada día era proporcionado por obra del Señor (Lev. 23:15-20). Los sacrificios prescritos eran presentados con esta ofrenda. En esta alegre ocasión, el israelita no olvidaba nunca al menos afortunado, dejando alimentos en los campos para los pobres y los necesitados.

La Fiesta de los Tabernáculos

El último festival anual era la fiesta de los tabernáculos,  un período de siete días durante el cual los israelitas vivían en tiendas (Ex. 23:16; 34: 22; Lev. 23:40-41). Esta fiesta no sólo marcaba el fin de la estación de las cosechas, sino que cuando estuvieron establecidos en Canaán, servía de recordatorio de su permanencia en el desierto en que tenían que vivir en tiendas de campaña.

Las festividades de esta semana encontraban su expresión en los mayores holocaustos jamás presentados, sacrificando un total de setenta bueyes. Ofreciendo trece el primer día, que se consideraba como una convocación sagrada, el número iba decreciendo diariamente en uno. Cada día, además, se ofrecía una ofrenda de fuego adicional. Esta ofrenda consistía en catorce corderos y dos carneros con sus respectivas ofrendas igualmente de carne y bebida. Una convocatoria sagrada celebrada en el octavo día, llevaba a la conclusión de las actividades del año religioso.

Cada año séptimo era peculiar en la celebración de la fiesta de los tabernáculos. Era el año de la pública lectura de la ley. Aunque a los peregrinos se les pedía observar la pascua y la fiesta de las semanas durante un día, ellos normalmente empleaban la totalidad de la semana en la fiesta de los tabernáculos, dando ocasión de una amplia oportunidad para la lectura de la ley de acuerdo con el mandamiento de Moisés (Deut. 31:9-13).

Día de la Expiación

La más solemne ocasión de la totalidad del año era el día de la expiación (Lev. 16:1-34; 23:26-32; Núm. 29:7-11). Era observada en el décimo día de Tishri con una sagrada convocatoria y ayuno. En aquel día no era permitido ningún trabajo. Este era el único ayuno requerido por la ley de Moisés.

El principal propósito de esta observancia era el hacer una verdadera expiación. En su elaborada y singular ceremonia la propiciación fue hecha por Aarón y su casa, el santo lugar, la tienda de la reunión, el altar de las ofrendas de fuego y por la congregación de Israel.

Sólo el sumo sacerdote podía oficiar en aquel día. A los otros sacerdotes ni siquiera se les permitía estar en el santuario sino identificarse con la congregación. Para esta ocasión, el sumo sacerdote lucía sus especiales ornamentos y se vestía con lino blanco. Las ofrendas prescritas para el día eran, como sigue: dos carneros como holocausto para sí mismo y para la congregación, un becerro para su propia ofrenda por el pecado, y dos machos cabríos como una ofrenda por el pecado del pueblo.

Mientras que las dos cabras permanecían en el altar, el sumo sacerdote ofrecía su ofrenda del pecado, haciendo expiación por sí mismo. Sacrificando una cabra en el altar, hacía la expiación por la congregación. En ambos casos, aplicaba la sangre al propiciatorio. En manera similar, santificaba el santuario interior, el lugar sagrado y el altar de las ofrendas de fuego. De aquella forma las tres divisiones del tabernáculo eran adecuadamente limpiadas en el día de la expiación para la nación. Después, la cabra era llevada al desierto para que con ella se fuesen los pecados de la congregación.

Habiendo confesado los pecados del pueblo, el sumo sacerdote volvía al tabernáculo para limpiarse a sí mismo y cambiarse en sus atavíos oficiales. Una vez más volvía al altar en el patio exterior. Allí concluía el día de expiación y su ritual con dos holocaustos, uno para sí mismo y el otro para la congregación de Israel.

Las distintivas características de la religión revelada de Israel, formaba un contraste con el ambiente religioso de Egipto y Canaán. En lugar de la multitud de ídolos, ellos adoraban a un solo Dios. En vez de un gran número de altares y hornacinas de adoración, ellos tenían sólo un santuario. Por medio de las ofrendas prescritas y de los sacerdotes consagrados, se tenía hecha la provisión para que el laicado pudiese aproximarse a Dios sin temor. La ley les guiaba en una pauta de conducta que distinguía a Israel como la nación de la alianza con Dios en contraste con las culturas paganas del entorno. En toda la extensión en que los israelitas practicaban esta religión divinamente revelada, se hallaban asegurados del favor de Dios, como se expresaba en la fórmula sacerdotal para bendecir la congregación de Israel (Núm. 6:24-26):

Jehová te bendiga y te guarde.
Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia.
Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz.


Ver también:
El Tabernáculo (Lecciones)

El Estudio de la Doctrina en la Historia de la Iglesia

Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados.
Capítulo 1 del libro Historia de la Doctrina Cristiana Volumen 1


¿Por qué es importante estudiar la historia de la doctrina en el cristianismo? Se pueden identificar varias razones. En primer lugar, un estudio de esta naturaleza puede ayudar a confirmar la doctrina apostólica como se revela en las Escrituras y para analizar a la luz de las enseñanzas de la Palabra de Dios las discusiones en la historia de la iglesia.

Un segundo propósito es trazar el desarrollo de las falsas doctrinas. Si concluimos  que algunas doctrinas que se enseñan hoy en la cristiandad son erróneas, surge la pregunta: ¿Dónde iniciaron estas falsas doctrinas? La historia de la iglesia puede ayudarnos a mostrar qué doctrinas eran las originales y cuáles no, cómo entraron las falsas doctrinas a la cristiandad, y cómo llegaron a ser en algunos casos parte de la corriente principal de la historia.

Un tercer beneficio de este estudio es el de conocer las mayores denominaciones y movimientos, proporcionando así un contexto para el comentario de hoy. El objetivo es identificar cada  categoría principal de la cristiandad y saber dónde se inició, por qué comenzó y cuál es su característica particular.

...

Temas Importantes

1. La Gran Apostasía. Cuando estudiamos la historia de la iglesia primitiva es evidente que hubo una gran apostasía, una gran infusión de falsas doctrinas. De hecho nos encontramos con advertencias e indicaciones de estos desaciertos en el mismo Nuevo Testamento. Este contiene advertencias a la iglesia primitiva de no abrazar la falsa doctrina, así como advertencias sobre los falsos profetas, falsos maestros y falsas doctrinas que  se extienden en medio de las iglesias. (Ver Mateo 7:15, Romanos 16:17-18; I Corintios 11:19; Efesios 4:14; II Timoteo 4:3, Hebreos 13:9; II Pedro2:1; I Juan 4:1; II Juan 10;  Apocalipsis 2:14, 15, 24). También predice que en los últimos días vendría una gran apostasía, espíritus engañadores y doctrinas de demonios. (Ver Mateo 24:11-12, 24; II Tesalonicenses 2:3; I Timoteo 4:1).

Incluso en la iglesia del primer siglo había problemas que ya habían comenzado a desarrollarse. En Apocalipsis 2 y 3, las cartas a las siete iglesias de Asia Menor revelan graves errores en la doctrina y la práctica en las diferentes asambleas locales en los primeros siglos. En el segundo siglo, este proceso del deterioro de la doctrina se aceleró. En resumen, nos encontramos con una gran afluencia de falsas doctrinas durante los siglos. Eso no quiere decir que estas doctrinas contaminaron a todo el mundo, pero la herejía generalizada y las dificultades doctrinales ciertamente existieron en los primeros siglos.

2. Un Remanente Fiel. Por lo menos unas pocas personas en la historia de la iglesia siguieron firmes en la doctrina y la experiencia apostólica. En Mateo 16:18, Jesús dijo: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia", hablando de la roca de la revelación la cual era Él, Jesucristo, el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Dijo que "las puertas del infierno no prevalecerían contra la iglesia”, por lo cual como una cuestión de fe, podemos afirmar que Dios siempre ha tenido un pueblo a lo largo de la historia (ver Romanos 11:2-5), siempre ha tenido una iglesia. La iglesia apostólica definida por la experiencia y el mensaje de las Escrituras nunca se ha desvanecido totalmente.

Esta creencia no significa que necesariamente en el aspecto histórico podamos identificar en cada década a través de los siglos de la historia de la iglesia a un grupo reconocido como  totalmente apostólico por un nombre particular, ni que podamos trazar una continua sucesión histórica de una organización o una serie de organizaciones. No pretendemos que en cada parte del tiempo un grupo de personas enseñara la totalidad de las doctrinas que creemos que son bíblicas. Sin embargo podemos encontrar en distintos siglos a personas que bautizaban en el nombre de Jesús, personas que recibieron el Espíritu Santo con la señal de hablar en lenguas, y personas que anunciaron varias doctrinas que son importantes para la distinción de los verdaderos apostólicos.

En algún momento se adhirieron un gran número de personas a la fe apostólica, en otras ocasiones tal vez sólo un puñado lo hizo. Durante décadas, es seguro que no podamos contar con un registro histórico de alguien cuya experiencia y enseñanza fuese muy similar a la de los apóstoles. Pero como cuestión de fe, incluso cuando puede haber diferencias históricas, podemos afirmar que Dios siempre ha tenido un pueblo nacido del agua y del Espíritu, los creyentes que han experimentado la salvación bíblica.

3. Un esquema cíclico. Podemos distinguir una tendencia de los acontecimientos en la historia de la iglesia, y lo podemos representar por un círculo. La iglesia comenzó con un maravilloso crecimiento evangelístico, con un gran estallido de poder y fervor según consta en el Libro de los Hechos. Luego vino un alejamiento gradual hacia la falsa doctrina, y como ésta se intensificó, la mayor parte de la iglesia visible cayó en la apostasía teniendo poca o ninguna experiencia real con Dios.

Este abandono de lo verdadero no fue permanente, al menos no en un sentido histórico. A través de los siglos, sobre todo después de la época medieval, nos encontramos con una restauración paso a paso de varias doctrinas, creencias y experiencias, tratando de acercarse más y más al modelo apostólico original.

No es del todo acertado decir que "la iglesia" fue restaurada, ya que la verdadera iglesia como lo define la experiencia apostólica es lo que es y su mensaje siempre ha sido el mismo; la verdadera iglesia de Dios siempre ha estado definida de la misma manera. En ese sentido, la iglesia nunca necesitará ser restaurada. Si hubo personas que en determinado siglo fueron llenos del Espíritu, entonces no hay necesidad de la restauración de esa experiencia. Cuando se habla acerca de la restauración, nos referimos a una renovada comprensión de ciertas doctrinas y una amplia aceptación de ciertas obras de Dios. Entonces tal vez podemos decir que la iglesia ha sido renovada o renacida (restaurada en salud y vigor).

La iglesia siempre ha existido desde el día de pentecostés, pero la iglesia visible o profesante no siempre ha mantenido las enseñanzas de la Palabra de Dios. En algunos casos la organización, la mayoría, la corriente principal ha ido hacia el error, a la herejía o incluso a la apostasía.

El proceso de decadencia y restauración es el modelo circular que puede distinguirse. Se pueden identificar varias doctrinas que han seguido esta tendencia: la iglesia apostólica las enseñó con fervor, cayeron en tribulación, fueron ignoradas o fueron contradichas a lo largo de los siglos, y luego la mayoría de la gente poco a poco regresó a esas doctrinas.

Para generalizar, en términos históricos de la cristiandad nos encontramos con un gran descenso, una entrada en la apostasía y entonces al menos entre algunos cristianos profesantes una gradual restauración hacia las doctrinas bíblicas. En el siglo XX se produjo un gran resurgimiento de la doctrina y la experiencia apostólica, con multitudes aceptando a plenitud el mensaje del evangelio, del bautismo en el nombre de Jesús y el bautismo del Espíritu Santo.

Hay posibles indicios de las Escrituras sobre este patrón cíclico de apostasía y restauración gradual. Isaías 28:10-12 habla de que la verdad se construye línea por línea, precepto por precepto. Joel 2:23-28 describe a varias plagas destruyendo a la gente y la obra de Dios, pero promete que poco a poco Dios va a restaurar todo lo que estas plagas han devorado.

Apocalipsis 2 y 3 pueden proporcionar una indicación similar. Lo importante es observar que este pasaje habla de siete iglesias literales en el siglo primero, que tuvieron los problemas descritos. Pero parece claro que Dios inspiró estas cartas para su inclusión en las Escrituras, ya que estas iglesias representan los problemas típicos que pueden ocurrir a lo largo de la historia de la iglesia, y hoy podemos recibir enseñanza a través de los ejemplos, problemas y recomendaciones para cada una de las siete iglesias.

Algunos comentaristas ven estas siete iglesias como indicativo de algún modo de la tendencia general en la historia de la iglesia. Se observó una explosión de fervor inicial (Éfeso y Esmirna), algo de decadencia y compromiso (Éfeso y Pérgamo), una gran invasión de falsa doctrina (Tiatira), apostasía generalizada (Sardis), y luego una gran restauración seguida por la apostasía antes de la venida del Señor (Filadelfia y Laodicea).

Cuando integramos los tres temas principales que hemos discutido, podemos concluir que desde el Nuevo Testamento la experiencia de la salvación siempre ha existido en algún lugar sobre la tierra. No podemos encontrar una sucesión apostólica estricta en el sentido de figuras históricas o una continua corriente de pastores y líderes, así que no podemos decir que exista una organización en particular idéntica a la del Nuevo Testamento como medio para la vinculación histórica de la iglesia. Pero podemos hacer un argumento parcial para la sucesión doctrinal.

Es decir, podemos encontrar varios grupos en la historia de la iglesia que recibieron la experiencia básica de la salvación neotestamentaria como se describe en el libro de Hechos. Cuando un grupo compartía este mismo fundamento doctrinal, podemos considerarla una iglesia apostólica, o iglesia del Nuevo Testamento. En ese sentido, podemos hacer algo así como un argumento doctrinal de la sucesión a lo largo de la historia. No podemos llenar cada vacío, pero podemos encontrar suficientes grupos en diferentes lugares y tiempos dispersos a lo largo de la historia que nos dan la confianza de que Dios siempre ha tenido un pueblo desde la fundación de la iglesia del Nuevo Testamento. En este sentido, la iglesia es continua.

Dificultades en la Reconstrucción de la Historia de la Iglesia

Hay varias dificultades al tratar de reconstruir la Historia de la Iglesia. No siempre podemos saber con absoluta certeza lo que la gente antigua creyó sobre cada punto en cuestión. Aquí hay algunas razones.

1. Los prejuicios pueden afectar a los escritores e historiadores. Cada escritor doctrinal e historiador de la iglesia, tiene sus propios prejuicios que pueden afectar a su objetividad. Los primeros escritores no fueron una excepción. Era natural que ellos tendieran a inclinarse por conceptos a su favor, a veces deliberadamente sin saberlo. Cuando describían la doctrina de alguien que no estaba en común acuerdo, a menudo lo hacían parecer ridículo o ilógico, porque para ellos lo era. A veces simplemente no entendían un punto expuesto por el adversario.

La historia la escriben los vencedores. Siempre ha habido enfrentamientos durante la historia, pero la gente que ganaba era usualmente la única que dejaba el registro de lo sucedido. A menudo los puntos de vista de una minoría se conservaban sólo en los escritos de sus opositores. En este caso, para entender dicha dificultad podemos imaginarnos a nosotros tratando de entender y evaluar al movimiento pentecostal sólo a través de la lectura de los documentos de los críticos y de los escépticos. ¿Con qué precisión podríamos definir la doctrina de la Unicidad o explicar la experiencia del bautismo del Espíritu Santo, si todos los registros con los que contáramos fueran de opositores que los castigaron, mancharon y tergiversaron sus enseñanzas, ya sea intencionalmente o no?
                   
También debemos señalar que actualmente hay prejuicios doctrinales entre los historiadores de la iglesia. No podemos evaluar la historia de la iglesia simplemente mediante la lectura de sus historiadores. Tenemos que volver a las fuentes primarias y observar desde nuestra perspectiva. Por supuesto, otro historiador diría que tenemos una inclinación, pero por lo menos tratamos de establecer esta "inclinación" de nuestra posición doctrinal desde la Biblia. No podemos depender totalmente de los escritos de los historiadores de la iglesia que vienen con una perspectiva doctrinal diferente. En su lugar, debemos leer las fuentes originales históricas tanto como sea posible, para ver lo que los escritores dijeron por sí mismos. Por el examen de estos escritos desde nuestro punto de vista, podemos descubrir información, pruebas o las posibilidades que otros historiadores de la iglesia han perdido.

2. Los escritores de cierta época no siempre representan las opiniones de la mayoría de los creyentes de ese tiempo. Los escritos que sobreviven de una época en particular pueden no haber sido escritos por los líderes más influyentes o por los maestros de la época. Antes de la invención de la imprenta en Occidente en los años 1400’s, todos los documentos tenían que ser copiados a mano. Si los escribas posteriores consideraban que un manuscrito no tenía importancia o era considerado herético, ellos tenían poco interés en reproducirlo. Censuraban al escrito que a menudo se destruía después de ser juzgado como herético. Por lo general, lo que se ha conservado de los primeros tiempos, son los documentos que se ajustan a las creencias de las personas que tuvieron la oportunidad de preservarlos o descartarlos.

Sólo una fracción de los escritos de los primeros tiempos existe todavía, y es difícil decir de qué manera dichos escritos representan al remanente. Si un escritor era un obispo conocido, pastor u otro tipo de líder de la iglesia, tenemos alguna razón para creer que él representaba una visión significativa de la iglesia. Si un escritor era desconocido o no tenía una posición importante en la iglesia, es muy posible que él no fuera realmente un digno representante para la iglesia de su tiempo. Tal vez ganó mayor reconocimiento con las generaciones posteriores que conservaron su obra, de la que pudo disfrutar en su propia vida.

También debemos considerar que las personas que tienden a escribir, no siempre reflejan la piedad y los puntos de vista de la persona promedio. Sobre todo en los tiempos antiguos, los que tuvieron el tiempo y la educación para escribir estudios académicos, pueden haber tenido una perspectiva diferente a la del creyente promedio. Incluso en nuestros días, las obras de los principales teólogos son a menudo mucho más liberales que las opiniones de los miembros más laicos de sus propias denominaciones.

3. Siempre existe la fuerte posibilidad de interpolaciones (inserciones) en los manuscritos antiguos. Los escribas que copiaban los escritos a mano, a menudo cambiaron declaraciones, ya sea por error, malentendido o alteración deliberada. A menudo se sintieron libres para añadir aclaraciones, "correcciones", o simplemente sus propias opiniones. Las comparaciones de diversos manuscritos de las mismas obras, revelan que las interpolaciones eran bastante comunes.

A veces un escritor envuelto en una controversia teológica, insertaría unas pocas líneas de apoyo de su punto de vista en un libro escrito por un anciano, un líder muy respetado. La tentación era grande para usar dicha figura de autoridad para ayudar a resolver una disputa. Por otro lado, si un escriba encontraba una frase dudosa en la obra de tal autor, se podría sentir importante por editar el trabajo y descubrir el agravio o palabras potencialmente peligrosas. Como resultado, no siempre estamos seguros de que realmente tenemos las palabras originales o los puntos de vista de un determinado autor. A veces podemos solamente adivinar o suponer.

4. Como ya se señaló, las falsas doctrinas existían desde los tiempos más remotos. Incluso si tuviéramos un documento no bíblico que date del primer siglo, su antigüedad no garantiza que sea verdaderamente apostólico o que enseñe la doctrina correcta, pues el Nuevo Testamento revela que había falsos maestros incluso en el primer siglo. Además, los documentos del segundo siglo fueron escritos aproximadamente un siglo después de la fundación de la iglesia del Nuevo Testamento, y unos cien años es mucho tiempo en la historia doctrinal.

Por ejemplo, grandes cambios doctrinales, innovaciones y movimientos se desarrollaron en el siglo XX. La totalidad del movimiento pentecostal moderno surgió en este siglo.

Personas de todas las perspectivas teológicas, no están de acuerdo en algunos puntos con los primeros escritos post-bíblicos. Por ejemplo, los protestantes evangélicos estudiosos, suelen concluir que los primeros escritores post-bíblicos no expresaron claramente la doctrina de la justificación por fe, por tanto cayeron en el legalismo.

5. Los primeros términos fueron a menudo imprecisos, sobre todo como definidores de las controversias posteriores. Por ejemplo, en la Edad Media y durante la gran Reforma surgieron controversias sobre la Cena del Señor. El caso era si el pan y el fruto de la vid eran símbolos, o si la sangre y el cuerpo de Cristo están físicamente presentes. En estos debates, ambos lados apelaron a los escritores de los primeros siglos. Por ejemplo, un defensor de la doctrina de la presencia física podría encontrar a un escritor que describió la Cena del Señor como una participación del cuerpo de Cristo. ¿Pero aquel escritor expresó aquella declaración como figurativa o literal? Es difícil saberlo a ciencia cierta, ya que la escribió antes que existiera dicha controversia.

Los primeros escritores no anticiparon los conflictos  posteriores, por lo tanto no se cuidaron de evitar ciertas malas interpretaciones. No podemos exigir de ellos una precisión en los términos que fueron ajenos a su tiempo, ni podemos hacer que hablen de los problemas doctrinales que surgieron después de su época. En algunos casos hay evidencia suficiente para predecir qué  posición habrían tomado si hubieran vivido durante cierta controversia. Sin embargo, en muchos casos no usaron ciertos términos de manera definitiva, o al menos no con la connotación o la precisión de los últimos tiempos.

Puede ser anacrónico citar a algunos autores en apoyo de una determinada doctrina, a pesar de que puedan haber escrito ciertas palabras que más tarde adquirieron un significado teológico determinado. Cuando estudiamos a los autores antiguos, debemos determinar lo que sus palabras significan en el contexto de sus escritos y de sus tiempos.

6. Las Fuentes para la historia de la iglesia no son ni autoritativas ni infalibles, sólo la Escritura puede reclamar esas cualidades. Es a partir de la sola Escritura que debemos derivar instrucciones para la salvación, la creencia y la vida cristiana.

Nuestra única autoridad es la Biblia, la Palabra de Dios. Dios la ha inspirado y preservado para enseñar, amonestar, corregir y para instruir en justicia (II Timoteo 3:16). Si una antigua y respetada fuente parece enseñar una doctrina que es contraria a la Escritura, debemos optar por el mensaje de la Escritura.