jueves, 26 de septiembre de 2013

Absolutos, Interpretaciones y Deducciones de la Santa Escritura

Por R. David Zúñiga. © Todos los derechos reservados.
Publicado en este blog con permiso del autor.


Una buena sinopsis consiste en separar las enseñanzas en ABSOLUTOS, INTERPRETACIONES y DEDUCCIONES.

En el centro están los "absolutos" que son los fundamentos inamovibles de nuestra fe. Estas son las verdades específicamente articuladas en la Escritura que no han cambiado a través de los siglos, y que no cambiaran a medida que cambie el tiempo; permanecen intactas por encima de culturas o líneas geográficas, aún políticas.

El segundo circulo que rodea al primero lo llamaremos "interpretaciones". Una interpretación es una explicación y aplicación de la Escritura. Usualmente estamos interpretando cuando decimos, "esto significa...." Los eruditos de la Biblia han desarrollado un proceso bien pensado para determinar una interpretación razonable de las Escrituras. Cada maestro o predicador, ya sea de una célula o un influyente líder cristiano, tiene la responsabilidad de enseñar utilizando interpretaciones acreditadas de la Escritura.

El tercer circulo son las "deducciones". Una deducción es una conclusión que creamos de diferentes fuentes. Nuestras deducciones pueden venir de nuestras propias experiencias combinadas con un estudio personal de la Escritura. O pueden venir de escuchar o leer de otros que lo han implantado como una tradición y han sacado una selección de versículos y forman lo que parece una conclusión lógica. Esa es una deducción. Las deducciones tienen la gran capacidad de ser incorrectas más que una interpretación y una interpretación tiene el gran potencial de estar equivocada en relación a un absoluto, ya que los absolutos jamás estarán equivocados.

Pero eso no es todo, afuera de los tres círculos están las OPINIONES subjetivas, las preferencias personales, los sentimientos, las normas culturales y gustos organizacionales, que muchas veces se basan en un solo versículo.

Si no estamos alertas y conscientes de estas diferencias, podemos cometer el grave error de formar juicios contra alguien que enseña deducciones que difieren de las nuestras, aunque ambas partes crean en Jesús como Señor y que la sangre de Cristo fue derramada por nuestros pecados, algo que es un absoluto.

Si como maestros y predicadores no conocemos los absolutos en contraste con las interpretaciones y deducciones, confundiremos a los que nos oyen porque no podrán hacer la diferencia entre los absolutos que son 100% correctos y nuestras interpretaciones que podrán cambiar a medida que crecemos en conocimiento. Jamás debemos permitir que alguien o algunos nos impongan sus opiniones. Lo más sabio es confraternizar nuestras diferencias en pro de la unidad de la fe y del Espíritu, mientras estás no vayan en contra de la sana doctrina. (Tito 2:1, 1. Corintios 3:12-13).