viernes, 10 de abril de 2015

El Modalismo y los Maestros Monarquianos Modalistas (Práxeas, Noeto, Victor, Ceferino, Calixto, Epígono, Cleómenes, Comodiano y Sabelio)


Por David K. Bernard. © Todos los derechos reservados
Capítulos 9 y 10 del libro Unicidad y Trinidad Entre los Años 100-300 d.C.
Traducido por Julio César Clavijo Sierra, año 2015

Los antiguos creyentes en la Unicidad de Dios del Siglo III, se identificaron como monarquianos, por su creencia en que solo hay un único Dios y Rey, el Monarca del universo, que se manifestó en carne. Los historiadores eclesiásticos del Siglo XIX los etiquetaron como monarquianos modalistas, para significar que ellos sostenían que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son modos (manifestaciones, no personas) de la Monarquía (El único Dios soberano).


CAPÍTULO 9. CONCEPTOS UNICITARIOS EN LA CREENCIA POPULAR

Como hemos visto, los escritos de la Antigua Edad Católica (170-325 d.C.) [1] que han sobrevivido, pertenecen a teólogos que fueron predominantemente trinitarios de una u otra clase. Sin embargo, como se explicó en el capítulo 1, es difícil saber qué tan representativos son estos escritos que actualmente existen, y cuántas obras que enseñaron otros puntos de vista se han perdido para nosotros. Tal vez nunca podamos ser capaces de reconstruir una imagen precisa de esa edad como conjunto.

Sin embargo, es evidente que los puntos de vista de la Unicidad fueron frecuentes en la Antigua Edad Católica, particularmente entre los creyentes comunes y corrientes. Los conceptos unicitarios aparecieron en los escritos populares de la época, entre los montanistas y en las enseñanzas de un grupo prominente que los historiadores llaman los monarquianos modalistas o (simplemente) modalistas. [2]

En el capítulo 10, se analizará en detalle la doctrina de los maestros modalistas, pero para los efectos de este capítulo, se utilizará el término modalismo en un sentido genérico para referirse al sistema de creencia que afirma simultáneamente la unicidad numérica de Dios (con exclusión del trinitarismo) y la absoluta deidad de Jesucristo.

Puntos de Vista Unicitarios en la Literatura Popular

A pesar de que algunos teólogos de la Antigua Edad Católica empezaron a hablar en términos trinitarios, parece que por muchas décadas la mayoría de los creyentes continuaron pensando y hablando básicamente en términos de la creencia unicitaria original.

Para obtener una idea de los puntos de vista prevalentes entre la gente común y corriente que se diferenciaba de los teólogos y los filósofos, necesariamente tenemos que citar principalmente de la literatura apócrifa, anónima o seudónima. Al hacer esto, no significa que estamos respaldando aquellos escritos o todo su contenido, sino que vemos que de una manera incidental aquellas citas descubren los modos populares de pensamiento.

Las siguientes citas de la literatura popular cristiana de la época, indican que mucha gente pensó en Jesús como la encarnación de la plenitud del Dios único. Por "popular", nos referimos principalmente "a la gente común y corriente" y en un sentido secundario a lo que fue "aceptado entre las personas en general, común, prevalente, apreciado por muchos o por la mayoría de la gente".

Los Testamentos de los Doce Patriarcas (segundo siglo): "El Señor Dios, el grande de Israel, aparecerá sobre la tierra como un hombre… Dios, tomando un cuerpo humano y comiendo con los hombres, los ha salvado". (2:6).

Hechos de Pedro y Pablo: Pablo "dio gracias al Señor y Maestro Jesucristo", y los cristianos gentiles dijeron a sus homólogos judíos, "nosotros… creemos que es un Salvador el Dios, a quien tú has abandonado en la incredulidad".

Hechos de Pedro y Andrés: "Realmente grande es el Dios de Pedro y Andrés, y a partir de ahora creo en el nombre de nuestro Señor Jesucristo".

Hechos de Juan: "Él… es más alto y más exaltado que cualquier otro nombre que mencionemos - nuestro Dios, Jesucristo".

Los Hechos de Juan, incluye una oración al "Señor Dios Jesucristo" y otras oraciones "en el nombre de Jesucristo", pero no oraciones trinitarias. También contiene una oración eucarística, que no menciona 'Padre, Hijo y Espíritu Santo' como lo hacen las oraciones eucarísticas trinitarias, sino que en su lugar menciona al Señor y lo describe como el único Dios revelado a través de su Hijo. "Nosotros glorificamos tu nombre que fue dicho por el Padre; nosotros glorificamos tu nombre que fue dicho a través del Hijo… Nosotros glorificamos la resurrección mostrada a nosotros por ti. Nosotros glorificamos tu camino… Él por nosotros fue llamado el Hijo del hombre, que dio a nosotros verdad, descanso, conocimiento, poder, mandamiento, confianza, esperanza, amor, libertad, refugio en ti. Porque sólo tú Señor, eres la raíz de la inmortalidad, y la fuente de la incorrupción y el asiento de las edades: llamado por todos estos nombres por amor a nosotros, que ahora te llamamos a ti por medio de ellos para que podamos reconocer tu ilimitada presencia que puede ser vista solo por los puros, siendo mostrada en tu único Hijo".

La forma en que estas declaraciones son tejidas en el texto sin explicación, indica que los autores simplemente asumieron que su visión de Dios y de Cristo era la aceptada. Ellos no vieron estas declaraciones unicitarias como innovadoras, polémicas, cuestionables o confusas. Ellos dieron por sentado que sus lectores las entenderían y estarían de acuerdo, y probablemente ni siquiera pensaron conscientemente sobre el asunto.

Los historiadores actuales generalmente concluyen que la gente común de la Antigua Edad Católica pensó en términos modalistas, en vez de pensar conscientemente en términos trinitarios. [3] La siguiente cita, describe la forma más típica en la que los modernos historiadores trinitarios tratan de explicar el predominio del modalismo o monarquianismo en el Imperio Romano.

"Quizás la explicación contemporánea más popular para este fenómeno, es la que ve al popular movimiento monarquiano como una reacción inicial de los cristianos comunes contra la articulación filosófica del credo trinitario común y la liturgia de la Iglesia. Desde esta perspectiva, la Iglesia siempre confesó una fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, pero con la excepción de unos pocos teólogos (p.ej. los apologistas), nunca explicó, o ni siquiera intentó explicar esta fe… Nunca se le había ocurrido a la mayoría de los cristianos, incluyendo a la mayor parte de los líderes de la Iglesia, que había algo para ser explicado en la confesión triádica y en la liturgia de la Iglesia antes de esta controversia de finales del siglo segundo. Solo se dio cuando los más educados entre ellos comenzaron a intentar estudiar detenidamente esta confesión, en gran parte en las categorías filosóficas que no eran familiares para los cristianos comunes, que surgió por primera vez el problema de cómo Dios podía ser uno, y sin embargo, en cierto sentido tres. Fue en reacción a las soluciones inicialmente propuestas por tales líderes educados como Tertuliano e Hipólito, que nació la interpretación monarquiana modalista de la fe. La interpretación de los líderes de la iglesia, acentuó la pluralidad de la confesión de la Iglesia, y tendió hacia el subordinacionismo y/o el triteísmo. En cambio, los cristianos comunes de Roma, optaron por una teoría que hiciera hincapié en la unidad y la singularidad de Dios en el credo de la Iglesia y en la liturgia, así como en la centralidad de Cristo en su adoración". [4]

Pero cuando examinamos el Nuevo Testamento y la Edad Post-Apostólica (90-140 d.C.), no aparece que el primer credo, confesión, liturgia o fe de la iglesia fuera principalmente triádico o triple con respecto al Ser de Dios. Antes por el contrario, dicha explicación ofrece una perspicacia sobre la predominancia del modalismo y el conflicto entre el modalismo y el trinitarismo.

Puntos de Vista Unicitarios Entre los Montanistas

A principios de la Antigua Edad Católica, alrededor del año 177 d.C., un grupo llamado los montanistas fue expulsado de la iglesia institucional. Los montanistas destacaron la obra y los dones del Espíritu, incluyendo el hablar en lenguas, el sacerdocio de todos los creyentes, el inminente regreso de Jesucristo, y una vida de estricta moralidad que luego tendió hacia el legalismo y el ascetismo. Se les acusó de enseñar que su fundador, Montano, era la encarnación del Espíritu Santo, pero al parecer esta acusación surgió porque Montano dio profecías divinas en primera persona.

Cuando los montanistas se dividieron, la doctrina de la trinidad se encontraba en su etapa de formación, por lo que es poco probable que los primeros montanistas fueran trinitarios. Más tarde, aparentemente algunos de ellos abrazaron el trinitarismo, y de hecho un notable converso al montanismo, Tertuliano, fue posteriormente un instrumento en el desarrollo de esa doctrina. No es claro si sus ideas trinitarias fueron formadas en parte por el montanismo, o si él fue en gran parte el responsable de inyectar las ideas trinitarias en el montanismo.

La evidencia histórica indica que muchos de los montanistas, –quizás todos ellos originalmente– no se adhirieron a un concepto de personas plurales en la deidad, sino que afirmaron la absoluta deidad de Jesús. Dídimo (313-398 d.C.), declaró que la iglesia no reconoció el bautismo de los montanistas porque ellos sostenían el modalismo y no bautizaban en las tres personas de la trinidad (Sobre la Trinidad, 2:15). [5] Al parecer, los montanistas utilizaron la fórmula en el Nombre de Jesús. El Concilio de Constantinopla (381 d.C.) identificó a los montanistas como modalistas (Canon 7) [6] Hipólito identificó en dos ocasiones a algunos de los montanistas como modalistas (Refutación de Todas las Herejías 8:12; 10:22). Y de acuerdo con Seudo-Tertuliano en Contra Todas las Herejías, un grupo de montanistas fueron modalistas (7:2). [7]  

Jaroslav Pekilan, concluyó que algunos montanistas, así como muchos otros cristianos, abrazaron una forma de modalismo.

"Una parte de los montanistas… [Parece] haber abrazado la doctrina de que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo fueron solamente modos sucesivos de manifestación del único Dios… Tal lenguaje acerca de la Trinidad era de por sí bastante aceptable en el segundo siglo, e incluso más tarde… [Así] algunos montanistas se adhirieron a una fórmula ingenua para la Trinidad que fue compartida por otros cristianos". [8]

Monarquianismo Modalista

El movimiento más significativo para nuestra discusión, es al que los historiadores llaman el monarquianismo modalista o modalismo. La etiqueta significa que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son modos (manifestaciones, no personas) de la Monarquía (El único Dios soberano). "El Monarquianismo Modalista concebía que toda la plenitud de la deidad habitó en Cristo, objetó la 'subordinación' de algunos escritores de la iglesia y sostuvo que los nombres del Padre y del Hijo eran sólo diferentes denominaciones del mismo sujeto, el único Dios, quien 'con referencia a las relaciones en las que anteriormente había tratado con el mundo se llamaba el Padre, pero con referencia a su aparición a la humanidad se llamaba el Hijo". [9]

El efecto práctico de esta doctrina fue enfatizar tanto la unicidad absoluta de Dios como la deidad absoluta de Jesucristo. Los modalistas vieron a "Jesús como la encarnación de la deidad" y "el Padre encarnado". [10] Según Heick, ellos rechazaron la cristología del logos trinitario como gnóstica, y "el principal interés del modalismo fue el de mantener el monoteísmo cristiano sin sacrificar la divinidad de Cristo". [11]

Pelikan ve al modalismo como la expresión lógica de la fe existente del cristiano promedio. "El Monarquianismo Modalista… puede definirse como un esfuerzo para proporcionar una teología para el lenguaje de la devoción… Tanto el monoteísmo como la deidad de Cristo fueron salvaguardados… Esta doctrina de la relación entre Cristo y Dios, resulta haber sido una sistematización de la fe cristiana popular". [12]

Los exponentes más prominentes del modalismo que conocemos, fueron Práxeas del Asia Menor, Noeto de Esmirna y Sabelio de Libia. Ellos enseñaron en Roma a finales del segundo siglo y a comienzos del tercer siglo. Otros modalistas fueron Epígono (un discípulo de Noeto), Cleómenes (un discípulo de Epígono), y probablemente Comodiano (un obispo del norte de África). Además, parece que por lo menos tres obispos de Roma –Víctor, Ceferino y Calixto– abrazaron este punto de vista.

Según el prestigioso historiador Adolph Harnack, el modalismo fue la teoría oficial en Roma durante casi una generación, en un tiempo fue "abrazado por la gran mayoría de todos los cristianos", y fue el rival más peligroso del trinitarismo entre los años 180-300 d.C. [13] Heick estuvo de acuerdo al decir que "el Modalismo se hizo muy extendido e influyente en el oeste… La doctrina de que Dios en su totalidad se encarnó en Jesús… fue el oponente más peligroso de la cristología del Logos [trinitario] entre los años 180 al 300 d.C." [14]

¿Por qué razón el modalismo no había sido mencionado como "peligroso" antes de ese tiempo? Como se comenta en este capítulo y en el capítulo 10, básicamente la Unicidad era la creencia predominante por todas partes en las épocas más tempranas; y como se comenta en los capítulos 4, 5, 6, 7 y 11 de este documento, el trinitarismo apenas se desarrolló en torno al 180 d.C. Por lo tanto, antes del año 180 no hubo ninguna controversia significativa sobre la trinidad, y ninguno de los maestros modalistas fue seleccionado para ser atacado.

Monarquianismo Dinámico

Los historiadores distinguen a los maestros del monarquianismo modalista, de otros maestros a los que ellos llaman los monarquianos dinámicos. Como las etiquetas lo indican, ambos grupos de maestros defendieron la unicidad de Dios contra el trinitarismo. De los dos, los modalistas fueron mucho más numerosos e influyentes. Philip Schaff explicó la diferencia así:

"Los monarquianos racionalistas o dinámicos… negaron la divinidad de Cristo, o la explicaron como un mero 'poder' (dunamis)… [en cambio] Los monarquianos modalistas… identificaron al Hijo con el Padre, y en su mayoría admitieron sólo una Trinidad modal, que es un modo triple revelación, pero no una tripersonalidad… Este último era con mucho, más profundo y cristiano, y en consecuencia encontró mayor aceptación". [15]

Los siguientes maestros suelen identificarse como monarquianos dinámicos: Teodoto de Bizancio, Artemón de Siria, Pablo de Samosata (obispo de Antioquía) su exponente más conocido, y tal vez un grupo temprano conocido como los alogi. Louis Berkhof describe el punto de vista de Pablo de Samosata de la siguiente manera:

"El Logos fue de hecho homoouios o consustancial con el Padre, pero no era una persona distinta en la Deidad. Él podría ser identificado con Dios, porque existía en Él al igual que la razón humana existe en el hombre. Él no era más que un poder impersonal, presente en todos los hombres, pero en particular operó en el hombre Jesús. Al penetrar en la humanidad de Jesús progresivamente, como no lo hizo en ningún otro hombre, este poder divino lo deificó gradualmente. Y debido a que el hombre Jesús fue deificado así, Él es digno de honor divino, aunque Él no puede considerarse como Dios en el estricto sentido de la palabra". [16]

Malquión, el oponente de Pablo, en su Epístola Contra Pablo de Samosata, le hizo esta acusación (270): "Él le puso fin a los salmos cantados en honor a Jesús" (2).

William Chalfant sugirió que los monarquianos dinámicos pueden haber sostenido una forma de creencia en la Unicidad, pero que sus opositores trinitarios malinterpretaron su énfasis en la verdadera humanidad de Jesús, que es esencial para una consistente teología de la Unicidad. [17] Si bien esta sugerencia es intrigante, parece dudosa, al menos sobre la base de la evidencia existente (que es ciertamente indirecta y fragmentaria). Las fuentes de información acerca de estas personas, son aún más escasas que las fuentes sobre los modalistas, pero parece que el monarquianismo dinámico fue similar al Unitarismo. Tal como ha sido descrito por los escritores antiguos, es incompatible con la Unicidad moderna, por lo que no lo investigaremos más a fondo.

La Evidencia de Orígenes

Orígenes de Alejandría (quien murió en 254 d.C.), conocía bien la creencia modalista y se opuso  a ella con vehemencia. Él enseñó que en Juan 1:1, la Palabra era una persona distinta del Padre, pero en su Comentario Sobre Juan admitió que la mayoría de los cristianos no estaban de acuerdo con él. Al igual que Tertuliano, atribuyó a la estupidez el hecho de que la mayoría creyera así, a pesar de que también admitió que había eruditos que se oponían a su punto de vista trinitario.

"Cuando considero las cosas que se dicen acerca de Cristo, a menudo me llevó a preguntarme incluso por aquellos que son fervientes en su creencia en Él… Pero cuando llegan al título Logos (Palabra), y repiten que solo Cristo es la Palabra de Dios, no son consistentes, y no lo hacen, como en el caso de los otros títulos, en buscar lo que hay detrás del significado del término 'Palabra'. Me pregunto por la estupidez de la generalidad de los cristianos en esta materia. No andaré con rodeos; no es más que la estupidez… Uno de los nombres asignados al Salvador, es éste que Él mismo no se aplica, pero que Juan registra; -la Palabra era en el principio con Dios, Dios era la Palabra-. Y vale la pena fijar nuestra atención por un momento sobre aquellos eruditos que omiten la consideración de la mayor parte de los grandes nombres que hemos mencionado y consideran a éste como el más importante… Se imaginan que el Hijo de Dios es la expresión del Padre depositada, por así decirlo, en sílabas, y en consecuencia no permiten un examen más amplio, para ver si hay alguna hipóstasis [personalidad] independiente, ni ellos son claros acerca de su esencia. Yo no quiero decir que ellos confundan sus cualidades, pero el hecho es si ésta tiene una esencia propia. Ya que nadie puede entender cómo lo que se dice que es la 'Palabra' puede ser un Hijo. Y una palabra tan animada, al no ser una entidad separada del Padre, en consecuencia, al no tener ninguna subsistencia, no es un Hijo". (1:23).

Al comentar sobre la última parte de Juan 1: 1, Orígenes escribió:

"Ahora hay muchos que están sinceramente preocupados por la religión, y caen aquí en gran perplejidad. Ellos tienen miedo de que puedan ser proclamados dos dioses, y su temor los conduce hacia doctrinas que son falsas y malvadas. Cualquiera de ellos niega que el Hijo tenga una clara naturaleza propia y distinta a la del Padre, y hacen que aquel a quien ellos llaman el Hijo sea todo Dios pero de nombre, o niegan la divinidad del Hijo". (2:2).

Orígenes identifica a cuatro clases de personas que creen en Dios, dos de los cuales son importantes para nuestra discusión. La primera clase son los que tienen fe tanto en Dios y en la Palabra; la segunda son "los que no conocen más que a Jesucristo y a éste crucificado, considerando que la Palabra hecha carne es toda la Palabra, y saben que sólo es Cristo después de la carne. De los tales, hay una gran multitud entre lo que se cuentan como creyentes" (2:3). "Dios el Logos es Dios, quizás de los que le atribuyen todo a Él y lo consideran como su Padre" (2:3).

Orígenes reconoció que había algunas personas que utilizaban Juan 2:19 para demostrar "que el Hijo no fue diferente en número al Padre, sino que ambos eran uno, no sólo en el punto de la sustancia, sino también en el punto del sujeto, y ​​que el Padre y el Hijo, como ellos decían, eran diferentes en algunos de sus aspectos, pero no en sus hipóstasis [personas]" (10:21).

Orígenes respondió a la obra anticristiana de un pagano llamado Celso, y en su tratado Contra Celso él registró gran parte de los comentarios que Celso había hecho acerca del cristianismo. Al argumentar en contra del cristianismo, Celso describió la doctrina de Dios en términos modalistas, pensando obviamente que éstos caracterizaban con precisión a la creencia cristiana. "Él describe nuestra respuesta en los siguientes términos: «Puesto que Dios es grande y difícil de ver, Él puso su propio Espíritu en un cuerpo que parecía el nuestro, y lo envió a nosotros para que pudiéramos oírle y familiarizarnos con él»" (6:69).

Orígenes le reconoció a Celso que las creencias modalistas eran comunes en la cristiandad. "[Algunos] niegan que el Padre y el Hijo son dos personas" (8:12). "Hay algunos individuos entre las multitudes de creyentes que no están totalmente de acuerdo con nosotros, y que incautamente afirman que el Salvador es el Dios Altísimo; sin embargo, nosotros disentimos de ellos" (8:14). Orígenes hizo esta admisión a los paganos a los que estaba tratando de convertir, aunque un proselitista generalmente no revela lo que él considera como puntos de vista aberrantes dentro de sus propias filas. Evidentemente el modalismo estaba tan extendido, que incluso sus más fuertes opositores no lo pudieron empujar hacia la oscuridad con éxito.

Su Comentario Sobre Tito también describe la creencia modalista: "Ellos no quieren parecer como afirmando dos dioses; ellos no desean negar la divinidad del Salvador; por lo tanto ellos terminan admitiendo simplemente dos nombres y una sola persona". [18]

En Sobre la Oración, Orígenes se opuso a la práctica frecuente de orar directamente a Jesucristo, en vez de orar al Padre por medio del Hijo.

Comodiano

Comodiano fue al parecer un obispo del norte de Africa, que escribió alrededor del 240 d.C., y parece que tuvo un concepto modalista de Dios. Si así fue, él es el único modalista de la Antigua Edad Católica del cual se conservan algunos de sus escritos. Instrucciones Para la Vida Cristiana habla de "el Dios todopoderoso, el Cristo viviente" (42) y "Dios-Cristo" (80). El Poema Apologético Contra los Judíos y los Gentiles llama a Cristo "Dios mismo". [19] Comodiano también escribió, "El Padre entró en el Hijo, un solo Dios a todas luces". [20]

Conclusiones

A pesar de las limitaciones e incertidumbres asociadas con nuestro estudio, un análisis cuidadoso de los escritos existentes revela que la mayoría de los creyentes durante gran parte de la Antigua Edad Católica no pensaba en términos trinitarios sino que afirmaba la unicidad numérica de Dios y la absoluta deidad de Jesucristo.

Es difícil ser más precisos en la descripción de estas creencias. En el caso de la literatura popular, sólo tenemos breves declaraciones de paso, no una teología sistemática. En el caso de los montanistas, sólo tenemos fuentes secundarias. Los escritos de Orígenes nos muestran que muchas personas rechazaron su enseñanza y estuvieron a favor de los conceptos de la Unicidad, pero de nuevo la evidencia proveniente de él es secundaria. Comodiano es una fuente primaria, pero sus obras existentes solo tocan brevemente la doctrina sobre Dios.

Esto no quiere decir que nada sustancial no haya sido escrito para enseñar los conceptos de la Unicidad. Por el contrario, Orígenes se refirió a "eruditos" que promovieron un concepto Unicitario de la Palabra. Él no los hubiera llamado eruditos, especialmente cuando él estaba tratando de menospreciar sus puntos de vista, a menos que su erudición fuera indiscutible y bien conocida. Entonces es seguro asumir que en esta edad los puntos de vista de la Unicidad fueron expresados en estudios académicos, y en exposición tanto oral como escrita. Pero debido al eventual triunfo del trinitarismo, es comprensible que sobreviviera poca evidencia primaria de los conceptos unicitarios, incluso pese a que estos fueron originalmente dominantes, y aun cuando posteriormente continuaron siendo frecuentes durante el resto de la Antigua Edad Católica.

El área más fructífera que se encuentra a nuestra disposición para la investigación de los conceptos unicitarios durante la Antigua Edad Católica es la enseñanza de los modalistas. Aunque ningún escrito de algún líder modalista ha sobrevivido, Tertuliano, Hipólito, y en menor medida Novaciano, nos han dado descripciones de su doctrina. El Capítulo 10 analiza a los principales maestros modalistas para determinar lo que ellos creían, para entonces comparar su doctrina con la Unicidad moderna.


CAPÍTULO 10. LOS MAESTROS DEL MODALISMO EN LA ANTIGUA EDAD CATÓLICA (170-325 D.C.)

De nuestra discusión hasta este punto, parece que en la Antigua Edad Católica, los conceptos más fuertes y claros de la Unicidad fueron expresados por ciertos maestros a quiénes los historiadores han llamado los modalistas monarquianos o simplemente modalistas. El capítulo 9 ha definido brevemente su posición básica. En un intento de determinar cómo su doctrina se compara con la Unicidad moderna, pasamos ahora a un examen de las creencias específicas de aquellos maestros modalistas.

Dado que ninguno de los escritos de los grandes maestros del modalismo han sobrevivido, debemos tratar de determinar sus puntos de vista mediante la lectura de las obras de sus oponentes, lo que es un método que presenta varias dificultades. En primer lugar, el registro es escaso y no es suficiente para darnos información definitiva en muchos puntos. En segundo lugar, hay que tener en consideración los sesgos doctrinales de los oponentes, quienes deliberadamente o por falta de entendimiento, pueden haber distorsionado o tergiversado las opiniones de los modalistas. En tercer lugar, en algunos casos hay que confiar en gran medida en obras que fueron escritas en el siglo IV, lo que es un siglo después al tiempo en el que vivieron los principales maestros modalistas. En este intervalo de tiempo, probablemente se pudo haber perdido mucha información, o se pudo haber hecho ilegible en la transmisión, y en muchos asuntos aquellas descripciones probablemente reflejan más bien las opiniones de las personas que durante el siglo IV se opusieron de una manera u otra al  trinitarismo y eran acusadas de modalismo.

También debemos tener en cuenta la siguiente advertencia respecto a nuestras dos fuentes principales, que corresponden a los escritores Hipólito y Tertuliano.

"Sabemos de este conflicto sólo a través de Hipólito y Tertuliano, dos polemistas apasionados: cuando ellos escribieron los libros en los que tenemos que confiar, Hipólito era un cismático que lideraba una pequeña iglesia en Roma, y Tertuliano era un montanista que se oponía violentamente a la iglesia de los 'síquicos' [21] y al obispo de Roma". [22]

Práxeas

Nuestra información sobre Práxeas, proviene de la obra Contra Práxeas, escrita por Tertuliano. Dado que el nombre "Práxeas" puede significar "Entrometido", es posible que Tertuliano haya utilizado un nombre ficticio para su oponente. Tal vez se trataba de un líder prominente o popular a quien Tertuliano no podía atacar abiertamente con éxito, siendo posiblemente Ceferino, el obispo de Roma. Aunque los residentes romanos que estaban familiarizadas con la polémica seguramente sabían a quién se refería Tertuliano, quizás los creyentes de otras áreas no lo sabían. Si Práxeas era muy estimado en varias zonas del imperio, tal vez Tertuliano no tenía mucha esperanza de éxito si se oponía directamente a él, por lo que sintió que podría lograr más si denunciaba la doctrina de Práxeas, sin mencionar el nombre real de aquel hombre.

Según el informe de Tertuliano, Práxeas vino a Roma desde el Asia Menor, alrededor del 190 y enseñó su doctrina allí. La doctrina se extendió por todas partes, incluyendo a Cartago, y generó una gran polémica. Bajo presión, supuestamente Práxeas firmó una retractación, pero la doctrina brotó de nuevo unos veinte años más tarde, lo que provocó que Tertuliano escribiera su tratado. Las referencias en Contra Práxeas (1), y también en Contra Todas las Herejías (8) que fue escrita por Seudo-Tertuliano, indican que Víctor, el obispo de Roma (189-99), apoyaba la enseñanza de Práxeas. Evidentemente, la iglesia romana ya tenía el concepto básico antes de que viniera Práxeas, por lo que ésta fue recibida con facilidad cuando él llegó allí.

Contra Práxeas revela que la doctrina existía en todas partes: "La cizaña de Práxeas ya ha difundido su semilla por todas partes" (1). En un sarcástico y condescendiente pasaje, Tertuliano, admitió que la mayoría de los cristianos abrazaban el monarquianismo modalista,  y se oponían al trinitarismo por considerar que éste destruía al monoteísmo. "Los simples, de hecho, (no los llamaré imprudentes e ignorantes), que siempre constituyen la mayoría de los creyentes, están alarmados con la dispensación (de los Tres en Uno), sobre la misma base en que su misma regla de fe les saca a ellos de la pluralidad de dioses del mundo al único Dios verdadero; sin comprender que aunque Él es el único Dios, uno tiene que creer en Él con su propia οἰκονομία [economía, dispensación]. Ellos consideran que el orden numérico y la distribución de la Trinidad son una división de la Unicidad" (3).

De manera significativa, "la mayoría de los creyentes" se opusieron al trinitarismo. Tertuliano trató de explicar esté incómodo hecho, argumentando que después de todo la mayoría de los  creyentes siempre son simples y verdaderamente ignorantes.

En su rechazo al trinitarismo, ellos apelaron a la "regla de fe", una confesión de doctrina básica, que probablemente era hecha durante el bautismo. Ireneo, en su obra Contra las Herejías, citó la regla de fe como la enseñanza de un Dios el Padre, la encarnación de Jesucristo el Hijo de Dios, y el don del Espíritu Santo (1:10:1, 3:6:4). O bien la iglesia no consideró para nada esta declaración como trinitaria, o bien Ireneo no registró realmente la primera regla de fe. El principio central de la confesión cristiana más antigua, era evidentemente la Unicidad de Dios, no una declaración trinitaria.

Práxeas y sus seguidores hicieron hincapié en la Unicidad de Dios, y se quejaron de que Tertuliano y sus seguidores enseñaron dos o tres dioses. "Ellos nos están acusando constantemente de que somos predicadores de dos y tres dioses, mientras se toman a sí mismos el crédito preeminente de ser los adoradores del único Dios, como si la propia Unicidad en sí, con deducciones irracionales no produjera herejía, y la Trinidad racionalmente considerada no constituyera la verdad. –Nosotros–, dicen ellos, –sostenemos la Monarquía (o gobierno del único Dios)–". (3). En apoyo para su enseñanza, los modalistas citaron pasajes como Isaías 44:6 y 45:5,18.

En particular, los modalistas se opusieron al concepto de una pluralidad de personas, y sostuvieron que el Padre, el Hijo, y el Espíritu, eran tres títulos de un solo Dios. "[Ellos piensan] que es imposible creer en un solo Dios a menos que se diga que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son la mismísima Persona". (2). "Ellos sostienen la identidad del Padre, del Hijo y del Espíritu". (9).

Práxeas destacó la plena deidad de Jesucristo, y utilizó pasajes como Juan 10:30 y Juan 14:9-10 que identifican a Jesús como el Padre encarnado. "Ha sostenido que hay un solo Señor, el Todopoderoso, el Creador del mundo, de forma que a partir de esta doctrina de la unidad se pueda fabricar una herejía. Dice que el Padre mismo descendió hasta la virgen, Él mismo nació de ella, Él mismo sufrió, y que en definitiva Él [el Padre] es el propio Jesucristo". (1). "Dios mismo, el Señor Todopoderoso, a quien en su predicación ellos declaran que es Jesucristo". (2). "usted hace a Cristo ser el Padre". (28).

Práxeas negó que la Palabra (el Verbo) fuera una segunda persona. "Pero usted no se permitiría que ella [la Palabra] sea realmente un ser sustancial al tener su propia sustancia, de tal manera que ella pueda ser considerada como una cosa objetiva y una persona, por lo que puede ser capaz (como siendo constituida segunda al Dios Padre) de hacer dos, el Padre y el Hijo, Dios y la Palabra. Pero usted dirá, que lo que es una palabra es la voz y el sonido que sale de la boca". (7).

Del mismo modo, negó que el Padre y el Hijo fueran dos personas. En cambio, "Padre" se refiere a un solo Dios en su naturaleza divina invisible, pero de acuerdo con Lucas 1:35, "Hijo" se refiere a su manifestación en carne. "[Práxeas sostiene que] Él es invisible como Padre y visible como Hijo". (14). "Él era visible en la carne, pero era invisible antes de su aparición en la carne; por lo que Él como el Padre era invisible antes de la carne, y lo mismo que como el Hijo era visible en la carne". (15). "En una sola persona, ellos distinguen a dos, el Padre y el Hijo; mientras que dicen que el Hijo es la carne, es decir el hombre Jesús; y que el Padre es el Espíritu, es decir que es Dios, que es Cristo... Mira, dicen ellos, lo que fue anunciado por el ángel: –'Por lo tanto, el santo ser que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios'–. Por lo tanto (ellos argumentan), que como fue la carne la que nació, la carne debe ser el Hijo de Dios". (27).

Práxeas dijo que el Espíritu Santo no es una tercera persona, sino que más bien el título se refiere a la naturaleza del propio Dios como Espíritu. Según Juan 4:24, el Padre es el Espíritu. "usted insiste en que el propio Padre es el Espíritu, en razón de que «Dios es Espíritu»". (27).

Al parecer, Práxeas enseñó que el nombre de Jesús revela plenamente a Dios, lo que indicaría que él bautizó en el Nombre de Jesús. Tertuliano escribió: "Se supone que con más facilidad el Padre actuó en el nombre del Hijo… El punto mantenido por ellos, [es] que el nombre de Cristo pertenece también al Padre". (17).

En respuesta a los modalistas, Tertuliano citó muchos pasajes de la Escritura que muestran una distinción entre el Padre y el Hijo. [23] Además, Tertuliano afirmó que él preferiría creer en dos dioses que en la clase de Dios de los modalistas. "¡Incluso si se diera el caso de que nosotros sostuviéramos que ellos son dos dioses separados, (así como usted tiene tanta afición de acusarnos a nosotros), esta sería una afirmación más tolerable que la defensa de un Dios tan versátil y tan cambiante como el suyo!". (23).

La más famosa acusación de Tertuliano contra Práxeas, era que su doctrina hacía al Padre sufrir y morir. Dado que la filosofía griega enseñaba que Dios era impasible (incapaz de sufrir), para muchas personas esta acusación sonaba muy perjudicial. Sin embargo, esta es una muestra de que los primeros trinitarios no creían en la plena deidad de Jesucristo, pues si para ellos era aborrecible pensar en el sufrimiento de Dios Padre, ¿entonces por qué no era igual de detestable para ellos pensar en el sufrimiento del "Dios Hijo"? En contraste con aquellos trinitarios, en la Edad Post-Apostólica Clemente de Roma e Ignacio de Antioquía habían escrito acerca de los sufrimientos de Dios en Cristo.

La acusación de Tertuliano, hizo que los praxeanos fueran etiquetados como patripasianos, un término que proviene de las palabras latinas que significan "el Padre sufrió". Algunos historiadores todavía utilizan esta etiqueta para el modalismo, pero Práxeas negó que el Padre muriera en cuanto a su deidad. Práxeas explicó que Cristo murió en cuanto a su humanidad, únicamente como el Hijo, pero Tertuliano se negó a escucharlo. "–¡Muy bien!–, dice usted, –ya que de nuestra parte afirmamos nuestra doctrina en los mismos términos precisos que usted utiliza respecto al Hijo, no somos culpables de blasfemia contra el Señor Dios, porque nosotros no sostenemos que murió en su naturaleza divina, sino sólo en su naturaleza humana–. Pero usted sí blasfema, porque no sólo alega que el Padre murió, sino que fue crucificado… pasan a estar de acuerdo con nosotros en que el Padre y el Hijo son dos, y añaden que de hecho el Hijo es el que sufre, mientras que el Padre es sólo su compañero de fatigas". (29).

Al concluir su polémica, Tertuliano acusó a Práxeas de sostener un concepto judío de Dios, afirmando que la doctrina de la trinidad era necesaria para separar al judaísmo del cristianismo. "Pero (esta doctrina suya es asunto de) la fe judía… Ahora, ¿qué diferencia habría entre nosotros y ellos [es decir, los judíos], si no existiera esta distinción que usted intenta derrumbar?" (31).

Noeto, Ceferino y Calixto

Nuestra información sobre Noeto viene de Hipólito. Noeto era de Esmirna, en el Asia Menor, y él fundó una escuela de teología en Roma. Sus seguidores incluyen a Epígono, Cleómenes y Sabelio. Hipólito acusó amargamente a los dos obispos romanos que sucedieron a Víctor, es decir a Ceferino (199-217) y a Calixto (217-23), de promocionar las opiniones de Noeto. Calixto excomulgó tanto a Hipólito como a Sabelio.

En la obra titulada La Refutación de Todas las Herejías, Hipólito reconoció cuán extendida era la doctrina de Noeto, al decir, "nadie es ignorante" de esta (Cap. 9 Ver. 5). Más aún, él declaró que debido a la ayuda de los dos obispos romanos, esta doctrina fue capaz de "prevalecer" (9.2).

Como Práxeas, Noeto enfatizó la unicidad absoluta de Dios y negó que el Padre y el Hijo sean dos personas. En cambio, "Padre" e "Hijo" se refieren al mismo ser, pero en diferentes manifestaciones. "Noeto afirma que el Hijo y el Padre son el mismo" (9.5). "Porque de esta manera él piensa establecer la soberanía de Dios, alegando que el Padre y el Hijo supuestamente son uno y el mismo (sustancia), no un individuo producido desde uno diferente, sino él mismo de sí mismo; y que él es estilizado con el nombre de Padre y de Hijo, de acuerdo a la vicisitud de los tiempos" (9.5). "Noeto afirma que hay un Padre y Dios del universo, y que él hizo todo cosas… Y los noetianos suponen que este mismo Padre es llamado Hijo (y viceversa), en referencia a los eventos que en sus propios períodos adecuados les ocurran por separado" (10.23).

En concreto, el título de "Hijo" se refiere a la encarnación. Hipólito informó la posición de Noeto en este punto, mientras que la distorsionó para que sonara absurda. "Cuándo de hecho, entonces, el Padre no había nacido, él todavía era justamente el estilo de Padre; y cuando le agradó someterse a la generación, habiendo sido engendrado, él mismo se hizo su propio Hijo, no otro" (9.5).

Del mismo modo, Calixto explicó que "el Padre, el Hijo y el Espíritu" son tres títulos de un solo ser. "Hijo" se refiere a la humanidad de Cristo, y el Espíritu divino en Cristo es en realidad el Padre, la Palabra, el Espíritu Santo.

"Calixto alega que el Logos mismo es el Hijo, y que el logos mismo es el Padre; y que aunque se denomine por un título diferente, en realidad es un espíritu indivisible. Y él sostiene que el Padre no es una persona y el Hijo es otra, sino que son uno y el mismo… Y él afirma que el Espíritu, que se encarnó en la virgen, no es diferente del Padre, sino uno y el mismo… Por lo que se ve, a lo que es el hombre él lo considera como el Hijo; mientras que el Espíritu, que estuvo contenido en el Hijo, es el Padre. Dice [Calixto], 'No voy a profesar la creencia en dos dioses, Padre e Hijo, sino en uno. El Padre, quien subsistió en el mismo Hijo, después de haber tomado para sí mismo nuestra carne, la levantó a la naturaleza de la Deidad, llevándola en unión con Él mismo, y la convirtió en uno; por lo que el Padre y el Hijo deben ser estilizados como un Dios, y esta persona es una, no pueden ser dos" (9.8). "Porque el Espíritu, como la Deidad, dice él, no es cualquier ser diferente al Logos, o el Logos de la Deidad; por lo tanto (de acuerdo con Calixto) es una persona, que se divide nominalmente pero no así sustancialmente. Él supone que este único Logos es Dios, y afirma que en el caso de la Palabra había una encarnación" (9.23).

En otro de sus escritos titulado Contra Noeto, Hipólito repitió la acusación de Patripasianismo que había hecho Tertuliano. "[Noeto] alegó que Cristo era el Padre mismo, y que el Padre mismo nació, y sufrió, y murió" (1). "[Noeto dijo que] Cristo sufrió, siendo el mismo Dios; y en consecuencia el Padre sufrió, porque Él era el mismo Padre" (2).

En La Refutación de Todas las Herejías de Hipólito, consta que Ceferino y Calixto respondieron tal como lo hizo Práxeas, explicando que Cristo sufrió en cuanto a su humanidad, como el Hijo. Dado que la deidad (Padre) habitó en el Hijo, lo más que podría decirse fue que el Padre sufrió con el Hijo. "[Ceferino dijo:] "Yo sé que hay un Dios, Jesucristo; a excepción de él, yo no conozco a otro que haya sido engendrado y susceptible de sufrimiento… El Padre no murió, sino el Hijo" (9.6). "Calixto sostiene que el Padre sufrió junto con el Hijo; ya que él no desea afirmar que el Padre sufrió" (9.8). "Él está dispuesto (a mantener), que el que fue visto en la carne y fue crucificado es el Hijo, pero que el Padre es quien mora en Él" (9.23).

Debido a esta explicación, Hipólito acusó a Calixto de comprometerse con el modalismo y de combinarlo con la doctrina de Teodoto, un monarquiano dinámico. En consecuencia, algunos historiadores dividen a los modalistas en dos categorías diferentes: los que dijeron que el Padre sufrió (patripasianos) y los que dijeron que el Padre solamente sufrió con el Hijo. Es posible que Noeto creyera en una forma poco sofisticada de modalismo, pero parece más probable que las opiniones de Calixto y Noeto eran compatibles, ya que anteriormente Práxeas había dado la misma explicación, y la identificación del Hijo con la humanidad de Cristo es esencial a cualquier forma consistente de Unicidad. Por otra parte, definitivamente Hipólito deseaba pintar la peor imagen posible de Calixto, y una manera en que él lo hizo, fue acusándolo de falta de honradez y compromiso.

Al mismo tiempo, es posible que Calixto sí fuera culpable de algún modo de compromiso de la fe, ya que de acuerdo con Hipólito, Calixto excomulgó a Sabelio, mientras que fue acusado por Sabelio de haber "transgredido su primera fe" (9.7).

La vinculación que Hipólito hizo de Calixto con Teodoto, es un punto a favor de la especulación de Chalfant de que Teodoto y los monarquianos dinámicos estaban más cerca de la Unicidad de lo que la historia los ha retratado. Si Hipólito no comprendió la doctrina de Calixto respecto al Hijo, tal vez él y otros trinitarios tampoco comprendieron a  Teodoto.

Los aliados de Noeto acusaron a Hipólito de politeísmo. "[Ceferino] nos llama adoradores de dos dioses" (9.6). "[Calixto] nos reprocha a nosotros, 'Vosotros sois diteístas'" (9.8).

En Contra Noeto, Hipólito informó que Noeto utilizó los siguientes pasajes de la Escritura para apoyar su doctrina: Éxodo 3:6; 20:3; Isaías 44:6; 45:14; Juan 10:30; 14:9; Romanos 9:5.

Noeto protestó contra el uso trinitario de "Hijo" y "Palabra" como equivalentes en la terminología, y negó que la Palabra fuera una segunda persona. "Pero alguno me dirá: Usted aduce una cosa extraña para mí, cuando llama al Hijo la Palabra. Porque Juan ciertamente habla de la Palabra, pero es por una figura retórica" (15).

Noeto afirmó la plena deidad de Jesucristo y su identidad como el Padre encarnado. "Él alegó que Cristo era el mismo Padre" (1). "[Ellos dicen:] Así que si yo reconozco que Cristo es Dios, él es el Padre mismo, si él de hecho es Dios" (2). "Usted ve, entonces, dice él, que este es Dios, que es el único, y que después se mostró a sí mismo, y conversó con los hombres" (2). Cuando Noeto se reunió con sus oponentes les preguntó: "¿Qué mal, pues, yo estoy haciendo en glorificar a Cristo?" (1).

Al registrar las declaraciones de Ceferino sobre este tema, Hipólito nos ha dado una de las declaraciones doctrinales más antiguas de un obispo de Roma. Irónicamente, la Iglesia Católica Romana, que es trinitaria, considera a Ceferino como un Papa, y también sostiene que un pronunciamiento doctrinal oficial de un Papa es infalible. Por lo menos dos obispos romanos apoyaron al modalismo –Ceferino y Calixto–, y no hay duda de que ellos consideraron que su posición era compatible con la de todos los obispos de antes de su tiempo. Algún tiempo después, Esteban, otro obispo romano, aún endosó el bautismo en el nombre de Jesús. (Ver el capítulo 8). [24]

Sabelio

Sabelio fue aparentemente el más destacado maestro modalista, porque finalmente los modalistas fueron conocidos como sabelianos y los escritores nicenos y post-nicenos se refirieron principalmente a él. Sin embargo, sabemos menos acerca de él de lo que sabemos sobre Práxeas y Noeto, y lo que sabemos de él proviene principalmente de escritores del siglo cuarto como Atanasio y los Capadocios, quienes escribieron más de cien años después de su ministerio. En muchos casos, parece que estos escritores describen es a las personas que en su propio tiempo se conocieron como sabelianos o fueron acusadas de sabelianismo, en lugar de los puntos de vista del propio Sabelio.

Sabelio probablemente vino de Libia. Al parecer, predicó en Roma alrededor del 215, durante el tiempo de Ceferino y Calixto. Según Hipólito, Sabelio fue excomulgado por Calixto, quien sin embargo también se adhirió a una forma de modalismo, y asimismo excomulgó a Hipólito. Si este informe es verdadero, tal vez Calixto excomulgó a estos dos hombres como un compromiso para traer armonía, o quizás él se opuso a algunos puntos de la teología de Sabelio. Más tarde, "Sabelio fue condenado por un concilio celebrado en Roma, probablemente en el año 258; de nuevo en Nicea [325], y de nuevo en Constantinopla [381], donde el bautismo sabeliano fue declarado inválido". [25]

A partir de las descripciones de escritores posteriores, parece que Sabelio afirmó los mismos puntos que los modalistas anteriores, con una posible adición: él pudo haber enseñado que las manifestaciones de Padre, Hijo y Espíritu, fueron estrictamente sucesivas y no se produjeron de forma simultánea. Si fue así, en este aspecto él no representa los puntos de vista de los más antiguos modalistas ni los de la Unicidad moderna. Pelikan dijo que es "un tanto dudoso" si Sabelio enseñó realmente este punto. [26] Es fácil ver que los trinitarios pudieron tender a malinterpretar su explicación de la revelación progresiva del Padre, el Hijo y el Espíritu en la historia redentora (el Padre en la creación, el Hijo en la redención, y el Espíritu Santo en regeneración), y no se dan cuenta de que estas funciones también podrían ser simultáneas. De otra parte, es difícil ver cómo alguien podría argumentar que estas funciones son estrictamente sucesivas a la luz de los pasajes bíblicos que mencionan a dos o más simultáneamente.

Las siguientes descripciones resumen lo que típicamente se ha dicho de Sabelio.

"Dios es una Unidad (Monas). No hay ningunas distinciones en el Ser divino, pero Dios, la divina Unidad, se revela sucesivamente a sí mismo en tres modos o formas diferentes (onomata, prosopa) [nombres, caras]. En el Padre, Dios se revela a sí mismo como creador; en el Hijo, como redentor; y en el Espíritu, como santificador. Estos no son tres hipóstasis [personas]; son más bien tres roles o papeles desempeñados por una persona. En otras palabras, los tres son una y la misma persona… Después de que el prósopon del Padre logró su obra en la promulgación de la ley, tendió de nuevo a su condición original. Volvió nuevamente a través de la encarnación como Hijo, y fue devuelto por la ascensión al ser absoluto de la mónada. Finalmente se reveló como el Espíritu Santo, para volver de nuevo, después de asegurar la perfecta santificación de la Iglesia, en la mónada que no conoce distinciones y que permanecerá por toda la eternidad. Sabelio caracterizó este proceso como una expansión y contracción". [27]

"Es difícil determinar en justo detalle lo que él enseñó. Sin embargo, está perfectamente claro que él distinguió entre la unidad de la esencia divina y la pluralidad de su manifestación, que están representados entre sí como las partes de un drama. De hecho, Sabelio habló varias veces de tres personas divinas, pero él usó la palabra "persona" en el sentido original de la palabra, que significaba el papel de un actor o un modo de manifestación. Según él, los nombres de Padre, Hijo y Espíritu Santo, son simplemente designaciones de tres fases diferentes en las que se manifiesta una esencia divina. Dios se revela como Padre en la creación y en la promulgación de la ley, como Hijo en la encarnación, y como Espíritu Santo en la regeneración y santificación". [28]

Atanasio registró que cuando el obispo Dionisio de Alejandría escribió contra los sabelianos, esa doctrina estaba extendida: "En aquella fecha, verdaderamente los obispos de Pentápolis y Alta Libia, estuvieron de acuerdo con Sabelio. Y ellos tuvieron tanto éxito con sus opiniones, que el Hijo de Dios  [Refiriéndose a la idea trinitaria del Hijo] apenas fue predicado en las iglesias" (Sobre la Doctrina de Dionisio 5).

Al igual que los anteriores modalistas, Sabelio insistió en la unicidad absoluta de Dios y enseñó que el Padre y el Hijo no eran dos personas. Atanasio dijo que los sabelianos hablaron de "un Hijo-Padre" (huiopater), describiéndolo como "una esencia" (monoousion) en lugar de dos personas con la "misma esencia" (homoousion) (Declaración de Fe 2). Él describió a los sabelianos de su época de la siguiente manera: "Los que dicen que el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo son el mismo, e irreligiosamente toman los Tres Nombres de una misma realidad y persona; a los que nosotros proscribimos justamente de la Iglesia, porque ellos suponen que el ilimitado e impasible Padre, es con todo limitado y pasible por haberse hecho hombre: porque aquellos son a los que los romanos llaman patripasianos, y nosotros sabelianos" (En Sínodos 2:6). Según El Discurso Contra los Arrianos 3:4, Sabelio fue juzgado como hereje por decir "que el mismo que se había hecho en una época el Padre, en otra época se hizo su propio Hijo" (3:4), y Sabelio dijo que "el Padre y el Hijo son el mismo" (4:2:2).

Seudo-Atanasio registró la doctrina de la expansión y la contracción en Oraciones contra los arrianos. "Sabelio también delira al decir… 'El Padre es el mismo, pero se dilata en el Hijo y el Espíritu" (4:25). Un escrito titulado Una Confesión de Fe Seccional que es erróneamente atribuido a Gregorio Taumaturgo, asimismo explica: "Sabelio… dice que el Padre y el Hijo son el mismo. Pero él sostiene que el Padre es el que habla, y que el Hijo es la Palabra que permanece en el Padre, y se pone de manifiesto en el momento de la creación, y se revierte a partir de entonces a Dios en la plenitud de todas las cosas. La misma afirmación que también hace del Espíritu" (7).

Basilio de Cesarea dio una descripción similar sobre el punto de vista de Sabelio. "El mismo Dios, unido con la materia, se metamorfoseó según la necesidad que requería el momento, y habló ya sea como Padre, ya sea como Hijo, y ya sea como Espíritu Santo" (Cartas 210). En la misma carta, Basilio argumentó contra los sabelianos que Mateo 28:19 registra tres nombres, no uno. "Es obvio que ellos insten a que el nombre es uno solo, ya que no dice 'en los nombres', sino 'en el nombre'… Nosotros no debemos suponer que aquí un solo nombre ha sido entregado a nosotros… estos son diferentes nombres". Por otra parte, él argumentó que el nombre descrito en Hechos 4:12 es "Hijo de Dios". Esta discusión indica que los sabelianos probablemente bautizaban en el nombre de Jesús, enlazando al único nombre de Mateo 28:19 con el nombre de Jesús en Hechos 4:12. Basilio explicó además que de acuerdo con Sabelio "El nombre del Hijo" representa a Dios en "un descenso a los intereses humanos" (214).

Al igual que los anteriores modalistas, Sabelio no equiparó en terminología al Logos con el Hijo, sino que dijo que el Logos fue vestido con el Hijo. [29]  Y como ellos, negó que el Padre murió en cuanto a su deidad. [30] Esta posición indica que él no estimó al Padre y al Hijo como estrictamente sucesivos sino más bien como simultáneos después de la encarnación, y por lo visto sostuvo que Jesús murió como el Hijo, pero la naturaleza divina encarnada en Jesús, -el Padre- no murió.

Las fuentes contemporáneas a Sabelio, con las que contamos, son Hipólito quien se refirió brevemente a él, y posiblemente Novaciano. Más adelante, Novaciano describió a ciertos modalistas que evidentemente eran sabelianos. Significativamente, la descripción de Novaciano suena muy parecida a los anteriores registros de Tertuliano e Hipólito. Ni él ni Hipólito, mencionaron la doctrina cuestionable que más tarde se le atribuyó a Sabelio de las manifestaciones sucesivas por medio de la expansión y la contracción.

En su Tratado Acerca de la Trinidad, Novaciano reconoció que los modalistas eran muy numerosos y utilizó este hecho para argumentar a favor de la deidad de Cristo. "Muchos herejes, movidos por la magnitud y la verdad de su divinidad, exagerando sus honores desmedidamente, se han atrevido a anunciarlo o pensarlo no como el Hijo, sino como el mismo Dios Padre. Y esto, a pesar de que es contrario a la verdad de las Escrituras, sigue siendo un gran y excelente argumento a favor de la divinidad de Cristo, quien es hasta ahora Dios, excepto como Hijo de Dios, nacido de Dios, que muchísimos herejes –como lo hemos dicho–, lo aceptan como Dios, pero pensando que Él no debe ser llamado el Hijo, sino el Padre" (23).

Él destacó los siguientes puntos en su doctrina: énfasis en la unicidad de Dios, usando pasajes tales como Deuteronomio 6:4 y Gálatas 3:20; énfasis en la absoluta deidad de Jesús como el Padre encarnado, utilizando pasajes tales como Juan 10:30 y Juan 14: 9; y la identificación del título de "Hijo" con la encarnación y la humanidad de Cristo, usando Lucas 1:35.

"El material de ese error herético ha surgido, como yo lo juzgo, a partir de esto, en que ellos piensan que no hay distinción entre el Hijo de Dios y el Hijo del hombre… pero ellos tienen que el mismo que es hombre, el Hijo del hombre, aparece también como el Hijo de Dios; que puede decirse que el hombre y la carne y esa misma sustancia frágil es también el mismo Hijo de Dios" (24).

"Por lo tanto ellos dicen: 'Si se afirma que Dios es uno, y Cristo es Dios', y a continuación: 'Si el Padre y Cristo son un Dios, Cristo será llamado el Padre'… Ellos no están dispuestos a que Él deba ser la segunda persona después del Padre, sino el Padre mismo" (26). "Y para decir que Jesucristo es el Padre, argumentan lo siguiente: -Si Dios es uno, y Cristo es Dios, Cristo es el Padre, ya que Dios es uno. Si Cristo no es el Padre, porque Cristo es Dios el Hijo, parece que se introducen dos dioses, lo que es contrario a las Escrituras" (30).

Conclusiones

Nuestra investigación revela que el modalismo fue la opinión dominante entre los cristianos promedio durante la mayor parte de la Antigua Edad Católica. Excluyendo los pasajes de la literatura anónima o seudónima, y las referencias al bautismo en el nombre de Jesús, lo siguiente es un breve resumen de la evidencia. De manera significativa, esta evidencia no proviene de los defensores o los promotores del modalismo, quienes podrían haberse visto tentados a exagerar, sino de los opositores más vehementes del modalismo, quienes naturalmente tenderían a minimizarlo tanto como fuere posible.

• Tertuliano: "la mayoría de los creyentes"; la doctrina estaba "por todas partes".
• Hipólito: "nadie es ignorante" de la doctrina; ella fue capaz de "prevalecer" por un tiempo.
• Novaciano: "muchos herejes"; "muchísimos herejes".
• Orígenes: "la generalidad de los cristianos"; "Muchos que están sinceramente preocupados por la religión"; "Eruditos"; "una gran multitud entre los que se cuentan como creyentes"; "Algunos individuos".
• Atanasio: "tanto éxito"; el Hijo trinitario "apenas fue predicado en las iglesias".

La siguiente lista identifica las principales creencias que los modalistas parecen haber compartido, seguidas de los nombres de esos modalistas que hemos identificado como afirmando específicamente cada punto.

1. La unicidad absoluta de Dios (negando una pluralidad de personas en la Deidad): Práxeas, Noeto, Ceferino, Calixto, Sabelio.
2. La deidad absoluta de Jesús (Jesús como el Padre encarnado): Práxeas, Noeto, Ceferino, Calixto, Sabelio.
3. "Padre" e "Hijo" se refieren a un mismo ser, no a dos personas: Práxeas, Noeto, Calixto, Sabelio.
4. "Hijo" se refiere a la humanidad de Cristo, a la encarnación: Práxeas, Noeto, Calixto, Sabelio.
5. La Palabra (Logos) no es una persona distinta, sino que es el mismo Padre, sobre todo en referencia a su mente, expresión, acción, auto-revelación: Práxeas, Noeto, Calixto, Sabelio.
6. Jesús es el nombre con el que Dios se revela a nosotros (lo que implica el bautismo en el nombre de Jesús): Práxeas, Sabelio.
7. La negación de la acusación de que el Padre murió en cuanto a su deidad: Práxeas, Ceferino, Calixto, Sabelio.
8. El Padre es el Espíritu Santo: Práxeas, Calixto, Sabelio.
9. El Padre es invisible, el Hijo es visible: Práxeas, Calixto.

De esta comparación, parece que los principales maestros modalistas estaban de acuerdo en los puntos esenciales de su doctrina. Por el contrario, los trinitarios de su tiempo negaron estos puntos. También es interesante comparar estas posiciones con las enseñanzas de Ireneo. Él definitivamente enseñó los puntos 6 y 9. A diferencia de los otros dos grandes escritores de este siglo -Tertuliano y Orígenes- él nunca escribió en contra del modalismo. En referencia a los puntos 1, 2, y 5, él afirmó que Dios es uno, que Jesús es Dios, y que la Palabra es la mente y la revelación de Dios el Padre.

Es evidente que los modalistas afirmaron los principios esenciales de la Unicidad. Todos los que se adhieren a los puntos 1 y 2 se encuentran dentro de la definición de la Unicidad dada en el capítulo 1 [ver el apéndice], y los otros puntos siguen a los dos primeros. Más aún, los adherentes a la Unicidad del día de hoy, afirman los nueve puntos de la lista.

Sin embargo, ordenamos algunas notas de advertencia. En primer lugar, la evidencia histórica es insuficiente para establecer con certeza que todos los modalistas bautizaron en el nombre de Jesús. Parece que su doctrina lo requiere, que muchas personas lo hicieron durante esta época, y que por lo menos Práxeas y Sabelio lo hicieron. En segundo lugar, no tenemos registro acerca de si los modalistas fueron bautizados con el Espíritu Santo, aunque unas pocas pistas en otras referencias indican que por lo menos algunos de ellos lo fueron, incluyendo posiblemente a Sabelio. [31] En tercer lugar, la moderna doctrina de la Unicidad, no acepta la expansión-contracción, o la teoría de manifestaciones sucesivas atribuida a Sabelio.

Finalmente, puesto que no sabemos con certeza todo lo que creían los diversos modalistas, no es productivo identificar a la Unicidad moderna directamente con el antiguo modalismo, el patripasianismo o el sabelianismo. Mientras que la visión básica de Dios parece ser fundamentalmente la misma, no hay ningún vínculo histórico. No es apropiado imputar al moderno movimiento de la Unicidad, todo lo que los modalistas enseñaron o todo lo que varios historiadores, antiguos y modernos, han atribuido a los modalistas. Los pentecostales unicitarios de hoy, deben ser evaluados por sus propias opiniones claramente expresadas y bien documentadas, no por etiquetas antiguas que tienen diferentes significados para las diferentes personas y a menudo tergiversan los pensamientos de las personas. 

En conclusión, a pesar de los escasos registros históricos que existen, es claro que en la Antigua Edad Católica muchas personas afirmaron los dos principios centrales de la Unicidad que se indicaron en el capítulo 1. Aunque alguna forma de trinitarismo se hizo dominante hacia el final de esta era, los puntos de vista de la Unicidad fueron prevalentes en toda esta ápoca y predominaron durante la mayor parte del tiempo.


APÉNDICE
DEFINICIÓN DE LA UNICIDAD

La doctrina de la Unicidad se puede declarar en dos afirmaciones: (1°) Dios es absoluto e indivisiblemente uno, sin distinción de personas (Deuteronomio 6:4; Gálatas 3:20). (2°) Jesucristo es la encarnación de la plenitud de la Deidad (Juan 20:28; Colosenses 2:9).

Todos los nombres y títulos de la Deidad, tales como Dios, Jehová, Señor, Padre, Palabra y Espíritu Santo, se refieren a uno y el mismo ser. Estos diversos nombres y títulos simplemente denotan manifestaciones, roles, relaciones con la humanidad, modos de actividad, o aspectos de la auto-revelación de Dios.

Todas estas designaciones de la Deidad se aplican a Jesús, y todos los aspectos de la personalidad divina se manifiestan en Él. Jesús es Dios, o Jehová, encarnado (Isaías 9:6; 40:9; Juan 8:58; 20:28; 2. Corintios 5:19; Colosenses 2: 9; 1. Timoteo 3:16; Tito 2:13). Jesús es el Padre encarnado (Isaías 9:6; 63:16; Juan 10:30; 14:9-11; Apocalipsis 21:6-7). El Espíritu Santo es el Espíritu que estaba encarnado en Jesús y es Jesús en forma de Espíritu (Juan 14:16-18; Romanos 8:9-11; Filipenses 1:19; Colosenses 1:27).

La doctrina de la Unicidad reconoce que la Biblia revela a Dios como el Padre, en el Hijo, y como el Espíritu Santo. El único Dios es el Padre de toda la creación, el Padre del unigénito Hijo, y el Padre de los creyentes nacidos de nuevo. (Véase Deuteronomio 32:6; Malaquías 2:10; Gálatas 4:6; Hebreos 1:5; 12:9).

El título de Hijo se refiere a la encarnación de Dios. El hombre Cristo, fue literalmente concebido por el Espíritu de Dios, y era por lo tanto el Hijo de Dios (Mateo 1:18-20; Lucas 1:35). El título de Hijo a veces se enfoca exclusivamente en la humanidad de Cristo, como en "la muerte de su Hijo" (Romanos 5:10). A veces incluye tanto su deidad y su humanidad, como en "desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en el nubes del cielo" (Mateo 26:64). Éste título nunca se utiliza aparte de la encarnación de Dios; sin embargo, nunca se refiere solamente a la deidad.

Los términos "Dios el Hijo" e "Hijo eterno" no son bíblicos. En su lugar, la Biblia habla del "Hijo de Dios" y el "Hijo unigénito". El Hijo no es engendrado eternamente por algún proceso incomprensible, en curso; más bien, el Hijo fue engendrado por la obra milagrosa del Espíritu Santo en el vientre de María. El Hijo tuvo un comienzo, a saber, en la Encarnación (Lucas 1:35; Gálatas 4: 4; Hebreos 1:5-6).

Hay una distinción real entre Dios y el Hijo. No es una distinción entre dos personas divinas, sino una distinción entre el eternal Espíritu de Dios y el auténtico ser humano en quien Dios se encarnó plenamente. Dado que Jesús era Dios y hombre al mismo tiempo, Él a veces habló o actuó desde el punto de vista humano, y otras veces desde el punto de vista divino. Como Padre, Él habló desde su auto-conciencia divina; como Hijo, Él habló desde su auto-conciencia humana. Como hombre, Él oró, se relacionó con, y se presentó a Dios como todos los seres humanos deben hacerlo. Al mismo tiempo, Dios habitó en, y se reveló a sí mismo en aquel hombre, sin menoscabar su carácter, naturaleza, poder y autoridad.

En Juan 1, la Palabra es Dios en su auto-revelación, auto-expresión o auto-declaración. Antes de la encarnación, la Palabra era el pensamiento, el plan, la razón o la mente de Dios. En el principio, la Palabra estaba con Dios, no como una persona distinta, sino como Dios mismo perteneciendo a Dios, así como un hombre y su palabra. "La Palabra era Dios mismo" (Juan 1:1, La Biblia Amplificada). En la plenitud del tiempo, Dios puso carne en la Palabra; Él se reveló a sí mismo en la carne. En la persona de Jesucristo, "la Palabra se hizo carne" (Juan 1:14). "Dios fue manifestado en carne" (1. Timoteo 3:16). La Palabra eterna, fue revelada en el Hijo engendrado.

El título de Espíritu Santo, se refiere a Dios en la esencia y la actividad espiritual. Éste describe el carácter fundamental de la naturaleza de Dios, pues la santidad es la base de sus atributos morales, mientras que la espiritualidad es la base de sus atributos que no son morales. El título se utiliza particularmente para las obras que Dios puede hacer porque Él es un Espíritu, tales como ungir, regenerar, morar en, y santificar a la humanidad. (Ver Génesis 1:1-2; Hechos 1:5-8).

Las tres funciones de Padre, Hijo y Espíritu, son necesarias dentro del plan de Dios para redimir a la humanidad caída. Para salvarnos, Dios proveyó un hombre sin pecado que pudiera morir en nuestro lugar el Hijo. Por engendrar al Hijo y en su relación con la humanidad, Dios es el Padre. Y al obrar en nuestras vidas para darnos poder y transformarnos, Dios es el Espíritu Santo.

En resumen, los títulos de Padre, Hijo y Espíritu Santo, describen múltiples roles y obras de Dios, pero no reflejan una trinidad esencial en la naturaleza de Dios. El Padre se refiere a Dios en su relación familiar con la humanidad; el Hijo se refiere a Dios en la carne; y el Espíritu se refiere a Dios en actividad. Por ejemplo, un hombre puede tener tres relaciones o funciones significativas tales como administrador, profesor y consejero, y sin embargo es una persona en todos los sentidos. Dios no se define ni se puede limitar como siendo una trinidad esencial.

Un corolario de la doctrina de la Unicidad, es que el nombre de Jesús, que significa Jehová-Salvador, es el nombre supremo con el que Dios se ha revelado a la humanidad y el nombre redentor en el Nuevo Testamento. (Véase Mateo 1:21; Lucas 24:47; Hechos 4:12; 10:43; Filipenses 2:9-11; Colosenses 3:17). En consecuencia, los apóstoles siempre bautizaron invocando el nombre de Jesús, y la iglesia debe hacer lo mismo el día de hoy. (Véase Hechos 2:38; 8:16; 10:48; 19:3-5; 22:16; Romanos 6:3-4; 1. Corintios 1:13; 6:11). Puesto que Jesús es Dios encarnado en toda la plenitud, el nombre (singular) del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, como es descrito por Mateo 28:19, es Jesús. (Véase Mateo 1:21; Lucas 24:47; Juan 5:43; 14:26).


Referencias

[1] Nota del traductor JCCS. Los años 170-325 d.C., son conocidos en la historia de la iglesia como La Antigua Edad Católica. Esta edad ha recibido ese nombre, no como una referencia a la Iglesia Católica Romana, pues ésta todavía no existía, sino que más bien utiliza la palabra católica en el sentido de universal, porque en ese momento se considera que no hubo grandes divisiones en la cristiandad.
[2] Nota del traductor JCCS. De acuerdo con el reporte de Tertuliano en Contra Práxeas, los antiguos creyentes en la Unicidad de Dios se identificaron como monarquianos, por su creencia en que solo hay un único Dios y Rey, el Monarca del universo, que se manifestó en carne. El término modalismo, fue acuñado por los historiadores eclesiásticos del siglo XIX, para hacer distinción entre dos opiniones antiguas: el monarquianismo modalista (que creyó que Jesús es Dios manifestado en carne) y el monarquianismo dinámico (que negaba que Jesús fuera Dios).
[3] Jaroslav Pelikan, La Emergencia de la Tradición Católica (100-600), vol. 1 La Tradición Cristiana: Una Historia del Desarrollo de la Doctrina (Chicago: University of Chicago Press, 1971), 178-179.  
[4] Gregory Boyd, “La Visión de la Unicidad de los Padres Ante-Nicenos: Una Evaluación Crítica”, en “Los trabajos presentados en el Primer Simposio Ocasional Sobre los Aspectos del Movimiento Pentecostal Unicitario”. [Celebrado en la Harvard Divinity School, Julio 5-7, 1984] (Cambridge, Mass.: Jeffrey Gill, 1984), 183-184.
[5] Johannes Quasten, Patrología (Westminster, Md.: Newman Press, 1963), 3:98-99.
[6] Philip Schaff and Henry Wace, eds., Los Padres Nicenos y Post-Nicenos, 2a. ser. (Reimpresión, Grand Rapids: Eerdmans, 1976), 14:185. A menos que se indique lo contrario, todas las citas de Nicea y los escritos post-Nicenos son de esta obra. Los números entre paréntesis después de las citas, se refieren al libro y capítulo; o al libro, capítulo y párrafo. Los paréntesis dentro de las citas representan paréntesis o corchetes utilizados por los editores.
[7] Pelikan, 104.
[8] Ibídem, 104-105.
[9] “Monarquianismo”, Enciclopedia Británica (Chicago: William Benton, 1964), 15:686.
[10] “Monarquianismo”, La Nueva Enciclopedia Schaff-Herzog del Conocimiento Religioso, ed. Samuel Jackson (Grand Rapids: Baker, 1963), 7:454-58.
[11] Otto Heick, Una Historia del Pensamiento Cristiano (Philadelphia: Fortress Press, 1965), 1:147, 149.
[12] Pelikan, 178-79.
[13] Adolph Harnack, Historia del Dogma (London: Williams and Norgate, 1897), 3:51-54.
[14] Heick, 1:149.
[15] Philip Schaff, Historia de la Iglesia Cristiana, (Grand Rapids: Eerdmans, 1910), 2:572-73.
[16] Louis Berkhof, Historia de las Doctrinas Cristianas, (Grand Rapids: Baker, 1937), 78.
[17] William Chalfant, Antiguos Paladines de la Unicidad (1979; reimpresión, Hazelwood, Mo.: Word Aflame Press, 1982), 105-113.
[18] Jules Lebreton y Jacques Zeiller, Una Historia de la Iglesia Antigua (New York: Collier, 1962), 4:148.
[19] Schaff, Historia, 2:856.
[20] H. A. Wolfson, La Filosofía de los Padres de la Iglesia (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1970), 1:583-84.
[21] Nota del traductor JCCS. Cuando Tertuliano se apartó de la iglesia cristiana oficial para unirse a los montanistas, etiquetó a la iglesia cristiana oficial como la 'Iglesia de los Síquicos'. El apóstol Pablo, en 1. Corintios 2:14-15, había hecho un contraste entre el hombre material (psikiko) y el hombre espiritual (pneumatiko). De ahí, los montanistas alegaban que los hombres espirituales eran los montanistas, y los síquicos eran todos aquellos que rechazaban los dones espirituales que los montanistas alegaban poseer. Estando en los montanistas, fue que Tertuliano escribió sobre la primera doctrina trinitaria de la que se tiene noticia en la cristiandad, pero que difería del trinitarismo ortodoxo de hoy. Tertuliano creía que en un principio Dios el Padre estaba solo, pero luego Dios se distribuyó en una Trinidad con el propósito exclusivo de traer la salvación.  
[22] Jules Lebreton y Jacques Zeiller, 4:149.
[23] Nota del traductor JCCS. Tertuliano pensó de una manera muy simplista, que al mostrar las distinciones bíblicas entre el Padre y el Hijo, él estaba destruyendo la doctrina de los monarquianos modalistas. Sin embargo, aunque Tertuliano empleó gran parte de su obra Contra Práxeas para exponer algunas de esas distinciones, él argumentó en contra de sí mismo cuando reconoció en algunos apartes de su obra, que los monarquianos modalistas también eran conscientes de las distinciones entre el Padre y el Hijo, pero las explicaban diciendo que el Padre correspondía al modo divino de Dios, mientras que el Hijo correspondía al modo humano  que Dios tomó cuando se manifestó en carne. Pruebas de esta distinción, era que los modalistas creían que Dios como Padre era invisible, pero como Hijo se había hecho visible; y también que Dios pudo morir en su condición de Hijo, pero nunca en su condición de Padre.
[24] Nota del traductor JCCS. Esteban fue obispo de Roma del 254 al 257. Para su tiempo, parece que la iglesia oficial de Roma ya tenía compromisos con la idea trinitaria. Cipriano de Cartago, quien fue un discípulo de Tertuliano, en su carta a  Jubaianus 72, 73 y 74, da cuenta de que mucha gente de su día, tanto de la iglesia oficial como de los que eran considerados herejes, bautizaban en el nombre de Jesús, al punto de que el obispo Esteban consideraba válido ese bautismo, aún si era realizado por los 'herejes'.     
[25] Philip Schaff y Henry Wace, eds., 7:350
[26] Pelikan, 179.  
[27] Heick, 1:150-51.
[28] Louis Berkhof, Teología Sistemática (Grand Rapids: Eerdmans, 1941), 79.
[29] J. A. Dorner, Doctrina de la Persona de Cristo (Edinburgh: T. and T. Clark, 1870), 2:164.
[30] “Monarquianismo”, Enciclopedia de Religión y Ética, ed. James Hastings (New York: Charles Scribner’s Sons, 1962), 8:780.
[31] A lo menos, algunos de los montanistas eran modalistas, y enfatizaron en el Espíritu Santo y las lenguas. (Véase el capítulo 9). Aunque Tertuliano dijo que Práxeas se opuso a los montanistas, él no reprendió a los modalistas por la falta de dones espirituales (incluidas las lenguas), como sí lo hizo con los marcionitas en su tracto contra ellos (Contra Marción 5:8). Epifanio dijo que Sabelio enseñaba la regeneración por el Espíritu Santo. (Ver Chalfant, 133, 135). Seudo-Atanasio registró una referencia de Sabelio a los dones espirituales de 1. Corintios 12 (Oraciones Contra los Arrianos 4:25).