viernes, 7 de diciembre de 2012

Homilética


Por FECP (Fundación Educación Cristiana Pentecostal) – Iglesia Pentecostal Unida de Colombia


El presente manual consta de estas siete lecciones

- Lección 1. Introducción a la Homilética
- Lección 2. El Predicador y la Predicación
- Lección 3. La Preparación del Sermón
- Lección 4. El Tema
- Lección 5. Elección del Texto Bíblico
- Lección 6. La Introducción
- Lección 7. Elementos que Debe Manejar el Predicador


Lección 1
Introducción a la Homilética

"La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples" (Salmo 119:130).

Definición y Explicación de la Palabra Homilética

La palabra homilética, no se encuentra en algunos diccionarios de la lengua española. Es un término que se introdujo sin ser traducido, por parte de los antiguos misioneros en los seminarios establecidos por ellos mismos en la América Latina.

En el inglés, sí se encuentra este vocablo.  El diccionario Webster (sobre el cual se trabajó 20 años para producirlo), nos dice que el término viene del griego homiletikós, que significa "conversar con". Homilética es por lo tanto, dice aquel diccionario, el arte de predicar.

La palabra homilía, tiene también en su raíz etimológica, relación con la palabra homilética. El Diccionario de Etimología por Joan Corominas, nos lleva hasta el año 1584 d.C., donde se principió a utilizar en el idioma español el término griego homilía, que originalmente significa reunión o conversación familiar. El Diccionario de la Real Academia Española, define la palabra homilía, como: “Razonamiento o plática que se hace para explicar al pueblo las materias de religión”.

De modo que podríamos definir a la palabra homilética, en su forma más breve y sencilla, así: “Homilética es el arte de preparar y presentar el sermón con éxito”.

La homilética es un arte que debe ser estudiado por todo ministro sincero del evangelio, debido a que se trata de aquello que le puede ayudar a dignificar su ministerio y hermosearlo, de modo que fructifique para la honra y gloria del Divino Maestro.

Bienaventuranzas del Predicador

Antes de dar el mensaje, toma en cuenta estas preguntas vitales para tu ministerio.

a. Bienaventurado el predicador que sabe ayunar y orar.
b. Bienaventurado el predicador que estudia para predicar.
c. Bienaventurado el predicador que sabe predicar.
d. Bienaventurado el predicador que sabe variar el timbre de voz.
e. Bienaventurado el predicador que sabe cuándo terminar su sermón.
f. Bienaventurado el predicador que se predica el sermón primero a sí mismo.
g. Bienaventurado el predicador que predica sobre grandes temas.
h. Bienaventurado el predicador cuyos sermones son claramente enunciados y progresivos.
i. Bienaventurado el predicador cuyo sermón es una unidad y tiene un propósito definido.
j. Bienaventurado el predicador que raras veces utiliza el pronombre "YO".

Antes de Dar el Mensaje Tome en Cuenta Esto

a. Cuando usted anuncie un tema, cíñase a él. Si piensa hablar de la fe, no se concentre en el amor. Algunos tienen por costumbre anunciar un tema que nunca desarrollan.

b. Estudie bien lo que va a decir; sepa de antemano lo que se propone a presentar ante el público. Empezar por el Génesis y terminar con el Apocalipsis cada vez que se habla, indica claramente falta de preparación.

c. Tengan sus ideas ordenadas y bien clasificadas. Las Ideas claras hacen una buena impresión. El público tiene más nociones de lógica y de buen sentido de lo que usted se imagina.

d. Evite los chismes en el sermón. Una buena ilustración en su momento oportuno remacha las ideas; pero los cuentos entrometidos, además de echar a perder la seriedad del mensaje, convierten al predicador en un charlatán.

e. No haga uso de palabras y expresiones vulgares. Molestan al oído de las personas serias y rebajan la dignidad del mensaje y del mensajero.

f. Presente siempre el mensaje de una forma novedosa. No podemos cambiar las verdades, pero podemos decirlas de manera que resulten siempre interesantes. Recuerde que sin interés, no hay mensaje.

Preguntas Vitales Para Nuestro Ministerio

a. Cuando tomamos el púlpito para dar el mensaje, ¿lo hacemos mecánicamente o inspirados por Dios?

b. En el trabajo realizado entre semana, ¿servimos como directivos o como embajadores?

c. En la mente de la multitud, ¿somos hombres de relaciones públicas o somos hombres que están en comunión con Jesús?

d. En su oficina o lugar de estudio, ¿se convierte en un teólogo ingenioso o en un siervo de Dios, recibiendo el mensaje de Dios para ese tiempo?

e. Cuando ministramos, ¿piensa en el pecador y el pueblo de Dios o piensa más en la política eclesiástica?

Con toda seriedad y ánimo abierto, debemos considerar estos apuntes y sugerencias, que nos pueden ayudar a enriquecer nuestro ministerio. Este es el deseo de un servidor en la magna obra de nuestro Divino Salvador. Debemos predicar no sólo para informar sino para formar, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo (Gálatas 4:19; Efesios 4:12).


Lección 2
El Predicador y la Predicación

"Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra" (Hechos 6:4).

El Ministerio de la Palabra

Los apóstoles, hombres santos y consagrados que siguieron las pisadas del Maestro de Nazaret, en cierta oportunidad se encontraron concentrados en servir a "las mesas", ministrando las necesidades sociales y físicas de los miembros de la iglesia, y no les estaba quedando el tiempo suficiente para ejercer la gran responsabilidad de alimentarlos espiritualmente. Por tanto llegaron a un acuerdo, que sería el de usar a otros hombres con cualidades semejantes a las de ellos, para que estos (diáconos) se encargaran de ese trabajo social, a fin de que ellos (los apóstoles) pudieran continuar con su trabajo primordial, es decir el de orar y predicar. Así, ellos cumplirían con la encomienda divina de Cristo: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura" (Hechos 6:1-7; Marcos 16:15). "Y el mismo constituyó a unos apóstoles, a otros profetas; a otros evangelistas; a otros pastores y maestros" (Efesios 4:11).

En seguida, les sugiero una aplicación práctica de este versículo en relación al predicador de hoy, según James D. Crane:

"Pero, ¿qué significa todo esto para nosotros? Nos hace ver con claridad, no sólo lo que "el ministerio de la Palabra" fue en los tiempos neotestamentarios, sino lo que debe ser hoy y siempre. Este ministerio ha de ser apostólico, profético, evangelístico y pastoral. Ha de ser apostólico en el sentido de basar su mensaje en "la fe entregada una vez para siempre a los santos" (Judas 3). Ha de ser profético en el sentido de entregar su mensaje bajo el impulso directo del Espíritu Santo y con el fin de satisfacer las necesidades espirituales de los oyentes. Ha de ser evangelístico o misionero, en su urgencia de traer a las almas perdidas a Cristo como Salvador. Ha de ser pastoral en su empeño constante y abnegado de edificar a los creyentes en Cristo como Señor".

Requisitos del Predicador

Pablo, insigne siervo de Cristo, al transcurrir los años en el desarrollo del ministerio de la palabra, llegó a una conclusión referente a las calificaciones de aquellos que serían llamados a dedicarse a este santo ministerio, y en la primera epístola a Timoteo, capítulo tres y versículos uno al catorce, enumera los requisitos de los predicadores, a los cuales haremos alusión en una forma indirecta, trayendo atención sobre algunos puntos prácticos.

Su vida debe ser sin reproche. Es menester que el predicador tenga un buen testimonio entre los hombres y una conciencia limpia ante Dios. Si su vida tiene manchas o él no anda rectamente delante del mundo, él no tiene buena influencia, y su predicación aunque sea elocuente, no tendrá valor para conmover a las almas.

Si su conciencia no es pura, su predicación no será ungida de Dios y sus palabras serán "como metal que resuena y címbalo que retiñe".

Un hombre no puede guiar al rebaño a cosas más profundas de las que él mismo haya experimentado, ni alzarlo a alturas más altas que él no haya subido.

La conducta moral del predicador ha de ser "irreprochable". Esta es una expresión muy fuerte. No significa solamente que no debe haber acusación en su contra, sino que debe ser imposible formularle una acusación que pudiera resistir la investigación. Su conducta debe ser tal que no deje al adversario ninguna base posible para vituperar su vocación. Tan así ha de ser, aún entre los extraños: "es necesario que goce de buen nombre". El predicador ha de ser un "modelo a los que creen, en palabra, en comportamiento, en amor, en fe y en pureza" (1. Timoteo 4:12). Es cierto que todo hijo de Dios tiene la misma obligación de andar como es digno de la vocación con que ha sido llamado (Efesios 4:1) pero la posición prominente del predicador aumenta grandemente su responsabilidad a este respecto.

Debe Tener Interés en la Humanidad. Es una cosa que el predicador siente una carga por su sermón, y otra que sienta carga por la gente a quien le va a predicar. Es muy natural que un hombre, sabiendo que le toca predicar, busque de Dios un mensaje, porque no quiere fracasar. Pero si su mayor interés es solamente el de ser un buen predicador y predicar un buen sermón, él es "corto de vista". El sermón no puede tener mucho valor, sino tiene un propósito que valga. El predicador que puede conmover la humanidad es el que ama la humanidad, y siente que su alma es angustiada por el estado espiritual de ella.

El predicador que se mezcla con la gente, llega a conocer sus sufrimientos, triunfos, flaquezas, gozos y tristezas. Su corazón se derrite de compasión por ellos. En el púlpito él es una fuente derramándose con palabras de consolación, exhortación y edificación. Su sermón es poderoso porque está encendido en el fuego de su propia alma.

El contacto con la gente ayuda al predicador mismo. Le hace humano, jovial, amigable, con un calor en su personalidad - cualidades que son provechosas para su ministerio.

El que gasta toda la semana encerrado en su oficina, estudiando, puede tener mensajes profundos, pero no ministra a la humanidad porque no le conoce. El estudio y la oración son muy necesarios, pero no deben impedir el contacto con la gente.

Debe Ser Profundo en la Palabra. "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado como obrero que no tiene de que avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad".  (2. Timoteo 2:15).

El Predicador Debe ser Diligente en el Estudio de la Biblia (2. Timoteo 2:15 y 3:15; Juan 5:39).

El hermano M. J. Gaxiola nos aconseja en uno de sus escritos a leer más. Él dice:

"SOMOS GENTE DEL LIBRO, gente de la Biblia. De allí procede nuestra predicación y se requiere que la conozcamos antes de que podamos compartirla con otros".

El ministro debe entonces leer constantemente la Biblia a fin de que cada vez esté más familiarizado con los personajes, eventos, lugares de ideas de que trata. Mientras más lea su Biblia, más se empapará del contenido y del espíritu del libro de Dios, y más sentirá la acción del Espíritu Santo que le conduce al conocimiento de la verdad y el deseo de llevar esa verdad a otros.

El Ministro Debe También Leer Todo lo que le Permita Saber Más Acerca de la Biblia, su historia y su desarrollo, las características de los idiomas originales y todo aquello que le permita tener una idea más precisa del contenido general de la Palabra de Dios.

APRENDER a leer, significa que adquirimos un excelente hábito que necesariamente produce en nosotros una mente más despierta y adquiere forzosamente una mayor sensibilidad espiritual e intelectual.

La Primacía de la Oración. La oración en la vida, en el estudio y en el púlpito del predicador, ha de ser una fuerza conspicua y que a todo trascienda. No debe tener un lugar secundario, ni ser una simple cobertura. A él le es dado pasar el tiempo orando a Dios. Para que el predicador se ejercite en esta oración sacrificial, es necesario que no pierda de vista a su Maestro, quien "levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba". El cuarto de estudio del predicador ha de ser un altar, un Bethel, donde le sea revelada la visión de la escala hacia el cielo, significando que sus pensamientos antes de llegar a los hombres han de subir hasta Dios, para que todo el sermón esté impregnando de la atmósfera celestial, de la solemnidad que le ha impartido la presencia de Dios en el estudio.

El predicador debe, por la oración, poner a Dios en el sermón. El predicador, por medio de la oración acerca a Dios al pueblo, antes de que sus palabras hayan movido al pueblo hacia Dios. El predicador ha de tener audiencia con Dios antes de tener acceso al pueblo. Cuando el predicador tiene abierto el camino hacia Dios, con toda seguridad lo tiene abierto hacia el pueblo.

Los predicadores son seres humanos y están expuestos a ser arrebatados por las corrientes del mundo. La oración es un trabajo espiritual y por eso la naturaleza humana caída rehúye al trabajo espiritual y exigente. La naturaleza humana gusta de bogar hacia el cielo con un viento favorable y un mar tranquilo. La oración lo hace a uno sumiso. Abate el intelecto y el orgullo, crucifica la vanagloria y señala nuestra insolvencia espiritual. Todo esto es difícil de sobrellevar para la carne y la sangre.

El valor que le damos a la oración, está evidenciado por el tiempo que le dedicamos. A veces el predicador sólo le concede los momentos que le han sobrado.

El predicador tiene la comisión de orar tanto como predica. Su labor es incompleta si descuida alguno de estos dos aspectos. Aunque el predicador hable con toda elocuencia ante los hombres, si no ora con fe para que el cielo venga en su ayuda, su predicación será como "metal que resuena y címbalo que retiñe" (1. Corintios 13:1).

La Primacía de la Predicación. J.D. Crane tiene una sobresaliente exposición sobre el tema de la predicación, en la cual nos dice así:

“Corría el año sesenta y seis. Desde la húmeda celda romana en que aguardaba su proceso final, el anciano Pablo escribía a Timoteo, su hijo en la fe. Era su última carta, y en ella vertía el alma en palabras de consejo, de estímulo, de exhortación y de advertencia. Ya para terminar, reunió todo lo dicho en un gran encargo final:

"Requiero yo pues delante de Dios, y del Señor Jesucristo, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina; antes, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído, y se volverán a las fábulas. Pero tú vela en todo, soporta a las aflicciones, haz la obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque yo ya estoy para ser ofrecido, y el tiempo de mi partida está cercano". (2. Timoteo 4:1-6).

¡El deber principal de Timoteo era el de predicar! Los motivos más solemnes lo impulsaban a ello. Pablo pronto moriría. Callada la voz de aquel que "desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico" había "llenado todo del evangelio de Cristo" (Romanos 15:19), era menester que otra voz anunciara las buena nuevas.

Además, la oportunidad pasaba. Se divisaban los tiempos en que los hombres no prestarían atención al mensaje de vida, sino que buscarían a maestros que halagaran sus oídos con palabras melifluas de una falsa paz. Por tanto había que aprovechar la oportunidad presente.

Otro motivo era el hecho de estar actuando constantemente "delante de Dios". El ojo divino lo vigilaba tomando nota de su labor. Por último, la perspectiva del juicio final en el que el Señor Jesús, "el Príncipe de los Pastores", premiará con "corona incorruptible de gloria" (1. Pedro 5:4) a los que hayan desempeñado su comisión con fidelidad, le animaba a ser constante y cumplido en su ministerio de la predicación.

Las palabras dirigidas a Timoteo tienen una aplicación perenne para la iglesia del Señor. Su tarea principal es la predicación. Cuando Cristo subió al monte y llamó así a los que quiso, estableció a los doce como cuerpo apostólico, y su propósito fue "para que estuviesen con él, para enviarlos a predicar, que tuviesen potestad de sanar enfermedades y de echar fuera demonios" (Marcos 3:14. 15). La comunión con Cristo sería su preparación; los milagros de sanidad serían credenciales para su mensaje en el tiempo transitorio de la cimentación de la causa cristiana en un mundo hostil y la obra central había de ser la de predicar. Cuando los doce fueron enviados de dos en dos a recorrer la provincia de Galilea, sus instrucciones fueron: "Y yendo, predicad". Cuando los apóstoles pidieron una señal de la futura venida del Señor y del fin del mundo, se les indicó que sería "predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin" (Mateo 24:14). Y cuando el Maestro quiso reducir a la forma más breve posible su gran comisión, la expresó en estas palabras: "Id por todo el  mundo, y predicad el evangelio a toda criatura" (Marcos 16:15).

La primacía de la predicación fue bien entendida por la iglesia primitiva. Cuando Felipe descendió a la ciudad de Samaria, "les predicaba" (Hechos 8:5). Cuando Pedro se presentó ante el centurión romano en Cesarea, le dijo que el Señor "nos mandó que predicásemos" (Hechos 10:42). Cuando los filósofos atenienses quisieron describir a Pablo, dijeron: "Parece que es predicador..." (Hechos 17:18). Y tuvieron mucha razón porque el mismo apóstol consideraba que la predicación era su tarea principal, como vemos en su declaración a la iglesia de Corinto, cuando dijo: "Porque no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el evangelio"  (1. Corintios 1:17). Tan así era, que Pablo conceptuaba como una imposibilidad el que las gentes creyesen "sin haber quien les predique" (Romanos 10:14). "Así predicamos", dijo, "y así habéis creído" (1. Corintios 15:11).

Definición de la Predicación

Un ministro apostólico describe lo que es predicar, diciendo:

"Predicar es dar a conocer la voluntad de Dios según se revela en las Escrituras y hacerlo con unción del Espíritu Santo, con sabiduría, destreza, amor, belleza, disciplina, atractivo y perseverancia, de modo que la predicación sea entendida y aceptada como Palabra de Dios, al grado que inspire a quienes la escuchan a creerla, obedecerla, vivirla y propagarla".

Al mismo tiempo este ministro nos dice lo que NO es predicar.

"Predicar NO es regañar, NI confundir, engañar, enredar, perder el tiempo, presumir, excitar, incitar, recitar, meterse en aprietos, salir de aprietos, asustar, amenazar, vengarse, aprovecharse, etc."

El hermano Maclovio Gaxiola L. Define la predicación de una forma muy interesante y dice:

"La predicación del evangelio es el hacha puesta a la raíz de los árboles. Los derriba con violencia, los arranca de su puesto y los prepara para que llevados al aserradero pasen por el molino y después por el banco del ebanista, llegando a convertirse en mueble o en utensilio para estar en la sala o en la recámara, dando servicio al hombre. La predicación del evangelio derriba a los hombres de su pedestal, les arranca de la ignorancia, del orgullo, de la vanidad y los lleva poco a poco al arrepentimiento, en donde una vez convertidos, pueden irse moldeando hasta llegar a estar en la casa de Dios, adornando en todo la doctrina de nuestro Salvador Dios".

La Predicación Definida Etimológicamente

La idea fundamental de la comunicación verbal se revela claramente al examinar los diferentes verbos griegos que han sido traducidos en la versión Reina-Valera por la voz predicar. Dos veces (Marcos 2:2; Hechos 14:25) está representada por la traducción de laleo, verbo que significa simple y llanamente hablar, como puede verificarse por una referencia a otros pasajes en que la misma palabra griega es empleada. (Hechos 11:19; 13:42; 16:6).

Siete veces (Hechos 5:42; 17:18; 1. Corintios 15:1,2; 2. Corintios 11:7; Gálatas 1:16; Apocalipsis 14:6), la palabra predicar es la traducción de euaggelizo, vocablo que significa traer buenas noticias, anunciar alegres nuevas o proclamar las buenas nuevas. El mismo verbo aparece en otros cuarenta pasajes donde es traducido generalmente como anunciar.

El otro verbo griego traducido como predicar es kerusso, que significa proclamar públicamente como un heraldo, siempre con la sugestión de "formalidad, gravedad y de una autoridad que demanda atención y obediencia" (Joseph Henry Thayer, A Greek - English Lexicon of the New Testament, pag. 346). Setenta y un veces este verbo aparece como publicar, dos veces como pregonar y una vez como divulgar.

Lo dicho hasta aquí basta para comprobar que la comunicación verbal de la verdad divina, es el método divinamente ordenado para la aplicación del evangelio. Pero es necesario hacer constar que dentro de este método existe una saludable variedad.  Aparte de los términos ya mencionados, existen otras varias expresiones en el Nuevo Testamento que describen los discursos cristianos. Solo en el libro de los Hechos, se encuentran veinticuatro de ellas, tales como exhortar, testificar, disputar, afirmar, persuadir, amonestar, profetizar, disertar, enseñar, alegrar, y otras más.

Tentaciones del Predicador

Como palabra de consejo, advertencia y exhortación, un ministro apostólico escribió sobre estos peligros, que citaremos:

La Ambición de poder y Alabanza. Un ministro puede sentir el atractivo del poder en sus relaciones comunes con su congregación. Hay algunos cuyo deseo de dominar, se muestra abiertamente en sus intentos por convertirse en dictadores de sus propias iglesias. Para esto, el Apóstol Pedro nos advierte: "Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplo de la grey" (1. Pedro 5:2,3). El amor al poder se vincula con la búsqueda de alabanza propia. No podemos negar que hay alabanza sincera la cual es muy correcta, justa y merecida. Pero cuando la alabanza se convierte en adulación, el peligro reside en que un predicador se convierta en adicto a la alabanza hasta que esta llega a convertirse en una necesidad, y entonces lucha por obtenerla a cualquier precio. Esto puede ser semejante a un adicto al alcohol, que alguna vez tuvo un paladar delicado, capaz de discriminar ente vinos escogidos, pero al hundirse en el vicio, ahora su deseo principal es embriagarse, y no puede ser exigente en cuanto a la calidad del brebaje que produce el efecto. El deseo de alabanza puede arruinar a un predicador, hasta el punto de hacerlo incapaz de distinguir entre la adulación y los cumplidos huecos por una parte, y la sincera gratitud y la aprobación por una tarea bien cumplida, por la otra.

La Auto-Exhibición. La personalidad del predicador, puede ser dañada cuando se cae en la tentación del exhibicionismo, cuando se ama y se busca la espectacularidad, cuando se inclina al dramatismo, o cuando él mismo se coloca en el centro, olvidando que el centro de la predicación es Cristo. Los oyentes deben ser guiados a Cristo en el momento de la presentación de la predicación. Los oyentes deben hallar un camino preparado para el encuentro personal con Cristo. De otra manera, los creyentes se sentirán frente a un actor y no frente a un predicador.

Conclusión. Podríamos haber escrito mucho más sobre este tema, pero también queremos recalcar que nuestro interés no es solo informativo, sino queremos que primordialmente sea FORMATIVO, y para ello no se requiere de un volumen grande de  muchas ideas y técnicas, sino realmente algunos puntos prácticos que puestos en acción, producirán predicadores eficaces, espirituales y conscientes de la necesidad del pueblo de Dios y del mundo irredento. Por lo tanto invitamos al estudiante, a que su aprendizaje sobre este tema no termine aquí, sino que ésto sólo sea un génesis.


Lección 3
La Preparación del Sermón

"Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que avergonzarse, qué USA bien la palabra de verdad" (2. Timoteo 2:15).

Introducción

Cumpliendo con lo que dijo Pablo, el gran predicador, en el versículo que hemos tomado como base, donde nos aconseja a usar (dividir, trazar, manejar) bien la palabra de verdad", hemos copilado este material que creemos nos dará una idea general y práctica de cómo preparar un sermón. Presentamos enseguida, una síntesis de las formas más comunes para preparar y arreglar el sermón, para después (en las próximas lecciones) presentar cada división de una forma más detallada, a fin de alcanzar una mejor comprensión y profundización sobre lo ya referido.

El Texto, El Tema, La Introducción, El Cuerpo del Sermón, Las Ilustraciones y La Aplicación

El texto. El tomar un texto bíblico para predicar, despierta el interés de la congregación y llama la atención del pueblo. Gana la confianza de éstos, porque el predicador va a proclamar la Palabra de Dios y no sus propias opiniones. A la vez da al predicador autoridad y valor en proclamar su mensaje. Le ayudará al mismo tiempo a guardar su mente de vagar.

Pero ¿cómo escoger el texto para el mensaje?

Primero, por la dirección del Espíritu Santo. Al hombre que vive continuamente bajo la influencia y el poder del Espíritu Santo, raras veces le será difícil hallar de qué predicar.

Segundo, por la lectura constante de la Palabra de Dios. La Biblia es la mina del predicador. Cuando algún pensamiento o ilustración le impresione, debe anotarlo en una libreta. A veces, al leer las Escrituras, cierto texto le llamará la atención y aun un bosquejo se le puede presentar.  Hay que apuntar tales pensamientos, pues algún día le servirán.

Tercero, las necesidades del pueblo le ayudarán al predicador a escoger su texto para el mensaje. Hay que estudiar las necesidades físicas, morales y espirituales del pueblo.

Por último, la lectura de buenos libros. Si los leemos no para copiarlos, sino para recibir inspiración, serán una ayuda grande. El estudio de las biografías de grandes predicadores, misioneros y reformadores, es una grande inspiración para el predicador.

El predicador debe evitar escoger textos o temas que no pueda desarrollar. Asimismo, debe evitar controversias.

Tampoco se debe usar como texto una parte de un pasaje que exprese parte de la verdad. Por ejemplo: "No hay Dios". El texto completo es: "Dijo el necio en su corazón: No hay Dios" (Salmo 14:1).

Para la interpretación del texto que hayamos escogido, hay que saber exactamente la enseñanza bíblica general sobre el tema tratado en el texto. Por el estudio del contexto, se puede entender mejor lo que quiere decir el texto. Al escoger un versículo sin considerar el contexto, se expone uno a muchas equivocaciones. También es muy importante en la interpretación de cualquier porción de la Biblia, compararla con los pasajes paralelos, si los hay, o los que tratan del mismo asunto. Después de haber hecho todo esto con diligencia y oración, entonces se pueden buscar otras ayudas en libros o comentarios.

[Para más información sobre el texto bíblico, vaya a la Lección 5. Elección del Texto Bíblico]

El Tema. Proposición o texto que se toma por argumento o asunto de un discurso. Viene del latín Thema, y también del griego Tema, que significa proposición fundamental.

[Para más información sobre el tema de la predicación, vaya a la Lección 4. El Tema]

El Título. Inscripción que se pone al frente de un libro o de un capítulo, para dar a conocer el asunto de que trata (Diccionario El Pequeño Larousse Ilustrado).

El Tema y El Título. Para presentar un buen sermón, es necesario tener primero un buen tema sobre algún asunto definido, específico, concreto y determinado.

Antes de proceder a elaborar un sermón, es menester hacerse primero la pregunta: ¿De qué voy a hablar?  La respuesta a esta pregunta dará el tema. Tómese, por lo tanto, como regla general, hacerse la pregunta: ¿De qué voy a hablar? Un buen tema es augurio de un buen sermón, dado que el sermón ha de contener el desarrollo del asunto expresado en el tema.

La Introducción. Cada sermón necesita tener su introducción para despertar el interés del auditorio y para presentar lo que sigue. La introducción no debe prometer demasiado, por lo cual es bueno desarrollarla después de preparar el mensaje. No debe ser muy recia ni demasiado extensa. Es mejor  comenzar en un tono ordinario y tratar el sermón gradualmente.

[Para más información sobre la introducción, vaya a la Lección 6. La Introducción]

El Cuerpo del Sermón

El desarrollo ha sido llamado el plan o argumento del sermón. Se pueden hacer tantas divisiones como sean necesarias, para ayudar a presentar el tema claro, definido y completo. Sin embargo, no deben ser demasiado marcadas.

La Primera División del Sermón: ¿Qué Es?

La primera división debe tratar de aclarar el tema. Al contestar a la pregunta ¿Qué es?, se alcanza su finalidad.

Puede lograrse al dar la definición del tema y sus términos auxiliares. Por ejemplo, si el tema del sermón es "la santificación", la primera parte puede dar la definición de la palabra, puede presentar otros términos que quieren decir la misma cosa, y se pueden exponer errores que se presentan en el entendimiento de este asunto, etc.

También se puede contestar a la pregunta ¿Qué es? al explicar el tema, de allí la necesidad de entender perfectamente el asunto del mensaje.

Hay ocasiones en las que la contestación a la pregunta: ¿Qué es?, se puede hallar más claramente por medio de comparaciones o contrastes. Jesús usó este método muchas veces, comparando al Reino de los Cielos con alguna cosa bien conocida. Por ejemplo, dijo: "El reino de los cielos es semejante a un mercader que busca  buenas perlas" (Mateo 13:45).

La Segunda División del Sermón: ¿Por Qué?

La segunda división del sermón debe contestar a la pregunta ¿Por qué?

Esta debe exponer la necesidad o la razón por la que uno debe creer y aceptar la verdad expresada en el tema del sermón. En esta parte del mensaje vienen los argumentos. Hay que convencer a los oyentes de la verdad. Para hacerlo, el predicador debe tomar en cuenta el alcance de los conocimientos del auditorio, comenzando por un hecho ya conocido por ellos y procediendo así hacia lo desconocido. Jesús, para enseñar las grandes y profundas verdades celestiales, hablaba a la gente de las flores del campo, de la siega, de las aves, del trigo y de las mujeres moliendo. Sigamos su ejemplo:

La Tercera División del Sermón: ¿Cómo?

La tercera gran división del sermón tiene por propósito presentar la manera por la cual el tema tratado puede efectuarse, o en otras palabras, contestar a la pregunta: ¿Cómo?

Por ejemplo, si el tema ha sido la regeneración, la primera división explicará lo que es; la segunda el por qué es necesaria; y la tercera división explicará cómo puede ser efectuada, lo cual debe incluir la agencia divina (la parte que Dios hace) y la agencia humana (o sea, la parte que toca al hombre).

Las Ilustraciones. Todo sermón debe tener sus ilustraciones. La ilustración es al sermón lo que la ventana es a la casa. La casa no debe ser toda ventana, ni el sermón, todo ilustración.

¿Dónde encontramos las ilustraciones adecuadas?

Primero, en la Biblia. Las historias, las parábolas y las experiencias de las personas que hallamos en ella, pueden usarse como ilustraciones muy ciertas y efectivas.

Segundo, en todo lo que nos rodea. Hay que llevar los ojos y oídos abiertos a todo lo que se hace y se dice a nuestro alrededor. Jesús en sus sermones habló de los lirios, la luz, la sal, las abejas, el trigo, etc.

Tercero, en la historia y la biografía de las personas.

La Aplicación. La parte más delicada del mensaje es la aplicación. ¡Cuántos buenos sermones han quedado en el aire por falta de que los oyentes los apliquen sobre sus vidas! Muchas veces es mejor que el mismo predicador haga su propia aplicación e invitación, en lugar de dejar este trabajo importantísimo al que está dirigiendo el culto. No es suficiente que los hombres se convenzan de la verdad, sino es menester que se conviertan. Los hombres por lo general no dejan el pecado simplemente porque entienden que lo deben dejar, sino porque sienten la culpabilidad por haberlo cometido, y por lo tanto hay que tratar de llevarlos a esta convicción.


Lección 4
El Tema


Necesidad del Tema. Para tener un buen sermón, es necesario tener primero un buen tema sobre algún asunto definido, específico, concreto y determinado. Antes de proceder a elaborar un sermón, es menester hacerse primero la pregunta: ¿De qué voy a hablar? La respuesta a esta pregunta dará el tema. Tómese por lo tanto, como regla general, hacerse siempre la pregunta: ¿De qué voy a hablar?

Definición del Tema. El tema es la expresión exacta del asunto, o sea la respuesta a la pregunta: ¿De qué voy a hablar?

El tema no sólo ha de abarcar o incluir lo que se va a decir, sino que ha de excluir todo lo que no tenga que ver con el asunto.

El tema es el mismo texto bíblico, pero dicho ya con nuestras propias palabras. El tema es la raíz del texto. Después de todas la ideas expuestas, podemos concluir que el tema es el asunto que nos proponemos a desarrollar en un sermón, o sea el contenido del sermón, dicho en una frase enérgica y sugestiva.

Escogiendo el Tema. Para escoger un tema para nuestro sermón, debemos tomar en cuenta estas consideraciones.

Escoger un tema que uno conozca bien.
Nunca debe buscar algo que sea superficial y de poco interés.
Debe buscarse un tema que tenga como fin traer bendición para nuestro auditorio.
Debe ser un tema condensado a cierto fin y no demasiado general.
No se debe considerar solamente lo que se va a decir, sino también lo que no se va a decir.

El predicador debe ser un hombre observador, y en su trato con las personas convertidas y las no convertidas, debe hallar temas que sean provechosos para su auditorio.

No vaya a confundir lo anterior con la mala costumbre de decir desde el púlpito lo que se observa en los hogares que el predicador en su trabajo diario ha visitado, pues el predicador que esto hace, pronto se dará cuenta de que se le ha perdido la confianza y nadie le platica de asuntos íntimos, por razón a que tienen miedo de que los vaya a decir desde el púlpito.

Observe a su congregación y dese cuenta si hay inquietud en ellos por algunas de esas pruebas que suelen venir como olas de Satanás para destruir la Iglesia de Cristo, y pídale a Dios con mucha oración, un tema que levante el ánimo de la congregación.


Lección 5
Elección del Texto Bíblico


Significado de la Palabra "Texto". La palabra texto, viene del latín textus, que significa tejer. Pero la palabra tiene diferentes acepciones.

Texto es el contenido de un escrito cualquiera. De ahí que cuando nos referimos a un libro, por su contenido o por el asunto que trata, lo designamos como libro de texto: Por ejemplo: libro de texto de historia, libro de texto de lógica, libro de texto de matemáticas, libro de texto de homilética, libro de texto de teología, etc.

Pero para los efectos de la homilética, el texto es lo que nos sirve de base para el sermón, o sea un versículo o un pasaje de la Biblia.

Ventajas de Tener un Texto Bíblico

El sermón consiste en explicar un texto de las Sagradas Escrituras. Si no hay texto bíblico, podrá resultar un discurso, un artículo, un ensayo, una disertación. Para que sea sermón, necesariamente ha de tener como base una porción bíblica.

El hecho de tener un texto para la predicación, representa una serie de ventajas, tanto para el predicador, como para el auditorio:

Da Autoridad. Desde el momento en que nos paramos en nuestro púlpito y anunciamos un texto como base del mensaje, ese hecho nos da autoridad delante del auditorio, ya que no nos proponemos a hablar algo como de nosotros mismos, sino que anunciamos que vamos a hablar de la Palabra de Dios, de la Biblia. "No que seamos suficientes de nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra suficiencia es de Dios" (2. Corintios 3:5).

Despierta el Interés. Si la elección del texto como base de nuestro sermón ha sido una elección feliz y bien hecha, se despierta el interés de la congregación, y de allí en adelante ésta estará atenta para ver como vamos a desarrollarlo y qué es lo que vamos a decir de ese texto en particular.

Ayuda a Recordar. Si el predicador se pone a deambular y no tiene un texto en particular en el cual ha de basar su sermón, será muy difícil que recuerde la idea central mientras predica, tanto para él como para el auditorio. Pero si hay un texto de base, será relativamente fácil recordar tanto el desarrollo como las ideas expuestas en el sermón.

Da Oportunidad Para Explicar la Biblia. Puesto que el sermón es la explicación de un texto bíblico, cada vez que prediquemos debemos hacer uso de una porción de la Biblia. Esto no lo logra el que no tiene rumbo fijo, porque no cuenta con un tema o asunto definido, específico o determinado, sino que habla de todo  lo que sabe, aunque quizá no lo que debe.

Impide Divagar. Si tenemos un texto bíblico, y el sermón consiste en explicar dicho texto, este hecho nos impedirá divagar, ya que nuestra tarea será concentrarnos en el texto que hemos escogido.

Da Variedad. Si hoy predico sobre un texto que he escogido en el Evangelio de Marcos, en otra ocasión tomo uno de Isaías, y después uno de Apocalipsis, y luego uno del Génesis, este hecho de tomar textos de diferentes porciones de la Escritura, dará variedad a la predicación. El sermón cada vez será distinto.

Ejemplos de Textos con Temas

Texto. En el principio... (Génesis 1:1).
Tema. Comenzar

Texto. ¿En dónde estás? (Génesis 3:9).
Tema. Orientación.

Texto. La vida es más que el alimento. (Lucas 12:23).
Tema. El Supremo Valor.

Texto. ¿Cuánto debes? (Lucas 4:10).
Tema. Deudores somos.

Texto. Si supieras..., (Juan 4:10).
Tema. Oportunidades desconocidas.

Texto. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? (Génesis 4:9).
Tema. La Responsabilidad

Texto. Saldré como antes... (Jueces 16:20).
Tema. Jugar con el peligro.


Lección 6
La Introducción


Su Necesidad. Una pared larga y lisa de un edificio, no tiene ningún atractivo para nadie. Pero si a esa pared se le pone en la parte superior una cornisa o cualquier adorno, se ve mejor. Y si se le ponen unas ventanas artísticas y hermosas, llamará aún más la atención. Si además de eso se le pone un portalito, ya cambia totalmente su presentación. Ese mismo objeto se logra con la introducción en el sermón.

El sol por la mañana no aparece exabrupto, sino que empieza con una claridad un tanto tenue por el horizonte, claridad que va aumentando a medida que el astro rey avanza y hace su aparición sobre la tierra. Cuando se encuentra en el cenit, sus rayos son más esplendorosos, más brillantes y más hermosos. Así pasa con la introducción del sermón. Es como dice Proverbios 4:18: "Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto".

Un preludio, es la música que se toca antes del servicio o del culto, o mejor dicho, con eso se da principio al culto. Pero preludio significa que precede o sirve de entrada y principio para alguna cosa. Es la escala, el arpegio, antes de cantar o tocar la pieza principal. Esto mismo en el terreno de la predicación sería la introducción.

Todos los libros o la inmensa mayoría de ellos tienen una Introducción, a la cual también se le llama Exordio, Prefacio, etc. El sermón, por la misma razón, ha de tener su introducción.

Algunos libros de la Biblia también tienen su introducción. Por ejemplo, Lucas colocó esta introducción en su versión del evangelio.

"Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido" (Lucas 1:1-4).

Luego, en el libro de los Hechos, Lucas se refiere a su versión del evangelio como su  primer tratado, y manifiesta desde la introducción que este otro libro será su segundo tratado, por lo cual el santo evangelio Según Lucas y los Hechos de los Apóstoles son una sola obra en dos tomos.

"En el primer tratado [el cual es el evangelio de Lucas] Oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar..."  (Hechos 1:1-5).  Esta es una buena y excelente introducción que Lucas hace en el libro de los Hechos.

Sus Fuentes. Ya hemos demostrado que es una necesidad tener una introducción en todo sermón. Ya vimos también cual es el objeto de la introducción en la predicación. Veamos ahora las fuentes de donde podemos obtener introducciones:

Si hay en el texto algunos elementos que necesitan explicación, esta explicación nos puede servir de introducción. Colocaremos un ejemplo:

Texto. "No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación". (Romanos 1:16).

Tema. La Dinamita de Dios.

Introducción. En el griego original, encontramos que la palabra poder tiene la misma raíz que la palabra dinamita. Viene de la palabra dunamis.

De modo que esta explicación nos da pie para poner el tema. “La Dinamita de Dios”.  La explicación del texto nos sirvió de introducción.

También podríamos extraer una introducción desde el contexto. El contexto es lo que va con el texto, o sea lo que está tanto antes como después del texto. Por ejemplo, una introducción basada en el contexto podría ser la siguiente:

"Originalmente el Salmo  55 eran dos salmos distintos. Pero como los dos salmos expresaban lamentos por la necesidad, se unieron en uno solo. El primero lo formaban los versículos del 1 al 18, incluyendo el versículo 22. El otro salmo estaba formado por el resto de los versículos. La nota más práctica está en los versículos 13 y 14, en donde el jefe de sus enemigos, fue en un tiempo su más íntimo amigo; que siempre iban juntos al templo. Pero su amigo no sólo se convierte en su enemigo, sino que se hace jefe de un grupo de enemigos. Esto le hace observar en derredor de él mismo, y cómo no encuentra seguridad, esperanza, comprensión; y como nota que en este mundo no hay nada que le ofrezca suficientes garantías, estas las busca en las cosas divinas, en Dios mismo, y eso lo hace exclamar: "Echa sobre Jehová tu carga, y Él te sustentará".

Esta explicación que encontramos en el contexto, muy bien nos puede servir como material para la introducción.

La introducción también puede ser elegida de forma ocasional. Ocasional quiere decir en el momento, bajo las circunstancias que se nos presentan. Por ejemplo, la ocasión puede ser un culto para la dedicación de una graduación, de una iniciación de sermones o cursos, de una boda, de un día de la madre, etc., esa es la ocasión.

Ejemplos de Introducción

Texto. Hebreos 11:24-26
Tema. La elección de Moisés.
Introducción. Esta galería de los Héroes de la fe del capítulo 11 de Hebreos, es uno de  los capítulos más apreciados en el libro de Hebreos, y Moisés es uno de los héroes más destacados en esa galería. Hizo la gran elección de su vida "por fe" cuando escogió servir a Dios, en vez que a los dioses de Egipto.

Texto. Mateo 6:5-8; 7:7-11; Santiago 5:13-16
Tema. La Oración en la vida cristiana.
Introducción. Es muy apropiada la figura que se ha aplicado a la oración, a saber: que la oración es para la vida espiritual lo que es la respiración para la vida física. Así como esta vida dura poco tiempo sin la respiración, así también la vida espiritual no puede existir mucho tiempo sin la oración. La oración es vital para todo cristiano.


Lección 7
Elementos Que Debe Manejar el Predicador


El Lenguaje. Puesto que la predicación hace uso de las palabras, es necesario que ésta presente el mensaje con claridad y energía. El lenguaje es la encarnación del pensamiento. Los pensamientos del predicador pueden estar bien o mal vestidos. Cuanto más estudie el predicador las palabras que usa, mayor es la posibilidad que presente el mensaje a sus oyentes eficazmente.

El lenguaje debe ser sencillo. Se deben evitar las palabras desconocidas por los oyentes. Toda frase complicada debe ser eliminada. Nuestro salvador habló de tal manera que la multitud del pueblo le oía de buena gana. (Juan.7:46).
El lenguaje debe ser expresado gramáticalmente. El lenguaje tiene un fundamento gramatical, así que lo menos que puede hacer el predicador es estudiar las reglas que gobiernan el idioma y luego procurar cumplirlas. Los errores gramaticales solo consiguen alejar la atención de los oyentes del mensaje para fijarla en el lenguaje, y es obvio que no debe ser así. Hay excelente libros escritos para remediar cualquier deficiencia gramatical, de manera que nadie tiene excusa para permanecer en ignorancia.
El lenguaje debe ser enérgico. Esto requiere del uso de palabras que expresen adecuadamente el pensamiento que el predicador desea trasmitir. Todo predicador debe procurar constantemente agregar palabras nuevas a su vocabulario. Debe buscar primero el significado exacto de las palabras, después escribirlas varias veces y finalmente tratar de usarlas correctamente en su conversación.
El lenguaje debe ser pronunciado correctamente. Estamos de acuerdo que todo lo anterior exige gran esfuerzo, estudio concentrado y continuo, pero vale la pena. La obra del señor requiere lo mejor que podamos darle.

El Propósito de la Voz. La voz humana es el instrumento dado por Dios, por el cual su mensaje es trasmitido a través de su mensajero para lograr sus propósitos.

La voz tiene tres registros (volumen, intensidad): bajo, mediano y alto. (1) El bajo, sirve para expresar solemnidad, dolor y temor. (2) El mediano, para la conversación normal. Es el más indicado para la predicación. Y (3) El Alto, expresa gozo, triunfo, desafío y reto.

Cambie muy naturalmente de uno a otro registro, según lo exijan las circunstancias.

Ejemplos del Mal Uso de la Voz

El que no abre la boca: parece que tuviera una papa en la boca. Evite el murmullo inarticulado.
El gritón: su predicación aturde a los oyentes y se parece mas a un rugido que a un mensaje.
El arrullador: es como una especie de cauto, que eleva y desciende el tono hasta lograr el sueño de los oyentes.
El afónico o unísono: ni sube ni baja la voz. Es desafinado e inexpresivo no importa cual sea el tema, usa la misma monotonía e insípida voz. No hace breves pausas.
El que baja la voz: este predicador empieza cada frase en tono audible, pero al acercarse al final de ella, baja su voz de manera que nunca se oyen las palabras finales.
El repetidor: esta persona tiene el hábito molesto de repetir sus frases vez tras vez como si sus oyentes fueran sordos o retrasados mentales. Una plática de diez minutos puede durar 20 o 30. La frase favorita de esa persona es: “como he dicho antes y lo vuelvo a repetir’’.
El despeja su garganta: este predicador se permite un ligero, pero innecesario, despejar de la garganta al final de cada frase y a veces en medio de ella.
Toser, usar monosílabas, ejemplo, ah, e, eee).
El caminante sin rumbo: este predicador nos ofrece un sermón que es una colección de pensamientos aislados que aparentemente se le van ocurriendo a medida que habla. El auditorio no logra captar el tema del sermón.

Ante el Auditorio

Se deben mantener los ojos abiertos. Muchos encuentran dificultades en esto, debido a su extrema timidez; pero deben sobreponerse  a esto y practicar resueltamente el darle la cara a la congregación.

Esto hace ganar el respeto del auditorio. El ojo humano impone autoridad y la gente respeta al predicador que con la frente en alto mira a todo el mundo de frente.
Permite al predicador ver la reacción del auditorio ante su mensaje: una mirada turbada le indicara que no se ha expresado con claridad y entonces será oportuno usar una ilustración. Una expresión de aburrimiento le informara que es menester hacer algo para avivar el decadente interés. Puede percibir ansiedad del alma en otros y procurará acercarse a ellos más tarde para una conversación personal.
Permite al orador ver si el auditorio esta cómodo.

El Tiempo. El tiempo es de mucho valor. El tiempo perdido nunca se recupera, por lo tanto el predicador debe usarlo con el máximo provecho.

Es mejor dejar un auditorio ansiando, que dejarlo hastiado. Es excelente reglar el parar cuando el interés está en alto, en vez de seguir hasta notar aburrimiento y enojo ¡Bienaventurado el predicador que sabe cuando terminar!

El Tema. Estamos viviendo días difíciles, en los cuales el predicador se sentirá tentado a inventar o introducir algo nuevo y llamativo en sus sermones en vez de exponer la palabra de Dios. Ante esto, el orador debe estar atento.

Hoy se requiere de hombres dotados por Dios, que estén dispuestos a predicar la palabra de Dios sin temor ni contemplaciones y en el poder del Espíritu Santo. (2. Timoteo 4:2-3). Es necesario hacer a un lado la ciencia, la filosofía, el gobierno, la política, la farándula, y dedicarnos a presentar el mensaje puro del evangelio. Para ello se requiere persistencia, denuedo, fervor, paciencia, celo y fidelidad.

Los Resultados. Todo predicador debe estar pendiente de los resultados obtenidos por su labor (Eclesiastés 11:1).

Dios los ha prometido. Isaías 55:11; salmos 126.6
Solo Dios los puede dar: el predicador debe tener siempre presente que “la salvación es de Jehová” (Jonás 2:9). “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican” (Salmo 127:1). La única tarea del predicador es la de proclamar el mensaje  del evangelio en el poder del Espíritu Santo. Los resultados están en las manos de Dios.
Debe de cuidarse de no crear resultados: el evangelio “profesional” con su insaciable apetito por resultados (en contraste con el “fruto” que es de Dios) ha sido responsable de una falsa “conversión” de muchos. Sólo han levantado las manos, pasado al frente o firmado una tarjeta sin ser plenamente convencidos de su pecado por el Espíritu Santo. Aquellos "predicadores" usan unos granos de evangelio seguidos por una tonelada de oratoria. (Eclesiastés 11:1; 1. Colosenses 2:19; 1. Corintios 3:5-9).
El predicador debe esperar que haya resultado: para lo cual debe desempeñar una amplia labor de seguimiento a aquellas personas que han estado escuchado el mensaje. Dios añadirá a su iglesia cada día los que han de ser salvos.